/ jueves 8 de julio de 2021

Sacrilegio Federal

Al momento de la entrada al poder de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), los antiguos acuerdos del sistema político mexicano sólo cambiaron de protagonistas. Los más antiguos aliados de AMLO, pertenecientes a grupos pudientes, sólo se han aprovechado de la revolución de la cuarta transformación (4T) y una de las tentaciones más antiguas de la riqueza para obtener beneficios es atacar las restricciones sociales establecidas, negar los conceptos del bien y del mal, objetar las conclusiones de la filosofía tradicional y debilitar el poder inmediato de la voluntad humana.

Y esto se intenta lograr a través del régimen morenista al obtener una dominación cada vez mayor sobre el cuerpo de los hombres. La 4T es la oportunidad perfecta dondequiera que el poder se acumule en pocas manos. Personajes o factores externos a nuestro país cuentan con aliados poderosos en el interior para tener acuerdos ventajosos. Fuera de las grandes masas que siguen a AMLO, los que obtienen algo sustancial de la política pública, no siguen una revolución ciega contra el orden y la claridad del pensamiento con sus severas conclusiones. No tienen un entusiasmo social.

No buscan la igualdad o la justicia. Sólo están al acecho, ofreciendo su apoyo intelectual a la 4T, favoreciendo el ateísmo, apoyando las críticas contra los logros del pasado y hasta tolerando, guardando todas las formas, las inspiraciones lunáticas de personajes oscuros y visionarios. La estigmatización y el despilfarro, la ambición y el populismo, la ignorancia y la despreocupación del México moderno respondieron pasando sobre las cabezas del ciudadano común al llamado de la barbarie. Los iconoclastas de la codicia se unieron a los iconoclastas de la ceguera y el intelecto.

Con todo y con tales aliados, la 4T no triunfará y no pasará de ser en el futuro más que un episodio histórico sin consecuencias, y México seguirá siendo la nación, a no ser que medie un factor decisivo: el rotundo desacuerdo de los integrantes del Pacto Federal. Sin que AMLO se dé cuenta, sin amplitud de miras ni comprensión de lo complejo, está provocando que la disolución de un sistema estable cambie al poder que lo unía en una fuerza que separa a la sociedad. Esto hará que el poder económico de un puñado de personas crezca demasiado perjudicando a la comunidad.

AMLO usa el apego supersticioso de los ciudadanos al poder civil, el temor reverente y la devoción al presidente sin darse cuenta de que, poco a poco, será suplantado por la nueva plutocracia en la legislatura central. La oligarquía ayudó a AMLO y ahora AMLO le ayuda. Se está arrojando en brazos de ella, sin conocer la plenitud de este instante histórico. Se dará cuenta de que, al ejercer presión, perderá la unidad que quería, en un momento fatalmente inoportuno. La dislocación económica producirá la caída del régimen empobrecido, aun a costa de confiscar la riqueza ajena.

El morenismo, cuando sea demasiado tarde, intentará dirigir el curso de la corriente, y tal vez, las cosas ya estén hechas. Sobre la indiferencia surgirán dos minorías exaltadas: los fanáticos que realmente deseaban la 4T y la minoría, mucho mayor, de los hombres casi invenciblemente poderosos en la esfera económica. Al final, la presidencia no será una consumación excelente y necesaria, sino que tendrá como último resultado, un títere mal pagado.

agusperezr@hotmail.com

Al momento de la entrada al poder de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), los antiguos acuerdos del sistema político mexicano sólo cambiaron de protagonistas. Los más antiguos aliados de AMLO, pertenecientes a grupos pudientes, sólo se han aprovechado de la revolución de la cuarta transformación (4T) y una de las tentaciones más antiguas de la riqueza para obtener beneficios es atacar las restricciones sociales establecidas, negar los conceptos del bien y del mal, objetar las conclusiones de la filosofía tradicional y debilitar el poder inmediato de la voluntad humana.

Y esto se intenta lograr a través del régimen morenista al obtener una dominación cada vez mayor sobre el cuerpo de los hombres. La 4T es la oportunidad perfecta dondequiera que el poder se acumule en pocas manos. Personajes o factores externos a nuestro país cuentan con aliados poderosos en el interior para tener acuerdos ventajosos. Fuera de las grandes masas que siguen a AMLO, los que obtienen algo sustancial de la política pública, no siguen una revolución ciega contra el orden y la claridad del pensamiento con sus severas conclusiones. No tienen un entusiasmo social.

No buscan la igualdad o la justicia. Sólo están al acecho, ofreciendo su apoyo intelectual a la 4T, favoreciendo el ateísmo, apoyando las críticas contra los logros del pasado y hasta tolerando, guardando todas las formas, las inspiraciones lunáticas de personajes oscuros y visionarios. La estigmatización y el despilfarro, la ambición y el populismo, la ignorancia y la despreocupación del México moderno respondieron pasando sobre las cabezas del ciudadano común al llamado de la barbarie. Los iconoclastas de la codicia se unieron a los iconoclastas de la ceguera y el intelecto.

Con todo y con tales aliados, la 4T no triunfará y no pasará de ser en el futuro más que un episodio histórico sin consecuencias, y México seguirá siendo la nación, a no ser que medie un factor decisivo: el rotundo desacuerdo de los integrantes del Pacto Federal. Sin que AMLO se dé cuenta, sin amplitud de miras ni comprensión de lo complejo, está provocando que la disolución de un sistema estable cambie al poder que lo unía en una fuerza que separa a la sociedad. Esto hará que el poder económico de un puñado de personas crezca demasiado perjudicando a la comunidad.

AMLO usa el apego supersticioso de los ciudadanos al poder civil, el temor reverente y la devoción al presidente sin darse cuenta de que, poco a poco, será suplantado por la nueva plutocracia en la legislatura central. La oligarquía ayudó a AMLO y ahora AMLO le ayuda. Se está arrojando en brazos de ella, sin conocer la plenitud de este instante histórico. Se dará cuenta de que, al ejercer presión, perderá la unidad que quería, en un momento fatalmente inoportuno. La dislocación económica producirá la caída del régimen empobrecido, aun a costa de confiscar la riqueza ajena.

El morenismo, cuando sea demasiado tarde, intentará dirigir el curso de la corriente, y tal vez, las cosas ya estén hechas. Sobre la indiferencia surgirán dos minorías exaltadas: los fanáticos que realmente deseaban la 4T y la minoría, mucho mayor, de los hombres casi invenciblemente poderosos en la esfera económica. Al final, la presidencia no será una consumación excelente y necesaria, sino que tendrá como último resultado, un títere mal pagado.

agusperezr@hotmail.com