/ jueves 23 de mayo de 2019

San Benito de Nursia


San Benito de Nursia (480-547), presbítero y religioso cristiano, considerado el iniciador de la vida monástica en Occidente y fundador de la orden benedictina, cumplió una obra portentosa como arquitecto, legislador y organizador. La inició construyendo un cenobio para que sus monjes no vivieran como anacoretas o vagabundos, y debía bastarse a sí mismo en todas sus necesidades (autarquía). De acuerdo a Enrique de Gandía, la organización interna y externa que Benito dio a su orden la convirtió en el instrumento social más perfecto de la primera Edad Media.

El convento era, en pequeño, una patria y un Estado constituido por los monjes. Cada convento tenía a su frente un abad. El abad no era un autócrata. Gobernaba con el consentimiento y el consejo de todos los monjes. Los religiosos más ancianos y jóvenes emitían sus opiniones. Nadie era excluido en las asambleas. Y con el voto de todos, se resolvía la marcha del Estado monacal. Puede afirmarse que los conventos benedictinos fueron en el mundo los primeros centros democráticos. Varios monjes decanos eran elegidos por su virtud y méritos, no por su edad.

Su organización interna se adelantó en cientos de años a las más elevadas conquistas de la moderna democracia. La regla de San Benito no contiene grandes innovaciones, ni profundas originalidades, pero él eligió, con sumo cuidado, lo que más convenía para una vida severa de oración, de trabajo y de estudio, considerando la resistencia humana y la posibilidad de los fines perseguidos para llegar a la patria celestial. Su Regla se presenta en la historia humana como el primer monumento del arte legislativo, además de sus apartados morales, penales y políticos.

En los monasterios se cumplía el doble ideal del creyente cristiano que tiene el espíritu en el cielo y el cuerpo en la tierra. Los monjes fueron el más fuerte elemento civilizador de trabajo y de cultura. Cultivaban campos, construían edificios y caminos, copiaban libros, creaban cultura. Miles de jóvenes aprendían oficios manuales. Y cuando la invención de la imprenta llegó, encontraría en los monasterios benedictinos sus tesoros clásicos.

agusperezr@hotmail.com



San Benito de Nursia (480-547), presbítero y religioso cristiano, considerado el iniciador de la vida monástica en Occidente y fundador de la orden benedictina, cumplió una obra portentosa como arquitecto, legislador y organizador. La inició construyendo un cenobio para que sus monjes no vivieran como anacoretas o vagabundos, y debía bastarse a sí mismo en todas sus necesidades (autarquía). De acuerdo a Enrique de Gandía, la organización interna y externa que Benito dio a su orden la convirtió en el instrumento social más perfecto de la primera Edad Media.

El convento era, en pequeño, una patria y un Estado constituido por los monjes. Cada convento tenía a su frente un abad. El abad no era un autócrata. Gobernaba con el consentimiento y el consejo de todos los monjes. Los religiosos más ancianos y jóvenes emitían sus opiniones. Nadie era excluido en las asambleas. Y con el voto de todos, se resolvía la marcha del Estado monacal. Puede afirmarse que los conventos benedictinos fueron en el mundo los primeros centros democráticos. Varios monjes decanos eran elegidos por su virtud y méritos, no por su edad.

Su organización interna se adelantó en cientos de años a las más elevadas conquistas de la moderna democracia. La regla de San Benito no contiene grandes innovaciones, ni profundas originalidades, pero él eligió, con sumo cuidado, lo que más convenía para una vida severa de oración, de trabajo y de estudio, considerando la resistencia humana y la posibilidad de los fines perseguidos para llegar a la patria celestial. Su Regla se presenta en la historia humana como el primer monumento del arte legislativo, además de sus apartados morales, penales y políticos.

En los monasterios se cumplía el doble ideal del creyente cristiano que tiene el espíritu en el cielo y el cuerpo en la tierra. Los monjes fueron el más fuerte elemento civilizador de trabajo y de cultura. Cultivaban campos, construían edificios y caminos, copiaban libros, creaban cultura. Miles de jóvenes aprendían oficios manuales. Y cuando la invención de la imprenta llegó, encontraría en los monasterios benedictinos sus tesoros clásicos.

agusperezr@hotmail.com


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