/ martes 14 de junio de 2022

Sin miedo de hacer lo correcto

Por Juan González Lechuga

Hace 10 años decidí participar de forma activa en asuntos de interés público, me preocupaba el rumbo que estaba llevando mi país, y en muchas ocasiones me cuestionaba ¿Por qué no se hacen las cosas bien? ¿por qué el actuar de los malos gobiernos? ¿por qué políticos sin preparación ni representación a la ciudadanía seguían tomando decisiones?

El ver qué la violencia era una forma común en nuestros días, donde las oportunidades de educación se perdían y los niños en las calles eran la muestra de ello. La pérdida de oportunidades y el contraste de los del sur y los del norte, el cómo una calle o una colonia separa la oportunidad y el privilegio de los que por mucho se han quedado atrás olvidados, sin tener un piso justo para poder cambiar sus realidades.


Todo lo anterior es el resultado de no hacer las cosas bien. Hacer las cosas mal implica un beneficio personal y no uno colectivo, en donde no respetar las leyes es de aplausos, en donde se privilegia al que pisa, al que corrompe y que en muchas ocasiones tienen más beneficios que aquellos que actuamos con honradez y hacemos lo correcto.


Hoy después de 10 años continuo con mi firme convicción y realizo 2 apreciaciones:


La primera de ellas es que nunca voy a normalizar el hacer las cosas mal, a pesar de que parezca remar contra corriente ante algo que está normalizado, hacer las cosas bien siempre será mi única y mi principal elección en esta vida y más cuando se dispone a estar al servicio de los demás.


La segunda es que a pesar de que la vida me ha demostrado que cambiar nuestro mundo de injusticias es complejo, difícil y en muchas ocasiones, desalentador, mientras existan voluntades firmes sé que es posible cambiar nuestras realidades.


Se que las cosas pueden cambiar y aunque pareciera ilógico vivimos en un mundo donde hacer las cosas bien cuesta más que hacer las cosas mal. Sin embargo, es un precio que no debemos tener miedo a pagar.


Hacer las cosas bien implica actuar honradamente y de frente, sin tolerar injusticias sociales ni mucho menos personales, es dignificar con trabajo, representar y valorar sin distinción a todas aquellas personas que se guían y representan, actuar fuera de ello en búsqueda de un interés personal o colectivo no tiene ningún valor ni muchos un sentido cuando no se hace de forma incorrecta.


Se que todos hemos caído en ese predicamento o estado envueltos en decisiones que implican actuar bien o mal, espero que seas de las personas que a pesar de la consecuencia, dinero o beneficio elijas actuar conforme a lo que es correcto, no hay mejor conciencia que una mente tranquila, de poder conciliar el sueño sin cuestionarse sobre lo que hiciste al final del día, todos en nuestra mente somos conscientes de si lo que hicimos fue o no correcto, somos nuestro propio juez.


Sin embargo, hacer las cosas bien es algo que cambia realidades, que dignifica y que sin duda puede resolver todos los cuestionamientos que al principio de esta columna se mencionaron.


Las acciones para construir el México justo que soñamos, que es posible y que está al alcance de todos, se puede lograr y se necesita de ti, de las voluntades fuertes que hacemos lo correcto.


En la vida pública es necesario y no se puede postergar esta acción, ejemplo de ello, es que un día puedes llegar al más alto cargo público de tu estado, llegando a palacio rodeado de escoltas y en camionetas de lujo y al otro día llegas rodeado de policías y camionetas blindadas ahora como imputado al Cereso.


La diferencia de un ejemplo a otro radica en hacer lo correcto o dejar de hacer lo correcto.


Por Juan González Lechuga

Hace 10 años decidí participar de forma activa en asuntos de interés público, me preocupaba el rumbo que estaba llevando mi país, y en muchas ocasiones me cuestionaba ¿Por qué no se hacen las cosas bien? ¿por qué el actuar de los malos gobiernos? ¿por qué políticos sin preparación ni representación a la ciudadanía seguían tomando decisiones?

El ver qué la violencia era una forma común en nuestros días, donde las oportunidades de educación se perdían y los niños en las calles eran la muestra de ello. La pérdida de oportunidades y el contraste de los del sur y los del norte, el cómo una calle o una colonia separa la oportunidad y el privilegio de los que por mucho se han quedado atrás olvidados, sin tener un piso justo para poder cambiar sus realidades.


Todo lo anterior es el resultado de no hacer las cosas bien. Hacer las cosas mal implica un beneficio personal y no uno colectivo, en donde no respetar las leyes es de aplausos, en donde se privilegia al que pisa, al que corrompe y que en muchas ocasiones tienen más beneficios que aquellos que actuamos con honradez y hacemos lo correcto.


Hoy después de 10 años continuo con mi firme convicción y realizo 2 apreciaciones:


La primera de ellas es que nunca voy a normalizar el hacer las cosas mal, a pesar de que parezca remar contra corriente ante algo que está normalizado, hacer las cosas bien siempre será mi única y mi principal elección en esta vida y más cuando se dispone a estar al servicio de los demás.


La segunda es que a pesar de que la vida me ha demostrado que cambiar nuestro mundo de injusticias es complejo, difícil y en muchas ocasiones, desalentador, mientras existan voluntades firmes sé que es posible cambiar nuestras realidades.


Se que las cosas pueden cambiar y aunque pareciera ilógico vivimos en un mundo donde hacer las cosas bien cuesta más que hacer las cosas mal. Sin embargo, es un precio que no debemos tener miedo a pagar.


Hacer las cosas bien implica actuar honradamente y de frente, sin tolerar injusticias sociales ni mucho menos personales, es dignificar con trabajo, representar y valorar sin distinción a todas aquellas personas que se guían y representan, actuar fuera de ello en búsqueda de un interés personal o colectivo no tiene ningún valor ni muchos un sentido cuando no se hace de forma incorrecta.


Se que todos hemos caído en ese predicamento o estado envueltos en decisiones que implican actuar bien o mal, espero que seas de las personas que a pesar de la consecuencia, dinero o beneficio elijas actuar conforme a lo que es correcto, no hay mejor conciencia que una mente tranquila, de poder conciliar el sueño sin cuestionarse sobre lo que hiciste al final del día, todos en nuestra mente somos conscientes de si lo que hicimos fue o no correcto, somos nuestro propio juez.


Sin embargo, hacer las cosas bien es algo que cambia realidades, que dignifica y que sin duda puede resolver todos los cuestionamientos que al principio de esta columna se mencionaron.


Las acciones para construir el México justo que soñamos, que es posible y que está al alcance de todos, se puede lograr y se necesita de ti, de las voluntades fuertes que hacemos lo correcto.


En la vida pública es necesario y no se puede postergar esta acción, ejemplo de ello, es que un día puedes llegar al más alto cargo público de tu estado, llegando a palacio rodeado de escoltas y en camionetas de lujo y al otro día llegas rodeado de policías y camionetas blindadas ahora como imputado al Cereso.


La diferencia de un ejemplo a otro radica en hacer lo correcto o dejar de hacer lo correcto.


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