/ miércoles 13 de enero de 2021

Sin palabras

Una vez más me quedé sin palabras, nos pasa a aquellos que escribimos con regularidad. Mis motivaciones para escribir sobre el cuidado del medioambiente bajaron de intensidad, no porque no quiera seguir en mi tarea de hacer lo que esté en mis manos, sino porque el problema de la contaminación se me vino encima y aplastó de pronto mis esperanzas. Camino y no puedo creer todo lo que me encuentro, y las personas yendo y viniendo como si nada, acostumbrándose cada vez más a escenarios alarmantes. Por todos lados hay tumores de desechos grandes y pequeños. Aunque limpiemos un espacio natural, todo ese desecho terminará en algún lugar fuera de la vista, no desaparece, tendrá que amontonarse en esos cerros de basura que no dan oportunidad al desecho vegetal de ser el alimento que necesita la tierra. Todo se tira revuelto y montañas de inmundicia se yerguen en todas partes del mundo. Estamos como el que barre y busca dónde esconder lo que juntó, y de pronto se le ocurre que metiéndolo bajo una alfombra nadie se dará cuenta. ¡Estamos tapando un problema que crece y crece y que llegará un momento en que se desborde catastróficamente!.

Los servicios de limpia llevan lo más lejos posible todo lo que desechamos para que no lo veamos, para que no nos moleste.

Imaginen que nos costara tirara basura ¿Quién de ustedes estaría conforme con estar pague y pague por lo que tiran? Les aseguro que nadie. En Suiza ya encontraron la fórmula para que conscientes e inconscientes sigan las reglas colaborando con un servicio de limpia ordenado. El reciclaje es obligatorio y hay que llevar estos artículos a centros de acopio. Un día recogen lo vegetal para la composta, y lo que es absolutamente basura tiene que ser desechado en una bolsa especial que cuesta cada una 2.39 euros, ahí va el pago por el manejo de esa basura, o sea que entre más basura tiras más pagas. Y si se te ocurre tirar otro tipo de bolsa o revoltijos te multan con una cantidad considerable.

Estoy leyendo un libro que me hizo preguntarme si tendremos remedio, porque se escribió a principios del 1900 y dice en la narración: “El era un escritor que ya no querría escribir, porque no creía que la palabra escrita pudiera cambiar nada en la naturaleza humana. Tampoco era un revolucionario, no quería salvar el mundo porque también rechazaba que cualquier revolución pudiera modificar en algo la naturaleza humana. Dijo de pasada que no merecía cambiar el sistema, porque en el nuevo régimen las personas seguirían siendo exactamente iguales que en el antiguo”.

¿Qué estaría viendo este autor para expresar eso?

Y luego de este bajón de energía, me renuevo con positivismo y me enfoco en lo que yo puedo y quiero hacer. Los invito a reducir desechos y a separar lo rescatable. Vivimos en una era donde tenemos infinidad de oportunidades de crecer en todos los aspectos pero para que sea realizable necesitamos un lugar sano donde vivir ¡Cuidemos nuestra fuente de vida: la naturaleza!

Una vez más me quedé sin palabras, nos pasa a aquellos que escribimos con regularidad. Mis motivaciones para escribir sobre el cuidado del medioambiente bajaron de intensidad, no porque no quiera seguir en mi tarea de hacer lo que esté en mis manos, sino porque el problema de la contaminación se me vino encima y aplastó de pronto mis esperanzas. Camino y no puedo creer todo lo que me encuentro, y las personas yendo y viniendo como si nada, acostumbrándose cada vez más a escenarios alarmantes. Por todos lados hay tumores de desechos grandes y pequeños. Aunque limpiemos un espacio natural, todo ese desecho terminará en algún lugar fuera de la vista, no desaparece, tendrá que amontonarse en esos cerros de basura que no dan oportunidad al desecho vegetal de ser el alimento que necesita la tierra. Todo se tira revuelto y montañas de inmundicia se yerguen en todas partes del mundo. Estamos como el que barre y busca dónde esconder lo que juntó, y de pronto se le ocurre que metiéndolo bajo una alfombra nadie se dará cuenta. ¡Estamos tapando un problema que crece y crece y que llegará un momento en que se desborde catastróficamente!.

Los servicios de limpia llevan lo más lejos posible todo lo que desechamos para que no lo veamos, para que no nos moleste.

Imaginen que nos costara tirara basura ¿Quién de ustedes estaría conforme con estar pague y pague por lo que tiran? Les aseguro que nadie. En Suiza ya encontraron la fórmula para que conscientes e inconscientes sigan las reglas colaborando con un servicio de limpia ordenado. El reciclaje es obligatorio y hay que llevar estos artículos a centros de acopio. Un día recogen lo vegetal para la composta, y lo que es absolutamente basura tiene que ser desechado en una bolsa especial que cuesta cada una 2.39 euros, ahí va el pago por el manejo de esa basura, o sea que entre más basura tiras más pagas. Y si se te ocurre tirar otro tipo de bolsa o revoltijos te multan con una cantidad considerable.

Estoy leyendo un libro que me hizo preguntarme si tendremos remedio, porque se escribió a principios del 1900 y dice en la narración: “El era un escritor que ya no querría escribir, porque no creía que la palabra escrita pudiera cambiar nada en la naturaleza humana. Tampoco era un revolucionario, no quería salvar el mundo porque también rechazaba que cualquier revolución pudiera modificar en algo la naturaleza humana. Dijo de pasada que no merecía cambiar el sistema, porque en el nuevo régimen las personas seguirían siendo exactamente iguales que en el antiguo”.

¿Qué estaría viendo este autor para expresar eso?

Y luego de este bajón de energía, me renuevo con positivismo y me enfoco en lo que yo puedo y quiero hacer. Los invito a reducir desechos y a separar lo rescatable. Vivimos en una era donde tenemos infinidad de oportunidades de crecer en todos los aspectos pero para que sea realizable necesitamos un lugar sano donde vivir ¡Cuidemos nuestra fuente de vida: la naturaleza!

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