/ jueves 21 de octubre de 2021

Sobrenombres

En una plática de amigos salió el tema de los sobrenombres, los que nacen del cariño entre seres queridos, o los dirigidos en forma de burla o ataque.

Uno de los presentes en la plática era divorciado y le pregunté como le decía su ex cuando estaba casado, nombró el típico Gordo y que también lo llamaba cariñosamente por su apellido. Estábamos serios oyéndolo porque vimos en su gesto un poco de melancolía, cuando a su hermano se le ocurrió preguntarle con sarcasmo: “¿Y ahora cómo te dice? ¿Hijo de su chi?... Jajaja”, todos los presentes nos reímos, incluido el aludido, porque era muy posible que así lo llamara su ex.

Yo me acordé de unos que inventé y no por cuestión de características o actitudes, fueron un conjunto de letras que se me vinieron un día que no supe cómo llamar el amor tan grande que sentía por mis hijos, una representación de decir te amo, te admiro, me haces feliz.

Pero también el bautizar con un sobrenombre puede llegar a ser ofensivo, burlón, cruel y muy dañino para el recipiente, un bullying muy común.

Recuerdo la burla que recibí en mi infancia por mi dentadura (Caballa) y mis cejas pobladas (Cejas de Hombre) ¡y sí me lastimó y afectó como niña! al grado de empezar a cerrar la boca más seguido y rasurarme las cejas. Hoy de adulta ya me da risa.

¿Qué efecto tiene un sobrenombre en la persona?

Pensemos en un sobrenombre lleno de amor y aceptación, algo entre dos personas que le dan significado de cariño cuando se dice y escucha, o en un término que tiene como finalidad lo contrario, ofender. El Gordo o Gorda puede sonar totalmente cariñoso o muy ofensivo y burlón, en el tono de voz va la intención y el sentimiento. Este adjetivo me recordó una situación que pasó en un grupo de “amigas”. Estaban varias señoras en su reunión semanal, cuando entró una de ellas que llegaba un poco tarde, y mientras hacía la ronda obligada de besos, a una flaca copetuda se le ocurrió decirle: “¡Ay fulanita, cómo estás gorda!”... Un dardo que recibió una respuesta inmediata de rebote: “¡A mí se me quita lo gorda cuando yo lo decida, pero a ti lo prieta y lo fea nunca! Jajaja”. Qué fuerte, pero muy merecida respuesta, la flaca se puso de pechito.

Sigamos siendo creativos con nombres amorosos, pues le dan un toque muy bueno a las relaciones, pero evitemos sobrenombres crueles, sobre todo los que hacen alusión al físico. Cuidemos el sano desarrollo de los niños, que son tan atentos y sensibles y de adultos no tomemos personal la burla, es un asomo de frustraciones y complejos ajenos.

Y finalmente tengo que celebrar sobrenombres jocosos bien intencionados con la sola intención de hacer reír con ocurrencias divertidas, sin llegar a la ofensa.

P.D. Reírse en conjunto es terapia. Reírse del otro es reflejo de un vacío que se llena de un ego que dura segundos. Saber reírse de uno mismo es libertad, es celebrar que estamos vivos y que la única valoración genuina es la que nosotros nos damos. De niños nos creemos todo, así que ¡cuidado con lo que les decimos!




En una plática de amigos salió el tema de los sobrenombres, los que nacen del cariño entre seres queridos, o los dirigidos en forma de burla o ataque.

Uno de los presentes en la plática era divorciado y le pregunté como le decía su ex cuando estaba casado, nombró el típico Gordo y que también lo llamaba cariñosamente por su apellido. Estábamos serios oyéndolo porque vimos en su gesto un poco de melancolía, cuando a su hermano se le ocurrió preguntarle con sarcasmo: “¿Y ahora cómo te dice? ¿Hijo de su chi?... Jajaja”, todos los presentes nos reímos, incluido el aludido, porque era muy posible que así lo llamara su ex.

Yo me acordé de unos que inventé y no por cuestión de características o actitudes, fueron un conjunto de letras que se me vinieron un día que no supe cómo llamar el amor tan grande que sentía por mis hijos, una representación de decir te amo, te admiro, me haces feliz.

Pero también el bautizar con un sobrenombre puede llegar a ser ofensivo, burlón, cruel y muy dañino para el recipiente, un bullying muy común.

Recuerdo la burla que recibí en mi infancia por mi dentadura (Caballa) y mis cejas pobladas (Cejas de Hombre) ¡y sí me lastimó y afectó como niña! al grado de empezar a cerrar la boca más seguido y rasurarme las cejas. Hoy de adulta ya me da risa.

¿Qué efecto tiene un sobrenombre en la persona?

Pensemos en un sobrenombre lleno de amor y aceptación, algo entre dos personas que le dan significado de cariño cuando se dice y escucha, o en un término que tiene como finalidad lo contrario, ofender. El Gordo o Gorda puede sonar totalmente cariñoso o muy ofensivo y burlón, en el tono de voz va la intención y el sentimiento. Este adjetivo me recordó una situación que pasó en un grupo de “amigas”. Estaban varias señoras en su reunión semanal, cuando entró una de ellas que llegaba un poco tarde, y mientras hacía la ronda obligada de besos, a una flaca copetuda se le ocurrió decirle: “¡Ay fulanita, cómo estás gorda!”... Un dardo que recibió una respuesta inmediata de rebote: “¡A mí se me quita lo gorda cuando yo lo decida, pero a ti lo prieta y lo fea nunca! Jajaja”. Qué fuerte, pero muy merecida respuesta, la flaca se puso de pechito.

Sigamos siendo creativos con nombres amorosos, pues le dan un toque muy bueno a las relaciones, pero evitemos sobrenombres crueles, sobre todo los que hacen alusión al físico. Cuidemos el sano desarrollo de los niños, que son tan atentos y sensibles y de adultos no tomemos personal la burla, es un asomo de frustraciones y complejos ajenos.

Y finalmente tengo que celebrar sobrenombres jocosos bien intencionados con la sola intención de hacer reír con ocurrencias divertidas, sin llegar a la ofensa.

P.D. Reírse en conjunto es terapia. Reírse del otro es reflejo de un vacío que se llena de un ego que dura segundos. Saber reírse de uno mismo es libertad, es celebrar que estamos vivos y que la única valoración genuina es la que nosotros nos damos. De niños nos creemos todo, así que ¡cuidado con lo que les decimos!