/ sábado 10 de agosto de 2019

Supervivencia, miedo, demagogia y muerte

El sábado anterior un joven supremacista blanco armado con un rifle de asalto, conocido como “cuerno de chivo”, asesinó a más de 20 personas hiriendo a otras tantas en Walmart en El Paso, donde el presidente Trump quiso desviar la atención de la opinión pública de su discurso y la venta de armas señalando la salud mental del tirador.

El joven argumentó que la masacre tenía como propósito frenar la inmigración mexicana, latinoamericana y de otras nacionalidades, la cual amenaza la identidad norteamericana, entendida ésta como las creencias, valores y costumbres de los grupos de ciudadanos blancos y cristianos en los Estados Unidos.

En pocas palabras tomó un rifle de asalto y asesino y destruyó vidas y familias, porque tenía miedo y quería defender la supervivencia de la cultura blanca en su país. Los medios de comunicación informaron que en las redes sociales el asesino simpatizaba con las causas y el discurso de la presidencia de Trump.

La inmensa mayoría de las personas supondrá y opinará que el joven estaba mal de sus facultades mentales y que por lo visto tenía un largo tiempo sin pensar y razonar con claridad, porque desconocen la estructura y funcionamiento del cerebro, el cual tiene como función principal asegurar la supervivencia del cuerpo biológico que lo alimenta y carga, donde el intelecto y la razón cumplen una función secundaria.

Y en esa defensa de la supervivencia del cuerpo se incluye el yo con toda su carga identitaria y creencias. Contrario a lo que piensan muchas personas inteligentes, a la inmensa mayoría de los cerebros de la mayoría de los seres humanos no les gustan las situaciones complejas y ambiguas, la mayoría de los seres humanos buenas personas buscan vivir en “comunidades seguras”, afines a la educación y cultura que aprendieron por imitación desde niños.

Y las personas normales cuando ven su entorno amenazado con inestabilidad, complicaciones, cambios o si los resultados de su esfuerzo no se ven correspondidos con sus expectativas, tienden a estresarse, angustiarse y buscar a la brevedad alternativas lo más rápido posible a su alcance, para recuperar la seguridad y la tranquilidad.

Olvidamos que en 1933 alemanes protestantes y católicos, gente decente, después de una década de inestabilidad económica y violencia callejera votaron por Hitler, y que algunos se afiliaron al movimiento nazi e inclusive laboraron en los campos de concentración donde millones de "amenazas fueron exterminadas”.

Lo trágico de lo que sucede actualmente en Estados Unidos es que, si bien en la década de los años 30 en Alemania nadie imaginaba el impacto, consecuencias y resultados de la maquinaria de propaganda nazi, en el siglo XXI sí sabemos lo que pueden provocar las campañas de propaganda demagógica que agiten los miedos reales o imaginarios de parte de una población.

El sábado anterior un joven supremacista blanco armado con un rifle de asalto, conocido como “cuerno de chivo”, asesinó a más de 20 personas hiriendo a otras tantas en Walmart en El Paso, donde el presidente Trump quiso desviar la atención de la opinión pública de su discurso y la venta de armas señalando la salud mental del tirador.

El joven argumentó que la masacre tenía como propósito frenar la inmigración mexicana, latinoamericana y de otras nacionalidades, la cual amenaza la identidad norteamericana, entendida ésta como las creencias, valores y costumbres de los grupos de ciudadanos blancos y cristianos en los Estados Unidos.

En pocas palabras tomó un rifle de asalto y asesino y destruyó vidas y familias, porque tenía miedo y quería defender la supervivencia de la cultura blanca en su país. Los medios de comunicación informaron que en las redes sociales el asesino simpatizaba con las causas y el discurso de la presidencia de Trump.

La inmensa mayoría de las personas supondrá y opinará que el joven estaba mal de sus facultades mentales y que por lo visto tenía un largo tiempo sin pensar y razonar con claridad, porque desconocen la estructura y funcionamiento del cerebro, el cual tiene como función principal asegurar la supervivencia del cuerpo biológico que lo alimenta y carga, donde el intelecto y la razón cumplen una función secundaria.

Y en esa defensa de la supervivencia del cuerpo se incluye el yo con toda su carga identitaria y creencias. Contrario a lo que piensan muchas personas inteligentes, a la inmensa mayoría de los cerebros de la mayoría de los seres humanos no les gustan las situaciones complejas y ambiguas, la mayoría de los seres humanos buenas personas buscan vivir en “comunidades seguras”, afines a la educación y cultura que aprendieron por imitación desde niños.

Y las personas normales cuando ven su entorno amenazado con inestabilidad, complicaciones, cambios o si los resultados de su esfuerzo no se ven correspondidos con sus expectativas, tienden a estresarse, angustiarse y buscar a la brevedad alternativas lo más rápido posible a su alcance, para recuperar la seguridad y la tranquilidad.

Olvidamos que en 1933 alemanes protestantes y católicos, gente decente, después de una década de inestabilidad económica y violencia callejera votaron por Hitler, y que algunos se afiliaron al movimiento nazi e inclusive laboraron en los campos de concentración donde millones de "amenazas fueron exterminadas”.

Lo trágico de lo que sucede actualmente en Estados Unidos es que, si bien en la década de los años 30 en Alemania nadie imaginaba el impacto, consecuencias y resultados de la maquinaria de propaganda nazi, en el siglo XXI sí sabemos lo que pueden provocar las campañas de propaganda demagógica que agiten los miedos reales o imaginarios de parte de una población.

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