/ martes 31 de marzo de 2020

Supuestos y conspiraciones

Una serie de suposiciones, de pensamientos ajenos a la realidad, de noticias falsas o desvirtuadas, de remedios sacados de la manga o de no sabemos donde y otras tantas cosas han salido a relucir con la propagación del coronavirus.

Aparecen en distintos lugares el expresar que detrás de todo existe una conspiración, el manifestar que se dan señales apocalípticas entendiendo por ello que se acerca el fin de la humanidad, el exponer que se cumple tal o cual profecía, hasta el hablar de la influencia de los planetas o los astros, todo envuelto en un halo de “sabiduría”.

Asuntos que preocupan son el pensar de algunos que el covid-19 es mentira y, por ello, no le dan importancia, y, para otros, el creer que las personas de la tercera edad son casi las únicas que pueden adquirir el virus, aunque la realidad los desmienta.

En ese tenor de las personas mayores de 65 años –y algunos especifican la edad- se rumora –o se afirma con todas sus letras- que tales personas, si son recibidas en una institución de salud o un hospital son dejadas a la deriva o de plano las matan. Despídanse de ellas sus familiares porque ya no las volverán a ver, dicen algunos en tono persuasivo. Al exponerlo de ese modo parecería que el valor de la vida y el valor de las personas en sí no importan, como si fueran un número más, lo que nos lleva a pensar cómo se ha devaluado el hecho, y cómo debemos manifestar esos valores irrenunciables –y defenderlos a toda costa- en todos los ámbitos y circunstancias.

De lo anterior, y dentro de las teorías conspirativas, se señala que el virus se mueve en el sentido de diezmar la población, que ya es excesiva. Ello vuelve a indicar el poco o nulo valor que se da a la vida humana.

Amén de lo expuesto, dados los “chistes” o bromas que se hacen acerca del coronavirus o la cuarentena (hasta canciones se han compuesto al respecto), debemos preguntarnos cómo se sienten las personas que han sufrido el contagio o sus familiares. Hay, como en tantas otras cosas, de bromas a bromas.

Ser responsables con las medidas indicadas por las autoridades sanitarias, hacer oración y tener fe en Dios que no nos abandona, ser solidarios con quien necesite ayuda, no dejarse llevar por rumores o por el pánico, son cosas que nos deben mover para superar la crisis, que no es únicamente sanitaria sino económica y social –y podemos agregar política-, y afecta, como muchas veces, a los más desprotegidos. ¿Lo ven?



Una serie de suposiciones, de pensamientos ajenos a la realidad, de noticias falsas o desvirtuadas, de remedios sacados de la manga o de no sabemos donde y otras tantas cosas han salido a relucir con la propagación del coronavirus.

Aparecen en distintos lugares el expresar que detrás de todo existe una conspiración, el manifestar que se dan señales apocalípticas entendiendo por ello que se acerca el fin de la humanidad, el exponer que se cumple tal o cual profecía, hasta el hablar de la influencia de los planetas o los astros, todo envuelto en un halo de “sabiduría”.

Asuntos que preocupan son el pensar de algunos que el covid-19 es mentira y, por ello, no le dan importancia, y, para otros, el creer que las personas de la tercera edad son casi las únicas que pueden adquirir el virus, aunque la realidad los desmienta.

En ese tenor de las personas mayores de 65 años –y algunos especifican la edad- se rumora –o se afirma con todas sus letras- que tales personas, si son recibidas en una institución de salud o un hospital son dejadas a la deriva o de plano las matan. Despídanse de ellas sus familiares porque ya no las volverán a ver, dicen algunos en tono persuasivo. Al exponerlo de ese modo parecería que el valor de la vida y el valor de las personas en sí no importan, como si fueran un número más, lo que nos lleva a pensar cómo se ha devaluado el hecho, y cómo debemos manifestar esos valores irrenunciables –y defenderlos a toda costa- en todos los ámbitos y circunstancias.

De lo anterior, y dentro de las teorías conspirativas, se señala que el virus se mueve en el sentido de diezmar la población, que ya es excesiva. Ello vuelve a indicar el poco o nulo valor que se da a la vida humana.

Amén de lo expuesto, dados los “chistes” o bromas que se hacen acerca del coronavirus o la cuarentena (hasta canciones se han compuesto al respecto), debemos preguntarnos cómo se sienten las personas que han sufrido el contagio o sus familiares. Hay, como en tantas otras cosas, de bromas a bromas.

Ser responsables con las medidas indicadas por las autoridades sanitarias, hacer oración y tener fe en Dios que no nos abandona, ser solidarios con quien necesite ayuda, no dejarse llevar por rumores o por el pánico, son cosas que nos deben mover para superar la crisis, que no es únicamente sanitaria sino económica y social –y podemos agregar política-, y afecta, como muchas veces, a los más desprotegidos. ¿Lo ven?