/ martes 29 de diciembre de 2020

Tiempo de cambio

Estamos al final de un año, tiempo para pensar o repensar en nuestra vida, en el camino que hemos recorrido hasta hoy. No importa la edad, el sexo, el estado civil, la ideología o la condición social de cada uno.

Tal vez hemos tenido sufrimientos, decepciones, fracasos, dificultades de distintas especies, y quizá éxitos, alegrías, triunfos o ganancias económicas. Quizá también hemos sido afortunados en amores, en relaciones afectivas, en entendimientos sanos con nuestros semejantes, en el gozo de una paz interior, o bien pasamos por momentos en que el amor se alejó de nuestro entorno, en que el engaño o la traición hicieron su aparición, en que la vida pareció perder su sentido.

En la vida, lo sabemos bien, existen buenos y malos momentos, tristezas y alegrías, emprendimientos y obstáculos, sueños y despertares, verdades luminosas y oscuras mentiras.

También sabemos que existen hombres y mujeres que, a pesar de dificultades o sinsabores, han superado sus limitaciones, han cambiado sus caminos torcidos y han seguido adelante por senderos mejores.

Si queremos en verdad modificar aquello que nos hace ser egoístas, ambiciosos, iracundos, lujuriosos, desaprensivos con los demás, flojos en nuestras labores, vanidosos, mentirosos, sintiéndonos superiores a los demás, incongruentes con nuestras ideas, sin esperanza, hoy es tiempo de poner en práctica los elementos para el cambio.

No podemos expresar aquello de que no podemos cambiar nuestros hábitos y trastocar nuestros vicios en virtudes a pesar del “genio y figura hasta la sepultura”. Si hasta ahora el rumbo de nuestra vida es incierto, podemos enderezarlo y colocarlo en una dirección certera.

No podemos ni debemos rendirnos al desaliento, siempre es posible rectificar. Poco tiempo basta para hacerse un santo y para hacerse un héroe.

Celebramos hoy a santo Tomás Becket, quien siendo canciller era el súbdito más poderoso de los dominios de Enrique II de Inglaterra, y era atraído por el lujo de la corte y tenía la visión imperial del rey. Cambió al ser nombrado arzobispo; se despojó de todos los signos de la excesiva magnificencia que había exhibido previamente. Expresó: Serví bien al rey Enrique como canciller. Ya no soy suyo, y debo servir a la Iglesia. Murió mártir, asesinado en su Catedral.

En otro asunto, por no dejarlo pasar, en un programa televisivo se habló del tiempo de Guadalupe-Reinas, en vez de Guadalupe-Reyes, que hace alusión al tiempo desde el 12 de diciembre al 6 de enero. Saque el lector sus conclusiones.


Estamos al final de un año, tiempo para pensar o repensar en nuestra vida, en el camino que hemos recorrido hasta hoy. No importa la edad, el sexo, el estado civil, la ideología o la condición social de cada uno.

Tal vez hemos tenido sufrimientos, decepciones, fracasos, dificultades de distintas especies, y quizá éxitos, alegrías, triunfos o ganancias económicas. Quizá también hemos sido afortunados en amores, en relaciones afectivas, en entendimientos sanos con nuestros semejantes, en el gozo de una paz interior, o bien pasamos por momentos en que el amor se alejó de nuestro entorno, en que el engaño o la traición hicieron su aparición, en que la vida pareció perder su sentido.

En la vida, lo sabemos bien, existen buenos y malos momentos, tristezas y alegrías, emprendimientos y obstáculos, sueños y despertares, verdades luminosas y oscuras mentiras.

También sabemos que existen hombres y mujeres que, a pesar de dificultades o sinsabores, han superado sus limitaciones, han cambiado sus caminos torcidos y han seguido adelante por senderos mejores.

Si queremos en verdad modificar aquello que nos hace ser egoístas, ambiciosos, iracundos, lujuriosos, desaprensivos con los demás, flojos en nuestras labores, vanidosos, mentirosos, sintiéndonos superiores a los demás, incongruentes con nuestras ideas, sin esperanza, hoy es tiempo de poner en práctica los elementos para el cambio.

No podemos expresar aquello de que no podemos cambiar nuestros hábitos y trastocar nuestros vicios en virtudes a pesar del “genio y figura hasta la sepultura”. Si hasta ahora el rumbo de nuestra vida es incierto, podemos enderezarlo y colocarlo en una dirección certera.

No podemos ni debemos rendirnos al desaliento, siempre es posible rectificar. Poco tiempo basta para hacerse un santo y para hacerse un héroe.

Celebramos hoy a santo Tomás Becket, quien siendo canciller era el súbdito más poderoso de los dominios de Enrique II de Inglaterra, y era atraído por el lujo de la corte y tenía la visión imperial del rey. Cambió al ser nombrado arzobispo; se despojó de todos los signos de la excesiva magnificencia que había exhibido previamente. Expresó: Serví bien al rey Enrique como canciller. Ya no soy suyo, y debo servir a la Iglesia. Murió mártir, asesinado en su Catedral.

En otro asunto, por no dejarlo pasar, en un programa televisivo se habló del tiempo de Guadalupe-Reinas, en vez de Guadalupe-Reyes, que hace alusión al tiempo desde el 12 de diciembre al 6 de enero. Saque el lector sus conclusiones.


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