/ miércoles 23 de junio de 2021

Tras bambalinas

Acompañé a mi hija a llevar un pastel que le pidieron para una boda. En la fiesta todo lucía hermoso: decoración, música, baile y rostros felices.

A todo aquello sólo le di un vistazo, porque entramos directo a la cocina para armar el pastel. Estando ahí, meseros entraban y salían apresurados cargando platillos de ida y otros ya de regreso con las sobras, que tiraban en cantidades groseras al revoltijo de un solo bote de basura. El platillo de la boda era un pedazo bastante grande de carne, puré de papa y algunas verduras, pero hubo muchas personas que sólo lo picaron y lo devolvieron casi intacto. Al ver todo ese desperdicio le pregunté a un mesero: ¿Oiga, por qué no separan la comida que está sobrando y se la dan a alguien que tenga un albergue de perros o gatos? Todo estaba revuelto con las botellas de bebidas, servilletas y demás. ¡Ay señora, a mí también me da lástima ver este desperdicio, pero no tenemos tiempo! Tenemos que dejar todo limpio y pues no sabemos a quién le puede servir la merma. Y así fui observando cómo bolsas negras se fueron llenando de todo eso que termina en un tiradero, una ensalada indigesta más para la naturaleza con un desperdicio pecador.

Salí de ahí con un mal sabor de realidad. En los eventos, los anfitriones se pulen con todos los detalles, pero no se ve, ni interesa qué está pasando tras bambalinas mientras los invitados estén contentos. Y he aquí el detalle, se es tan selectivo en lo que se come y bebe, que el desperdicio ya se convirtió en algo cotidiano y hasta se ve bien que en el plato o vaso quede algo, eso de dejarlo sin nada es de maleducados. ¡Qué horror! Y entre más grande el evento más de esto.

Imaginemos otro escenario: El platillo se sirve por medio de un buffet, en las mesas ya se presentó el menú, así que al pararse ya se va con la idea de qué pedir. Meseros perfectamente presentados con todas las reglas de salubridad sirven lo que el comensal pide, lo que de veras se comerá y en cantidades prudentes, porque aquí en esta dimensión imaginada, el desperdicio ya se ve como algo irrespetuoso. Las personas indican la cantidad que quieren y rehúsan lo que no les gusta. En la cocina hay varios botes de basura y uno de ellos está destinado únicamente para las sobras de comida. Las botellas de vidrio, las de plástico, botes de aluminio, y el cartón están separados en otros contenedores para llevarlos a un centro de acopio para su reciclaje.

¿Suena loco, impráctico, irreal, imposible? ¿Un buffet en un evento donde se quiere tener el detalle de servir varios tiempos para impresionar a los invitados?

¿Quién en un evento se quiere estar levantando para servirse? ¡Qué naco!

A mí me suena más loco la falta de respeto hacia los sagrados alimentos, y eso de que nos acostumbren a todo tipo de comodidades y gustos caprichosos dejando para después el manejo de la escasez es de lunáticos.

La lejanía de todo lo que implica preparar un platillo nos insensibiliza ¡Qué vamos a estar pensando en los animales que murieron, en los que donaron un ingrediente del manjar! ¡Qué importan todos esos vegetales que tomaron su tiempo para crecer y ofrecernos sus sabores! ¡Qué nos van a importar todos los medios de transporte que se requirieron para traer lo necesario para que disfrutáramos este o ese platillo!

El escenario de la vida nos muestra sólo un ángulo de lo que sucede, es de valientes indagar qué podemos mejorar para que en este maravilloso mundo apreciemos y agradezcamos lo que se nos ofrece. El desperdicio si que lo catalogo de naco. ¿Y tú?

Acompañé a mi hija a llevar un pastel que le pidieron para una boda. En la fiesta todo lucía hermoso: decoración, música, baile y rostros felices.

A todo aquello sólo le di un vistazo, porque entramos directo a la cocina para armar el pastel. Estando ahí, meseros entraban y salían apresurados cargando platillos de ida y otros ya de regreso con las sobras, que tiraban en cantidades groseras al revoltijo de un solo bote de basura. El platillo de la boda era un pedazo bastante grande de carne, puré de papa y algunas verduras, pero hubo muchas personas que sólo lo picaron y lo devolvieron casi intacto. Al ver todo ese desperdicio le pregunté a un mesero: ¿Oiga, por qué no separan la comida que está sobrando y se la dan a alguien que tenga un albergue de perros o gatos? Todo estaba revuelto con las botellas de bebidas, servilletas y demás. ¡Ay señora, a mí también me da lástima ver este desperdicio, pero no tenemos tiempo! Tenemos que dejar todo limpio y pues no sabemos a quién le puede servir la merma. Y así fui observando cómo bolsas negras se fueron llenando de todo eso que termina en un tiradero, una ensalada indigesta más para la naturaleza con un desperdicio pecador.

Salí de ahí con un mal sabor de realidad. En los eventos, los anfitriones se pulen con todos los detalles, pero no se ve, ni interesa qué está pasando tras bambalinas mientras los invitados estén contentos. Y he aquí el detalle, se es tan selectivo en lo que se come y bebe, que el desperdicio ya se convirtió en algo cotidiano y hasta se ve bien que en el plato o vaso quede algo, eso de dejarlo sin nada es de maleducados. ¡Qué horror! Y entre más grande el evento más de esto.

Imaginemos otro escenario: El platillo se sirve por medio de un buffet, en las mesas ya se presentó el menú, así que al pararse ya se va con la idea de qué pedir. Meseros perfectamente presentados con todas las reglas de salubridad sirven lo que el comensal pide, lo que de veras se comerá y en cantidades prudentes, porque aquí en esta dimensión imaginada, el desperdicio ya se ve como algo irrespetuoso. Las personas indican la cantidad que quieren y rehúsan lo que no les gusta. En la cocina hay varios botes de basura y uno de ellos está destinado únicamente para las sobras de comida. Las botellas de vidrio, las de plástico, botes de aluminio, y el cartón están separados en otros contenedores para llevarlos a un centro de acopio para su reciclaje.

¿Suena loco, impráctico, irreal, imposible? ¿Un buffet en un evento donde se quiere tener el detalle de servir varios tiempos para impresionar a los invitados?

¿Quién en un evento se quiere estar levantando para servirse? ¡Qué naco!

A mí me suena más loco la falta de respeto hacia los sagrados alimentos, y eso de que nos acostumbren a todo tipo de comodidades y gustos caprichosos dejando para después el manejo de la escasez es de lunáticos.

La lejanía de todo lo que implica preparar un platillo nos insensibiliza ¡Qué vamos a estar pensando en los animales que murieron, en los que donaron un ingrediente del manjar! ¡Qué importan todos esos vegetales que tomaron su tiempo para crecer y ofrecernos sus sabores! ¡Qué nos van a importar todos los medios de transporte que se requirieron para traer lo necesario para que disfrutáramos este o ese platillo!

El escenario de la vida nos muestra sólo un ángulo de lo que sucede, es de valientes indagar qué podemos mejorar para que en este maravilloso mundo apreciemos y agradezcamos lo que se nos ofrece. El desperdicio si que lo catalogo de naco. ¿Y tú?

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