/ jueves 23 de diciembre de 2021

Un retiro

La central camionera la intimidó, estaba llena de personas haciendo cola aquí y allá, filas en todas las líneas de autobuses, pero de repente el nombre de la compañía recomendada saltó a la vista entre el gentío. Cuando le llega el turno la mujer que atiende es ruda, no tiene paciencia para darle la información que necesita, ignora el nombre del pueblo adonde quiere llegar y con una mueca de tedio pregunta: ¿Dónde queda eso? ¡Aquí sólo hay idas para los destinos que están en esta pantalla! Así que la futura viajera compra el boleto hacia la ciudad más cercana a su destino, escogiendo el número de asiento sin pensar, porque esa que nunca debió estar ubicada en servicio al cliente la envuelve en su grosera prisa.

Faltan tres días para su partida y se pregunta cómo será esa primera travesía de cuatro horas a otro pueblo desde donde tendrá que viajar otras dos horas y finalmente tomar un taxi para recorrer un último tramo de 17 kilómetros.

Son días festivos, los más emblemáticos del año, hablando religiosa, familiar y comercialmente. ¿Y qué escoge? ¿Irse? ¿Pero qué locura es esa? se supone que todo el alboroto de diciembre se centra en persignarse, comprar, comer y congregarse.

Le han ofrecido contactos de personas por los rumbos que visitará, para que alguien la invite de perdida el 24 o 25. ¿Y el paso al año nuevo? Ese día último, donde se hacen tantas peticiones para los siguientes 365 días ¡Cómo que pasarlo sola!

Pero ella no va sola, la acompaña esa que siempre ha estado y que a veces ignora, una compañera fiel que no la deja aún y cuando no ha sido considerada con ella. ¡Va con ella misma! y teme esa convivencia, porque quizá se encuentre con características que ha ignorado, negado o no le gusten. Al respecto de esto, hace poco le mandaron un meme que decía: “Me leí un libro que se llama: ¡Conócete a ti mismo! Y ahora me caigo mal y no me hablo”.

Pero ella sabe que hay alguien que necesita ser rescatado y es ella misma. Recuerda cuando estaba muy joven y se pregunta ¿Pero en qué momento perdí contacto conmigo? Y por eso se retira, porque solamente sola podrá emprender ese camino de encuentro. Va acompañada aunque nadie lo note. Respira hondo, cierra los ojos y se conecta con la niña, con la adolescente y eso la relaja, todo está bien.

Finalmente llega, se abre un nuevo panorama, nadie la conoce, ni siquiera ella misma y ahí en ese escenario hermoso, en esa quietud se abraza y saborea la nueva experiencia de ser y estar sin las cargas de los deberías.

Feliz Navidad y Año Nuevo les deseo de todo corazón y que entre los encuentros de estas fechas haya uno contigo mismo, el más urgente, el más liberador.





La central camionera la intimidó, estaba llena de personas haciendo cola aquí y allá, filas en todas las líneas de autobuses, pero de repente el nombre de la compañía recomendada saltó a la vista entre el gentío. Cuando le llega el turno la mujer que atiende es ruda, no tiene paciencia para darle la información que necesita, ignora el nombre del pueblo adonde quiere llegar y con una mueca de tedio pregunta: ¿Dónde queda eso? ¡Aquí sólo hay idas para los destinos que están en esta pantalla! Así que la futura viajera compra el boleto hacia la ciudad más cercana a su destino, escogiendo el número de asiento sin pensar, porque esa que nunca debió estar ubicada en servicio al cliente la envuelve en su grosera prisa.

Faltan tres días para su partida y se pregunta cómo será esa primera travesía de cuatro horas a otro pueblo desde donde tendrá que viajar otras dos horas y finalmente tomar un taxi para recorrer un último tramo de 17 kilómetros.

Son días festivos, los más emblemáticos del año, hablando religiosa, familiar y comercialmente. ¿Y qué escoge? ¿Irse? ¿Pero qué locura es esa? se supone que todo el alboroto de diciembre se centra en persignarse, comprar, comer y congregarse.

Le han ofrecido contactos de personas por los rumbos que visitará, para que alguien la invite de perdida el 24 o 25. ¿Y el paso al año nuevo? Ese día último, donde se hacen tantas peticiones para los siguientes 365 días ¡Cómo que pasarlo sola!

Pero ella no va sola, la acompaña esa que siempre ha estado y que a veces ignora, una compañera fiel que no la deja aún y cuando no ha sido considerada con ella. ¡Va con ella misma! y teme esa convivencia, porque quizá se encuentre con características que ha ignorado, negado o no le gusten. Al respecto de esto, hace poco le mandaron un meme que decía: “Me leí un libro que se llama: ¡Conócete a ti mismo! Y ahora me caigo mal y no me hablo”.

Pero ella sabe que hay alguien que necesita ser rescatado y es ella misma. Recuerda cuando estaba muy joven y se pregunta ¿Pero en qué momento perdí contacto conmigo? Y por eso se retira, porque solamente sola podrá emprender ese camino de encuentro. Va acompañada aunque nadie lo note. Respira hondo, cierra los ojos y se conecta con la niña, con la adolescente y eso la relaja, todo está bien.

Finalmente llega, se abre un nuevo panorama, nadie la conoce, ni siquiera ella misma y ahí en ese escenario hermoso, en esa quietud se abraza y saborea la nueva experiencia de ser y estar sin las cargas de los deberías.

Feliz Navidad y Año Nuevo les deseo de todo corazón y que entre los encuentros de estas fechas haya uno contigo mismo, el más urgente, el más liberador.