/ sábado 12 de enero de 2019

Viviendo en el engaño

No existen creencias, por absurdas que parezcan, que no tengan decididos defensores, y así, entre más absurda la creencia, más fanática la defensa, como la hemos visto y sentido por parte de los llamados “chairos”. Aquellas creencias más irracionales, normalmente son las más duraderas y más peligrosas para la sociedad.

No cabe duda que las creencias que tenemos de nosotros mismos y del mundo, juegan un importante papel en nuestro destino. Creer en algo es tener fe en aquello. Fe es definida como “creencia, opinión, asentimiento, credo, suposición, presunción, certidumbre, doctrina, convicción, ideales, religión, dogma, o convencimiento”. Y así, la fe ciega de algunos musulmanes; de algunos evangelistas; de los supremacistas blancos de nuestros vecinos del norte y de los chairos, marcan no sólo el comportamiento de cada individuo, sino también el destino de su cultura, de sus ciudadanos y sobre todo de las víctimas de sus creencias, de sus sectas, ideas y acciones, de los que piensan que inclusive, algunos son milagrosos creyendo todas sus mentiras, y sus falsas promesas.

Normalmente una creencia dogmática (creer en algo ciegamente aunque sea mentira) hace al hombre soberbio y vanidoso, pero de fondo, son personas vacías.

La presente creencia de la izquierda que podemos llamarle socialismo o hasta comunismo de nuestros gobernantes, de que se ven y se sienten todopoderosos y que hacen todo lo correcto, podemos afirmarles que ni antes ni ahora ha habido en el mundo lo que se llama un buen gobierno. Algunos lo han intentado y lo han logrado parcialmente. La mayoría, principalmente en nuestro país, nuevos elementos desearon y buscaron puestos en el gobierno, no para servir, sino como una fuente inagotable de ingresos, al punto que como sometedores o dictadores del pueblo, le llaman “justicia y orden” a sus creencias e ideales. Los sometidos, acá, los que estamos debajo de ellos, les llamamos “derechos” a los nuestros.

Cuando un gobernante cree que todo lo sabe y todo lo puede, no se ha dado cuenta que este no es tiempo de aprender. Y con frecuencia su falsa creencia de infalibilidad logra que los ciudadanos resientan y se molesten que y que pongan en duda sus decisiones.

La ilusión más grande que tenemos es creer que la mayoría gobierna, al fin y al cabo, se dice, esto es una democracia, donde el pueblo es “sabio y bueno”, pero nuestra mayor desgracia es darnos cuenta que esto no es cierto. Un pequeño grupo de “listos” es el que actualmente gobierna a un grupo mucho más numeroso de otros “menos listos”, que es el que obedece. Tal como es y está la política actualmente, no se necesita para triunfar más que conocer las trampas de siempre.

No existen creencias, por absurdas que parezcan, que no tengan decididos defensores, y así, entre más absurda la creencia, más fanática la defensa, como la hemos visto y sentido por parte de los llamados “chairos”. Aquellas creencias más irracionales, normalmente son las más duraderas y más peligrosas para la sociedad.

No cabe duda que las creencias que tenemos de nosotros mismos y del mundo, juegan un importante papel en nuestro destino. Creer en algo es tener fe en aquello. Fe es definida como “creencia, opinión, asentimiento, credo, suposición, presunción, certidumbre, doctrina, convicción, ideales, religión, dogma, o convencimiento”. Y así, la fe ciega de algunos musulmanes; de algunos evangelistas; de los supremacistas blancos de nuestros vecinos del norte y de los chairos, marcan no sólo el comportamiento de cada individuo, sino también el destino de su cultura, de sus ciudadanos y sobre todo de las víctimas de sus creencias, de sus sectas, ideas y acciones, de los que piensan que inclusive, algunos son milagrosos creyendo todas sus mentiras, y sus falsas promesas.

Normalmente una creencia dogmática (creer en algo ciegamente aunque sea mentira) hace al hombre soberbio y vanidoso, pero de fondo, son personas vacías.

La presente creencia de la izquierda que podemos llamarle socialismo o hasta comunismo de nuestros gobernantes, de que se ven y se sienten todopoderosos y que hacen todo lo correcto, podemos afirmarles que ni antes ni ahora ha habido en el mundo lo que se llama un buen gobierno. Algunos lo han intentado y lo han logrado parcialmente. La mayoría, principalmente en nuestro país, nuevos elementos desearon y buscaron puestos en el gobierno, no para servir, sino como una fuente inagotable de ingresos, al punto que como sometedores o dictadores del pueblo, le llaman “justicia y orden” a sus creencias e ideales. Los sometidos, acá, los que estamos debajo de ellos, les llamamos “derechos” a los nuestros.

Cuando un gobernante cree que todo lo sabe y todo lo puede, no se ha dado cuenta que este no es tiempo de aprender. Y con frecuencia su falsa creencia de infalibilidad logra que los ciudadanos resientan y se molesten que y que pongan en duda sus decisiones.

La ilusión más grande que tenemos es creer que la mayoría gobierna, al fin y al cabo, se dice, esto es una democracia, donde el pueblo es “sabio y bueno”, pero nuestra mayor desgracia es darnos cuenta que esto no es cierto. Un pequeño grupo de “listos” es el que actualmente gobierna a un grupo mucho más numeroso de otros “menos listos”, que es el que obedece. Tal como es y está la política actualmente, no se necesita para triunfar más que conocer las trampas de siempre.

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