/ martes 25 de agosto de 2020

Y que se sepa

En una película mexicana uno de los protagonistas, acusado de cometer ciertos desmanes y luego conocedor de acciones delictivas de otros, expresa a cada paso un “y que se sepa”, para que se conozca la verdad de los hechos.

Ese “y que se sepa” es tratado o usado hoy para colocar ante la opinión pública actos vergonzosos y posiblemente constitutivos de delitos, atribuidos -sin confirmar-, a distintos actores, sobre todo inmersos en la política. Se insiste en que todo se conozca o se sepa bajo la bandera de la transparencia, y que juzgue a los probables involucrados.

El asunto en principio suena bien, pero contiene puntos que deben analizarse. En primer lugar las fuentes de donde proceden las acusaciones contra los posibles implicados y la veracidad de las declaraciones emitidas. Después el cómo se hicieron públicos los probables hechos y las posteriores filtraciones de documentos que debían estar bajo resguardo.

La cuestión está en que al dar a conocer públicamente tales o cuáles detalles, la gente expresa distintas opiniones, a veces contradictorias u opuestas, y juzga, desde fuera, según criterios en la mayoría de los casos sin sustento jurídico y movida por prejuicios que no corresponden a un justo proceso.

Además el dar nombres de posibles actores sin pruebas contundentes se presta a que en el público, aunque se demuestre luego su inocencia, quede una imagen negativa de tal o cual indiciado.

Sí, que se sepa, pero que no se lancen a los cuatro vientos suposiciones o aseveraciones sin fundamento; que existan elementos probatorios y juicios dentro de la ley; que quienes son acusados -con datos reales o sin ellos-, puedan defenderse sin ser señalados de antemano como culpables; que, independientemente de las funciones o los puestos que desempeñaron anteriormente o al momento de los hechos que se les imputan, sean tratados en su calidad de ciudadanos con sus derechos, obligaciones y responsabilidades; que los medios de comunicación no adelanten vísperas y no se arribe a una politización que ensucie un justo proceso. Que la verdad -sin cortapisas-, salga a relucir, y no paguen justos por pecadores. Que se sepa, pues. ¿Lo ven?

En una película mexicana uno de los protagonistas, acusado de cometer ciertos desmanes y luego conocedor de acciones delictivas de otros, expresa a cada paso un “y que se sepa”, para que se conozca la verdad de los hechos.

Ese “y que se sepa” es tratado o usado hoy para colocar ante la opinión pública actos vergonzosos y posiblemente constitutivos de delitos, atribuidos -sin confirmar-, a distintos actores, sobre todo inmersos en la política. Se insiste en que todo se conozca o se sepa bajo la bandera de la transparencia, y que juzgue a los probables involucrados.

El asunto en principio suena bien, pero contiene puntos que deben analizarse. En primer lugar las fuentes de donde proceden las acusaciones contra los posibles implicados y la veracidad de las declaraciones emitidas. Después el cómo se hicieron públicos los probables hechos y las posteriores filtraciones de documentos que debían estar bajo resguardo.

La cuestión está en que al dar a conocer públicamente tales o cuáles detalles, la gente expresa distintas opiniones, a veces contradictorias u opuestas, y juzga, desde fuera, según criterios en la mayoría de los casos sin sustento jurídico y movida por prejuicios que no corresponden a un justo proceso.

Además el dar nombres de posibles actores sin pruebas contundentes se presta a que en el público, aunque se demuestre luego su inocencia, quede una imagen negativa de tal o cual indiciado.

Sí, que se sepa, pero que no se lancen a los cuatro vientos suposiciones o aseveraciones sin fundamento; que existan elementos probatorios y juicios dentro de la ley; que quienes son acusados -con datos reales o sin ellos-, puedan defenderse sin ser señalados de antemano como culpables; que, independientemente de las funciones o los puestos que desempeñaron anteriormente o al momento de los hechos que se les imputan, sean tratados en su calidad de ciudadanos con sus derechos, obligaciones y responsabilidades; que los medios de comunicación no adelanten vísperas y no se arribe a una politización que ensucie un justo proceso. Que la verdad -sin cortapisas-, salga a relucir, y no paguen justos por pecadores. Que se sepa, pues. ¿Lo ven?

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