/ jueves 23 de enero de 2020

¿Y si me ganó el avión?

“No hay desarrollo donde la política es improvisada”: Arias Sánchez



En la envidiable época de infancia en donde la imaginación toma grandes dimensiones pasó por mi mente que de adulto sería un gran piloto de avión; seguramente al comprender lo que costaba una aeronave de inmediato deseché la opción, ya que para su adquisición tendría que vivir, así al tanteo, unos 500 años, sueño cancelado (hasta ese entonces).

La semana pasada en una de esas noticias, de las que tardamos en digerir y en que nos caiga el veinte, nuestro flamante primer mandatario dijo que una de las posibles alternativas que se tenían para deshacerse del costoso avión presidencial, adquirido en tiempos calderonistas, era rifarlo a través de los mecanismos de la Lotería Nacional con cachitos cuyo costo sería de 500 pesitos (así, en diminutivo) cada uno, ¿quiubo?; de bote pronto me apunté mentalmente con dos cachitos, ya ven cómo es uno solidario para con la patria, pero con el paso de los minutos opté por no realizar la transacción, ya que una poderosa duda no encontró una factible respuesta: ¿Y si me gano el avión, qué hago con él?, lo primero que pensé fue en ponerlo a la venta a través de la concurrida sección de clasificado de “El Heraldo de Chihuahua”, pero no lo consideré apropiado, además he leído que se venden casas, autos y hasta muebles, pero aviones, nunca.

Por supuesto que la propuesta de la rifa del avión debe tomarse como una rápida salida o una ocurrencia de don Andrés, ya que, de entrada, carece de toda mesura y como tal, las redes sociales y los whatsApps hicieron lo propio, inmediatamente los teléfonos celulares se llenaron de memes, de esos que el creativo compatriota azteca hace cinco segundos después de darse a conocer la insensata situación.

Dentro de la alternativa de la rifa, el primer mandatario también señaló que el feliz afortunado del Boeing TP01 no podría venderlo a menor precio que el que estipula su avalúo, el cual se ubica en los 130 millones de dólares, es decir, tendría que hacer lo que el Gobierno no pudo.

No obstante, la idea de la rifa para algunos puede no ser del todo mala, imaginémonos 6 millones de cachitos de lotería con un costo de 500 pesos cada uno y que con una eficaz campaña se vendieran todos a lo largo de la República y más allá de sus fronteras; a los funcionarios públicos se les descontaría (forzosamente) el costo del boleto por nómina y los de alto escalafón comprarían mínimo 5 boletos. Se juntarían 3 mil millones de pesos ¿qué tal?; conociendo cómo se las gastan, no duden que más pronto de lo que imaginemos empiecen con la impresión del boletaje. Ande pues.

“No hay desarrollo donde la política es improvisada”: Arias Sánchez



En la envidiable época de infancia en donde la imaginación toma grandes dimensiones pasó por mi mente que de adulto sería un gran piloto de avión; seguramente al comprender lo que costaba una aeronave de inmediato deseché la opción, ya que para su adquisición tendría que vivir, así al tanteo, unos 500 años, sueño cancelado (hasta ese entonces).

La semana pasada en una de esas noticias, de las que tardamos en digerir y en que nos caiga el veinte, nuestro flamante primer mandatario dijo que una de las posibles alternativas que se tenían para deshacerse del costoso avión presidencial, adquirido en tiempos calderonistas, era rifarlo a través de los mecanismos de la Lotería Nacional con cachitos cuyo costo sería de 500 pesitos (así, en diminutivo) cada uno, ¿quiubo?; de bote pronto me apunté mentalmente con dos cachitos, ya ven cómo es uno solidario para con la patria, pero con el paso de los minutos opté por no realizar la transacción, ya que una poderosa duda no encontró una factible respuesta: ¿Y si me gano el avión, qué hago con él?, lo primero que pensé fue en ponerlo a la venta a través de la concurrida sección de clasificado de “El Heraldo de Chihuahua”, pero no lo consideré apropiado, además he leído que se venden casas, autos y hasta muebles, pero aviones, nunca.

Por supuesto que la propuesta de la rifa del avión debe tomarse como una rápida salida o una ocurrencia de don Andrés, ya que, de entrada, carece de toda mesura y como tal, las redes sociales y los whatsApps hicieron lo propio, inmediatamente los teléfonos celulares se llenaron de memes, de esos que el creativo compatriota azteca hace cinco segundos después de darse a conocer la insensata situación.

Dentro de la alternativa de la rifa, el primer mandatario también señaló que el feliz afortunado del Boeing TP01 no podría venderlo a menor precio que el que estipula su avalúo, el cual se ubica en los 130 millones de dólares, es decir, tendría que hacer lo que el Gobierno no pudo.

No obstante, la idea de la rifa para algunos puede no ser del todo mala, imaginémonos 6 millones de cachitos de lotería con un costo de 500 pesos cada uno y que con una eficaz campaña se vendieran todos a lo largo de la República y más allá de sus fronteras; a los funcionarios públicos se les descontaría (forzosamente) el costo del boleto por nómina y los de alto escalafón comprarían mínimo 5 boletos. Se juntarían 3 mil millones de pesos ¿qué tal?; conociendo cómo se las gastan, no duden que más pronto de lo que imaginemos empiecen con la impresión del boletaje. Ande pues.

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