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Eliminan palabras “padre” y “madre” de actas de nacimiento

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Por Salvador Moreno Arias 

En apariencia, la hechura de un acta expedida anteriormente no difiere de las que se tramitan desde mayo, excepto por los pequeños detalles o las “letras chicas” para hablar con la famosa expresión legal.

Las comparaciones entre ambos documentos no registran mayor novedad en el diseño: en aras de una homologación nacional se siguen respetando los escudos federales y estatales, aunque se cambian de posición e incluso lo que antes se manejaba como “datos del registrado”, ahora pasa a ser “datos de la persona registrada”.

El verdadero meollo del asunto es en el siguiente espacio, cuando “datos de los padres” desaparece de una forma literal para dar paso a la frase “datos de filiación de la persona registrada”, ambigua para las personas que hicieron la observación.

“Ahí (en la nueva forma de hacer las actas) no está especificado qué clase de filiación se establece. A la persona la pudo haber registrado un hermano u otra persona, pero en el caso de que lo hayan hecho sus padres, ¿dónde está esa figura?”, cuestiona uno de los quejosos, quien prefiere permanecer en el anonimato.

No pueden encontrarse en el nuevo documento las palabras “padre”, “madre”, y ni siquiera referencias a “materno” o “paterno”, que era lo que usualmente se manejaba en el renglón referente a los abuelos.

El parentesco se cita pero de no ser por los apellidos difícilmente se sabría la procedencia de quien registra. Los otrora adjetivos materno y paterno también fueron sustituidos por las designaciones en números romanos: Abuelos I y Abuelos II.

El argumento esgrimido por los inconformes es que la desaparición de las figuras “padre” y “madre”, así como la correspondiente identificación de la rama de los abuelos, da al traste con la definición de familia y por ende con la base de la sociedad.

Lo que hacen las mencionadas letras chicas es convertir una relación natural en un concepto legal demasiado ambiguo, dada la falta de especificación acerca de “quién parió” al registrado.

Para una parte de los quejosos los últimos acontecimientos (el “gasolinazo” y la reacción en cadena de los aumentos relacionados con el combustible, la política de Donald Trump, entre otros) son una cortina de humo para “cubrir” los cambios en las actas de nacimiento, se promueve así el concepto de matrimonio igualitario.

“Supongamos que dos personas (del mismo género) registran una criatura. ¿Dónde quedan (con los nuevos términos que se manejan en el documento) el papá o la mamá?”, continúa el cuestionamiento, en el entendido que el renglón de “datos de filiación de la persona registrada” da pie para que casi cualquier persona aparezca en ese espacio, sin necesidad de ser un progenitor con ideas tradicionales respecto a la familia.

El asunto, de acuerdo a los que hicieron la observación, puede tener proporciones graves en el terreno de lo legal, pues como el documento no especifica quién es el padre o la madre de una persona registrada, podría haber problemas hasta en los trámites más simples, por ejemplo alguna cuestión de herencias o testamentos.

“Todo porque alguien no quiso o no pudo poner ‘datos de los padres’ en las nuevas actas (…) no había necesidad de cambiar a una terminología que lejos de aclarar las cosas, las revuelve todavía más”, señalaron. “Es un documento impreciso”.

Las aristas de esta situación, a su decir, son varias y todas ellas de considerarse. Puede ser que usar la palabra “filiación” obedezca a un par de personas que adoptó con las mejores intenciones, pero que de repente, por cuestiones genéticas (un padecimiento hereditario), se tenga la necesidad de averiguar sobre los padres biológicos de la criatura y la falta de ese dato podría hacer perder un tiempo valioso.

Independientemente de quien sea ese “alguien” que no quiso o no pudo respetar el renglón de “datos de los padres” y “abuelos maternos y paternos”, se supone que la homologación obedece (aunque suene un tanto paradójico) a proteger la identidad del niño en caso de madre soltera para evitar el bullying (hijo “ilegítimo” o “natural”, eufemismo utilizado hasta hace unas décadas).

Sin embargo, el grupo de quejosos rebatió el argumento diciendo que jamás se ha sabido de casos de acoso escolar, originados porque los condiscípulos de determinado niño vieron su acta de nacimiento y lo molestaron.

Cabe señalar que los cambios no sólo aplican a aquella “generación del cambio”, es decir, a los nacidos durante y posterior al rediseño del formato en las actas. Si alguien nacido en 1978, por ejemplo, va en este momento a tramitar el documento que avale su nacimiento, este le será entregado ya sin los “datos de los padres” y “abuelos paternos y maternos”. No importa el año de nacimiento, la nueva acta desapareció la figura de los papás.

“Es una pena que traten de esconder o eliminar esa palabra, términos tan bonitos como papá y mamá, por no mencionar matrimonio y familia”, señalaron los quejosos, quienes desean que las cosas vuelvan a ser como antes, cuando las actas de nacimiento estaban diseñadas solamente para las personas que formaban parte de una familia tradicional.