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A VIRTUD ESTÁ EN LA LUCHA, NO EN EL PREMIO

  • Mario Góngora Hernández

“El vicio incita la guerra, la virtud la lucha” (Luc de Clapiers)

A veces lo que más anhelamos, lo que más deseamos y que nos parecía fabuloso poseer, se vuelve nada cuando ya está en nuestras manos. Pero es normal que esto suceda, por lo que es importante buscar y encontrar algo nuevo con igual dedicación, pues la virtud está en la lucha, no en el premio.

Se dice que “toda tragedia es una forma de optimismo, porque en ella va envuelta la convicción del triunfo de nuestro esfuerzo”. La mejor forma para no sufrir fracasos es ver siempre hacia adelante, para poder prevenir lo negativo que se nos presente; estar siempre prevenidos, así ninguna tempestad nos tomará por sorpresa, puesto que ya habíamos calculado la posibilidad de que ocurriera lo peor. Toda acción que pensemos emprender en la que no consideremos todos los detalles está expuesta al fracaso, pues sería confiarnos en el azar. Lo único que funciona no es jugar a ganarlo o perderlo todo; la única fortuna es llevar el corazón bien puesto y realmente amar lo que hacemos.

Nadie puede dudar que el camino hacia la verdadera prosperidad derivada del trabajo, es largo y accidentado. Muchos pueden dar testimonio de esto. Y ese camino debe ser recorrido con agilidad, pues si no lo hacemos vendrá alguien más que lo haga.

Esta prosperidad derivada del trabajo no puede ni debe ser del que se cansa a medio camino, del que se da por vencido sin seguir intentándolo. No puede ser del que odia trabajar, ni del que se hace pequeño ante las circunstancias adversas. En aquellos que han logrado sus sueños, podemos notar las cicatrices de las luchas que han sostenido, de las victorias que han logrado y de las derrotas por las que han pasado.

Lo que normalmente se interpone para lograr nuestras aspiraciones y que parece un muro infranqueable, no es otra cosa que una barrera mental. En los primeros tiempos de la navegación, los marineros no se atrevían a alejarse de las costas porque pensaban que el mundo era cuadrado y tenían miedo que si llegaban a la orilla del mundo, caerían por ella.

Los que se atreven a ir más allá de su línea de seguridad, más allá de donde otros no se han atrevido, son los que obtienen los mejores resultados. No hay límite para nuestras aspiraciones si estamos dispuestos a jugarnos el todo por el todo con una planeación adecuada, calculando todos los riesgos. Nada en ese mundo es más fuerte que el ser humano, sino sus propias pasiones.