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Despertando la fuerza

  • Roberta Cortazar Bickey

“Despertando la fuerza” es una frase que anuncia una de las películas de Star Wars y me llamó la atención, porque en realidad en la vida estamos constantemente despertando y empujando fuerzas. Tenemos mucho poder y lo ejercemos a cada paso.

Todos alimentamos alguna fuerza. Somos poderosos y si lo elegimos podemos visualizar que hacemos con ese poder. La mente es una fuente de poder inagotable y siempre está lista para seguir órdenes ¿De quién? De aquel que decide creer y abonar una creencia en el archivo del conocimiento, para después con acciones contribuir a la fuerza del origen elegido. La mente es la cuna de toda fuerza.

¿Cuánta información está a nuestro alcance hoy en día? ¿Nos la creemos con facilidad? ¿Cuántas ideas cargamos y trasmitimos de generación y generación? ¿Serán constructivas? ¿Qué traemos en la mente?

Si queremos que el mundo cambie para bien, definitivamente debemos empezar a poner en duda mucho de lo que creemos y hacemos.

El acceso a la información se ha intensificado de una manera impresionante con los medios de comunicación, y con esta cascada de ideas, costumbres y novedades estamos expuestos a una “formación” consciente e inconsciente que nos acostumbra a ser y actuar de muchas maneras populares que se van creando. ¡Pertenecemos! nos identificamos con una mayoría que hace y deshace en un movimiento que cada vez es más rápido y menos reflexivo. ¡El mundo se mueve y nosotros estamos alimentando ese movimiento, esa fuerza, con nuestras acciones y omisiones!

¿Te has puesto a pensar cuál es tu poder y cómo lo ejerces? Provocamos fuerza cuando hablamos y también cuando dejamos de hacerlo, cuando miramos o nos volteamos para otro lado, cuando amamos o dejamos de hacerlo, cuando decimos la verdad o cuando mentimos. ¡Somos poderosos nada más con el hecho de estar, de haber estado!

Estamos creando a cada paso que damos, en cada lugar que donde estamos.

En lo peor que nos podemos convertir es en mediocres, ni para acá ni para allá, simplemente ser un corazón que late sin ton ni son, un cuerpo que se mueve para donde lo lleven, una mente que se somete con la única finalidad de no incomodar.

¡En todo lo que hacemos y dejamos de hacer hay una fuerza que va creciendo! ¿Pero dónde puedo encontrar ese llamado, ese mensaje para saber lo que debo hacer para fortalecer las fuerzas del bien?

Definitivamente en el silencio, no hay otra manera que oír el llamado de Dios. Simplemente dejar de hablar y buscar un método para acallar la mente. Cuando se logra ese silencio, esa paz, Dios nos comunica lo que no oíamos por el ruido exterior y el desorden mental.

Dios no necesita darnos tanta información, Dios no necesita maquillar su mensaje, Dios nos dice con toda la sabiduría de su palabra y la sencillez de sus leyes lo que se debe hacer y no hacer para amar y estar en paz. Y después de comunicarnos la fuerza del bien nos da la libertad de elegir.

De pequeñas fuerzas resultan las mayores, por eso es tan importante que reflexionemos con cuáles fuerzas cooperamos, porque el origen solamente proviene de dos vertientes: el bien y el mal, las dos fuerzas primarias que empujan colectivamente a muy diferentes resultados.