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“El boxeador de la vida por experiencia propia”

  • José Luis Valerio

Muy buenos días, mis amables lectores, espero que se la estén pasando excelente. Hoy voy a retomar el tema del alcoholismo, y del cual escribí en dos artículos de los últimos tres. Recapitulando sobre ello les decía que el alcoholismo es una enfermedad con tres características: incurable, progresiva e insidiosa. También decía que el alcohólico tiene además de una alergia física y una obsesión mental, la enfermedad del alma. Y explicaba que el problema del alcohólico se resuelve mediante la acción de una fuerza superior a él mismo, un poder externo, y concluía: ¿En dónde va a encontrar  el alcohólico ese poder superior?, o dicho de otra manera: ¿Dónde el alcohólico puede dejar de beber?

Que yo sepa, existen tres lugares donde el alcohólico puede solucionar su problema, pero no sólo dejar de beber, sino encontrar una manera útil de vivir. Uno es mediante la ciencia médica, básicamente la psiquiatría, la psicología y los terapeutas. Por información obtenida, esa solución sólo abarca dos de los componentes básicos del alcoholismo: lo físico y lo mental, dejando de lado lo espiritual. Por lo anterior se concluye que el poder superior que se necesita para las solución reside en el propio enfermo alcohólico y eso no es posible, ya que el enfermo no tiene poder alguno para dejar de beber, porque si fuera así ¿Qué necesidad tendría de buscar ayuda externa?

Otro lugar donde el alcohólico puede encontrar la solución a su alcoholismo es en la Iglesia, en la religión, pero en este caso se estará atacando a la enfermedad del alma, dejando de lado el aspecto físico y mental. Por informaciones recibidas por expertos en la materia, me he enterado que mediante la Biblia, la palabra de Dios, es más posible que el alcohólico deje de beber, y que el único problema que existe es que se le está condicionando a creer en el dios que cada iglesia, templo o denominación religiosa crea, y eso de entrada, genera un conflicto muy profundo, subliminal, en el alcohólico.

Y el tercer lugar donde el alcohólico puede encontrar la solución a su enfermedad es en la organización mundial de Alcohólicos Anónimos. La información recibida al respecto demuestra que estadísticamente hablando, Alcohólicos Anónimos ha ayudado a recuperar a más alcohólicos que la ciencia médica y que la religión juntas, y existen varias razones para ello: una de ellas es el dinero, a lo menos en lo que a los psiquiatras, psicólogos y terapeutas se refiere, ya que no cualquier alcohólico puede pagar un tratamiento de esa clase.

Otra razón es, y esta es en relación a la religión: que aparte de imponer el dios de su creencia, es mucho muy raro que al enfermo alcohólico se le permita hablar. Casi en todos los ministerios y sermones, quien hace uso de la palabra siempre es quien tiene el micrófono. Por lo tanto, uno de los elementos básicos de la recuperación del alcoholismo es la terapia compartida, y aquí no se cumple ya que el receptor es siempre el alcohólico y el transmisor es siempre el predicador o el sacerdote.

En Alcohólicos Anónimos el alcohólico tiene más posibilidades de recuperarse porque está entre iguales, es decir, entre alcohólicos, y de paso les diré, que muchos psiquiatras, psicólogos, terapeutas, sacerdotes y ministros religiosos son alcohólicos y han encontrado la solución en los grupos de Alcohólicos Anónimos. De hecho, cuando un alcohólico es desintoxicado en una clínica de “rehabilitación” la recomendación que le hacen es que se integre a un grupo de Alcohólicos Anónimos.

Continuará.