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El deber moral

  • Mario Góngora Hernández

“Joven, continúa siendo pobre mientras los demás a tu alrededor se enriquecen con la deslealtad y el fraude; mantente sin un lugar, ni sin poder mientras otros progresan; resiste el dolor de la decepción de tus esperanzas; desatiende los gustos por los que otros se arrastran y a los que otros se aferran; envuélvete en tu propia virtud y busca un amigo y el pan diario, y si tienes a tu favor llegar a la vejez sin honor reconocido, dale gracias a Dios y muere tranquilo, cumpliste con tu deber” (Heinzelmann).

El deber nos marca una obligación, un compromiso del cual nadie debe sustraerse sin caer en la deshonra. Observar una buena conducta no es difícil.

Lo material, lo hemos escuchado mil veces, no lo es todo; hay algo más allá de la satisfacción de los sentidos que es lo que regula nuestra dicha y nuestra desdicha. Es algo que no puede ser comprado, cosechado o influenciado a nuestro gusto. Es ese algo que nos acompaña hasta la tumba. Es esa conciencia que nos critica por lo malo que hacemos, por cada acto egoísta, de corrupción, de falla de honradez, y en cambio nos estimula siempre que hacemos el bien, siempre que mostramos compasión, nobleza y benevolencia.

Cuando realizamos cualquier cosa que sea meritoria, no es el aplauso del público lo que buscamos, no es la fama lo que ambicionamos, sino satisfacer nuestra conciencia y justificar la fe que tienen en nosotros los que nos aman. De hecho, es una forma de saber y darnos cuenta de quienes nos aman y quienes no, sin que esto cambie nuestra forma de ser.

Si todo mundo tuviera el propósito de  servir a sus semejantes, lo que diéramos a uno lo recibirían los demás, y quizá hasta aumentado.

“El deber moral es aquel que está ligado a los comportamientos o actitudes humanas respecto de la escala de valores y antivalores. Es una especie de presión que la razón ejerce por sobre la voluntad. Por más que yo quiera hacer esto, DEBO hacer esto otro, porque la obligación moral me lo exige”, afirma una definición de diccionario.

Los deberes u obligaciones, lo que se tiene que hacer por estar obligado a ello, puede fundarse en varias fuentes, familiares y religiosas, entre otras. Entre estos deberes, los morales pueden definirse como aquello que nos es imperativo hacer por demanda de nuestra propia conciencia, que en caso de no cumplirlo, nos castiga severamente con el remordimiento. Esto, a pesar de las tendencias actuales en que las religiones dogmáticas  las vemos debilitándose más cada día, y sin embargo, la “religión” de la buena conducta por ella misma se fortalece cada vez más (dogma es aquello en lo que tenemos que creer aunque no sea verdad).

Cumplir con nuestro deber es simplemente hacer las cosas que tenemos que hacer cuando las tenemos que hacer.