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Elija: corrupción, incompetencia o populismo

  • Pablo Bernach

Como en México la actividad económica más rentable hoy es la grilla, ya llevamos varios años de precampaña rumbo a la elección presidencial del 2018. En este largo peregrinar entre las declaraciones, ataques, defensas y demás piruetas que los suspirantes, ya a nadie sorprende su capacidad para nadar en el escándalo, mientras que sesudos y algunos maiceados analistas y articulistas fingen demencia, con las ocurrencias semanales de los suspirantes hilvanadas entre los sustos nacionales e internacionales.
Años atrás, la etapa previa en que los partidos políticos definían su candidato para presidente de la república, especialmente el PRI, era un momento que nos quitaba literalmente la respiración y el sueño a todos los mexicanos. La personalidad e ideología de los candidatos abría un sinnúmero de especulaciones, sobre el rumbo del país durante el siguiente sexenio. El tema no era menor y el destino de millones de conciudadanos se jugaba la noche de las elecciones.
Por lo general los partidos políticos actuaban con seriedad y la selección de su candidato no era un culebrón telenovela como sucede en la actualidad. Quien perdía la posibilidad de ser candidato o perdía las elecciones se apartaba de los reflectores, a diferencia de lo que sucede actualmente donde los suspirantes derrotados ya no se jubilan, transformándose en una especie de estrellas de cine varias veces “cirugeadas”, hasta que sus cejas se confunden con la línea del pelo.
Verdaderos vejestorios, cada vez más desconectados de las necesidades y desafíos del mundo moderno y las nuevas generaciones. Y así como criticamos la puerta giratoria por donde los delincuentes, una y otra vez son detenidos, juzgados y lanzados a la calle de nuevo, en la política se ha ido construyendo otra especie de puerta giratoria, por donde se reciclan los egos y la ambición del poder.
En este esquizofrénico proceso los partidos políticos se resquebrajan, mostrando sin pudor ni recato las ambiciones, mezquindades y cinismo de tribus de grillos, que a estas alturas ya no podemos denominar como la clase política nacional.
En el PRD nadie se inmuta o escandaliza porque algunos de sus senadores, diputados y altos funcionarios en sus gobiernos, apoyen y colaboren para que alguien de otro partido llegue a la Presidencia de la República. Al utilizar los recursos del partido y sus gobiernos para apoyar al Peje, presidente de Morena.
Mientras que en el PRI la Presidencia de la República se hace de la vista gorda para que el gobernador Duarte de Veracruz escape de las manecitas de la justicia, después de saquear miles de millones, al tiempo que las ineficientes y maiceadas encuestas colocan a EPN en el peor sitio que haya tenido un presidente de México, desde que las encuestas son noticia.
En el PAN su presidente, destrozando los restos de reputación política e ideológica institucional, quiere ser el candidato a la Presidencia de la República, mientras que las administraciones panistas se desmoronan ante el contagio de la corrupción y la presencia de funcionarios incompetentes e improvisados en sus gobiernos, que navegan entre la prepotencia y el escándalo.
Más “la chiquillada partidista” y el sempiterno saltimbanqui populista, el Peje.