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La humildad es elemento básico de una educación de calidad

  • Fernando Cruz González

A veces  los maestros en la búsqueda de la excelencia académica etiquetamos a  los alumnos que tienen capacidades sobresalientes, y al reforzar de manera desmedida su autoestima contribuimos en la formación de jóvenes arrogantes que al pensar que todo lo saben, se quedan muy lejos del humilde genio que decía: “Yo sólo sé, que nada sé”.

Hace ya algunos años tuve como alumno en nivel medio superior a un jovencito considerado por muchos profesores y alumnos como un alumno brillante. Siempre obtuvo dicho alumno la máxima calificación en sus exámenes. Le di la materia de historia de México, y en un examen de dicha materia obtuvo una calificación de  nueve punto cinco. Para la mayoría de los alumnos esa calificación hubiera sido satisfactoria, y  para este estudiante fue una especie de vergüenza. Me pidió  que le volviera a aplicar el examen, o que le encargara un trabajo adicional por ese medio punto, o se ofrecía a dar una muy buena exposición, pero no se resignaba a ver en su boleta otra cosa que no fuera el diez.

Esta actitud está muy lejana de la que se observa en muchos estudiantes actuales que están lamentablemente  programados sólo para aprobar, ya que asisten a la escuela en búsqueda de título o certificado, en lugar de asistir en la búsqueda del conocimiento, de realmente prepararse (consideran que deben ser aprobados sólo porque asisten  a clase aunque no aprendan mucho, o porque presentan trabajos mal realizados, sólo “copiar-pegar” o entregados a destiempo). Pero aun así no es la mejor actitud de un estudiante. Me explico: Hace unos días pude leer un librito de esos muy viejos, con una serie de reflexiones que muy bien se aplican a la cuestión aquí referida.

La instrucción, el aprendizaje académico, no debe estar de ninguna manera reñido con la verdadera formación humana, de la cual el aprendizaje escolar es sólo una parte. Saber, aprender, no debe ser motivo que lleve a los alumnos a desear que se les estime más de la cuenta. Humildad es la palabra, no una exagerada exaltación del ego.

El alumno que se atribuye a sí mismo todo el mérito por ciertos triunfos en el área académica, o desconoce u olvida o deliberadamente omite el hecho de que en la realización de su triunfo escolar intervinieron en pequeña o en gran medida otras personas, llámense padres de familia, maestros, etc… Además resulta muy difícil, casi imposible, no ser aprobado en un sistema con políticas de acreditación tan permisivas como el actual.

Aunque resulte difícil, el profesor debe buscar que sus alumnos estudien por el amor a aprender, no por la búsqueda de la aprobación social. No me puedo imaginar el escenario social dentro de unos años, cuando empiecen a integrarse a la vida productiva la generación de profesionistas que aprendieron poco, pero obtuvieron su título sin mucha exigencia académica. Sin duda en ese futuro tendrán una marcada ventaja los alumnos actuales que, pese a que en gran medida la calificación aprobatoria actual está casi asegurada, se esmeren el día de hoy por aprender realmente.

¿Cómo puede aprender alguien que piensa que ya sabe todo? Los estudiantes que asisten a clase, con la carga emocional de pensar que ya saben todo, de que son los mejores, que se sienten “estrellitas” a las que ninguna escuela merece, ya van casi predestinados a no aprender, tienen menos posibilidades de aprendizaje que aquellos estudiantes sencillos que asisten a la escuela pensando que van a aprender en ella (aunque los estudiantes ya traen conocimientos previos a la clase). Se debe estudiar con ánimos de aprender. Con un estado de ánimo caracterizado por la humildad. La humildad de considerar que se va a aprender es preferible al exaltado egocentrismo de considerarse un sabelotodo.

Modestia y sencillez significa que si no hay un motivo suficientemente bueno para mostrar todo lo que se sabe, mejor será no mostrarlo. Cuando se posee conocimiento o aptitudes sobresalientes saldrán a la luz en el momento indicado.

Es una seria labor del profesor y  del padre de familia promover una sana relación educativa. La sana relación educativa básicamente es aquella en la que el estudiante quiere aprender y el profesor quiere enseñar. Tan sencillo como se escucha, pero tan alejado de lo que cotidianamente sucede en las aulas. El estudiante actual (en su mayoría), en lugar de aprender quiere aprobar.  Para ser grande, hay que aprender a ser pequeño.