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Las elecciones que vienen

  • Raúl Sánchez Küchle

El ambiente preelectoral se calienta, y sin embargo para no pocos permanece tibio, frío e indiferente. Hay varias razones. Entre otras el que los partidos en general no han sabido o podido manifestar ante los ciudadanos su esencia y convicciones, sus ideas y principios que los distinguen unos de otros. Muchos aprecian o tienen la imagen de que todos son iguales, cortados por la misma tijera, lo que juzgan no tanto por sus fundamentos o sus plataformas, sino por la observación del comportamiento de muchos de sus integrantes, así existan en todos los partidos quienes son leales a sus principios y los hacen valer.

Otra razón es que la búsqueda del poder parece ser la divisa en muchos de quienes se dedican a la política, dejando de lado el servicio a la comunidad, y para lograr ese poder no paran mientes al utilizar métodos que a la vista ciudadana son o parecen reprobables.

Un aspecto que no puede dejarse de lado estriba en que en algunos partidos existen las llamadas “tribus” que denotan desacuerdos entre los miembros de un mismo grupo partidario, y en otros las divisiones internas se vuelven más o menos evidentes entre distintas posturas sobre uno o varios temas o sobre puestos que deben o pueden ocupar sus miembros.

Otro aspecto que aleja o pone a dudar a los posibles electores es el tema de la corrupción que se da en funcionarios de distintos signos partidistas, y que influye en la percepción de que todos son iguales. Y además el que algunos miembros de los partidos, sean funcionarios o no, apoyen o defiendan a quienes son señalados por acciones indebidas, haya o no pruebas, se suma a esa percepción.

La irrupción de los precandidatos independientes, saludada por algunos, se desvanece en otros al contemplar las actuaciones que se dan en la práctica por algunos de quienes han llegado a los puestos por esa vía, y que por distintas razones no se distinguen de quienes llegan apoyados por sus partidos o coaliciones. Y hoy, las condiciones a los que buscan el camino independiente parecen más bien obstáculos puestos por los partidos o por las autoridades electorales, como si existiera temor de que alcancen puestos de relevancia.

Los gastos dedicados a las precampañas, las campañas y los procesos electorales, y los altos sueldos de quienes manejan las elecciones, así como los recursos de algunos actuales precandidatos que pocos saben de dónde proceden, son elementos que los ciudadanos ven con preocupación.

Prácticas que rondan en lo ilegal –o en lo inmoral- en anteriores procesos electorales y que han sido presentadas pero no sancionadas influyen así mismo en el ánimo de la ciudadanía.

Y a nivel país, el que cada día se manifiesten signos de descomposición gubernamental o social como la impunidad, el aumento de la violencia y la inseguridad, los casos de peculado o de mala administración de los recursos, las acusaciones de malas prácticas en distintos rubros de las instituciones de gobierno, descentralizadas o incluso universitarias, los enfrentamientos entre cárteles que dejan decenas de muertos, las desapariciones forzadas o no, el uso de recursos públicos para forjarse una buena imagen, la desviación de apoyos para damnificados por los temblores y huracanes, la falta de soluciones efectivas para quienes sufrieron la pérdida de sus casas o edificios, y un muy largo etcétera, llevan a los ciudadanos, posibles electores, a cuestionarse sobre el valor de las elecciones.    

En fin, son algunos puntos a resaltar y de tomar en cuenta en vista a las elecciones que se acercan. Cada uno deberá sopesar qué partidos o candidatos pueden, con auxilio de los ciudadanos, remontar aquello que ofende a la nación y encontrar el mejor camino para México, sin soluciones mágicas o sacadas de la manga, pero sí con firmeza, habilidad y honradez. ¿Lo ven?