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Otros refranes para estrategia

  • Sergio Armendáriz Chaparro

 

A buen hambre no hay mal pan: la insatisfacción es la mejor defensa contra la autocomplacencia, que suele acompañar al éxito.

La necesidad es un potente motor de la iniciativa. Esto no significa que sea bueno hambrear a los subordinados para conseguir más rendimiento de su trabajo. Todo lo contrario, se trata de mantener el afán de logro profesional en el más alto grado de intensidad, luego de solventar, en lo posible, las necesidades materiales y de convivencia de las personas.

Dicho por Grau y Taracena: la empresa que no avanza, retrocede. El avance es cambio, es hacer las cosas de manera distinta y mejor, es alcanzar nuevas cotas en todas las dimensiones cualitativas y cuantitativas que hablan de una empresa sana, es abrir nuevos horizontes de negocios, de desarrollo profesional y humano, de estabilidad y permanencia.

“La empresa avanza porque sus miembros no están satisfechos con lo que han logrado. Tienen necesidd de ser más y de hacer más. Sea por su iniciativa o por sus exigencias del entorno, se encuentran enfocados a mantener en un esfuerzo permanente que los lleva a romper las ataduras del presente”.

Para los miembros de estas empresas no hay cliente pequeño ni oportunidad despreciable. No hay problema sin solución ni obstáculo insalvable, porque se mantienen en permanente búsqueda de oportunidades para adelantar una situación que, sea buena o mala, es insuficiente para mitigar el apetito de ser y hacer más y mejor.

 

En estos tiempos de cambios acelerados y discontinuos, cuando los consumidores son cada día más conocedores y exigentes, y los competidores aparecen n donde menos imaginamos, es difícil entender cómo una empresa que no esté permanentemente insatisfecha pueda subsistir.

 

La semana pasada hablamos de la perseverancia: en la perseverancia sobre lo pequeño están los cimientos de las grandes obras. En otras palabras, de grano en grano llena la gallina el buche.

 

El dinero se gana peso por peso, venta por venta, en cada acción acertada. De la misma manera se escapa imperceptiblemente. A veces de golpe.

 

Todo lo que ocurre en la empresa tiene efectos en el dinero, si bien no todo es cuantificable directamente. Un cliente contento por algún detalle de atención, un proveedor disgustado por un retraso en el pago, el descuido de algún empleado por distracción… ¿cuánto valen? Y sin embargo, pesan en el resultado que se acumula cada día, aunque muy poco se registre en la contabilidad.

 

No se puede dirigir por grandes sumas. No hay que ver el detalle, el pulso de lo que acontece; cuidar el dinero en todo, en lo que se invierte, en lo que se gasta, en lo que se vende, en lo que se pierde.

 

Ver de manera analítica la empresa y despertar la sensibilidad de todos a las pequeñas sumas, de las que está hecha la riqueza.