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Partidos políticos y legislación electoral (II)

  • Sergio Armendáriz

“La tolerancia es una virtud difícil, nuestro primer impulso y aun el segundo, es odiar a todos los que no piensan como nosotros”.

J. Lemaitre

 

La lucha cívica entre los partidos está quebrantada por la ambición del poder, por el odio que promueven los líderes hacia sus adversarios y por el desprecio a la legislación electoral. Surge una ecuación falaz: “Si ganamos, hay democracia, pero si perdemos, hubo fraude”. Ese marcado chantaje pretende presionar a las autoridades y funcionarios electorales, para que agredan a la soberana “voluntad popular”, violentando los ordenamientos legales. La humanidad ha luchado por el principio de la voluntad popular esgrimido por Rousseau, por las clases altas y sus gobiernos monárquicos y, por las dictaduras. Los ciudadanos tienen ante sí la oportunidad de ejercer el poder que les otorga el voto. Esa oportunidad no ha sido gratuita, la democratización no es patrimonio de ningún partido político, sino de la sociedad en su conjunto.

Los “caudillos” que quieren asaltar el poder llegan a la promoción del culto a la personalidad y crean sus pandillas y partidos políticos. El delirante tabasqueño se apropió en dos ocasiones de la candidatura presidencial del PRD, y fue derrotado por la voluntad popular. Con desenfrenado desprecio, desconoció el triunfo de los candidatos ganadores, ofendió a las genuinas autoridades electorales y a sus órganos judiciales. “Que las instituciones se vayan al diablo”, espetó. Y su propio partido concluyó que con el tabasqueño mesiánico y visceral no llegarían al triunfo, lo marginaron. Pero el detractor de la democracia interna de su instituto político se dio a la tarea de formar su partido político, para autoproclamarse, una vez más, candidato presidencial. Su principio lo tomó de Nicolás Maquiavelo: “El fin justifica los medios”, claro, hasta arribar a la ignominia. El dueño de ese partido lo está conduciendo ineluctablemente a la ignominia de la derrota. El llamado de las autoridades electorales consiste en participar con entusiasmo y con la convicción de un proceso apegado a derecho y democrático.

Otro problema serio en la legislación electoral, son los “candidatos independientes (sic)”. Sin declaración de principios, sin filosofía política, sin compromisos, ¿cuáles? Eso sí, con una verba desatada de maniqueísmo y de demagogia. Quieren que por sus lindo$ recursos les otorguen las candidaturas. Detestan las formas de conseguir las firmas legítimas que les impone la ley y, recabarlas de manera irregular, como lo hicieron este tipo de candidatos panistas, perdón, independientes, aquí en Chihuahua. Quieren todas las facilidades sin sujetarse a las leyes vigentes. Definitivamente no se deben aceptar candidatos que cuestionan las leyes electorales y, que de antemano, no garantizan nada a los ciudadanos. Elecciones, diáfanas, confiables y legítimas, es lo que queremos los ciudadanos.