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Patrones o fenómenos de las empresas familiares -2ª parte-

  • Sergio Armendáriz Chaparro

El patriarca suele boicotear y, caso curioso, boicotearse a sí mismo todo proceso que implique dejar a la sucesión su puesto y el poder que representa el puesto.

Doy continuidad al tema de la semana pasada, relacionado con el fenómeno que hace que los patriarcas se autoconsideren indispensables y únicos en su especie para llevar adelante los negocios, aunque ellos hayan sido los fundadores.

Este fenómeno que casi se corresponde a un “doble vínculo” o a un doble mensaje, comentan los autores del cuerpo del artículo Heranza Consultores, sucede porque de manera subconsciente se tiene la convicción de que la muerte es una posibilidad lejana e improbable. Por lo tanto, el patriarca suele boicotear y, caso curioso, boicotearse a sí mismo todo proceso preventivo que implique dejar a la sucesión su puesto y el poder que representa el puesto.

Es probable que en este caso transcurra el tiempo entre intentos por estructurar medidas corporativas que promuevan su continuidad y permitan a sus hijos sucesores desarrollarse, pero bajo cualquier pretexto manifieste que sus objetivos de eficiencia o resultados no se cumplen, por lo que nunca ve el momento idóneo para retirarse.

Una empresa familiar que se aprecie por perseguir su trascendencia, por definición se encuentra comprometida con la actitud y acciones conscientes en el campo de la sucesión. Esto implica la implementación oportuna de un modelo que prevea de manera eficaz las principales contingencias que puede acarrear la falta del o los dueños y la dirección.

Sin embargo, es un hecho que para el patriarca tomar decisiones preventivas no resulta tan simple como conocer del tema, ir a conferencias, cursos o talleres. Requiere de una comprometida y profunda autoexploración que le permita descubrir y asombrarse de sus verdaderos conflictos internos.

Esos conflictos internos los podemos nombrar como las vocecitas que atiende y evita, vocecitas que le impulsan a la toma de decisiones y revisarlas continuamente. Así de esa manera pueda hacerse totalmente responsable de los resultados, es decir, de las consecuencias que en materia sucesoria produzcan sus acciones u omisiones al respecto.

Algunas familias evitan en la medida de lo posible hablar de la muerte o de las partes oscuras de la familia, sin embargo, unas y las otras son reales e inevitables, por eso es preferible reconocerlas y aceptarlas. Por eso hay que concluirlas poniendo una firma de autoría a nuestra obra de arte empresarial, sellándola con la maestría de un reflexionado y aterrizado plan de sucesión.

Concluye Heranza Consultores: “sólo imaginemos a Goya negar la autoría de las complejas fantasías de sus pinturas negras. ¿Serían tan obras maestras como las consideramos ahora?”.

A la espera de sus valiosas opiniones.