imagotipo

Régimen desvielado, terciopelo y carpas

  • Pablo Bernach

“El Encuentro Chihuahua” realizado el pasado viernes 4 de agosto, es un hecho realmente singular en la historia reciente de México, porque en el mismo lugar y prácticamente al unísono, políticos nacionales de la talla de Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ricardo Anaya, Guadalupe Acosta, Gustavo Madero, Jorge Castañeda, Agustín Basave, Javier Corral y otros que representan razonablemente las diversas corrientes ideológicas y políticas del país, reconocieron que “la transición democrática en México fracasó y está muerta”.

En México estamos acostumbrados a hablar en términos impersonales, decimos “se cayó”, “me reprobaron”, etc. en lugar de decir “lo tiré” o “reprobé”. Por ello durante el encuentro y considerando que Cuauhtémoc Cárdenas fue el primer gobernador del DF ajeno al PRI; que Gustavo Madero fue presidente nacional del PAN y que Javier Corral fue el primer diputado local que coordinó un congreso de mayoría panista durante el gobierno de Pancho Barrio, deberían de haber afirmado que “los aquí presentes fracasamos en desmontar el régimen del sistema político mexicano cuando tuvimos la oportunidad”.

La histórica reunión se inserta dentro del proyecto político electoral para construir un “frente amplio nacional” con rumbo a las elecciones presidenciales del 2018, proyecto que amenaza las aspiraciones del PRI para repetir en los pinoles y del Peje para finalmente ser presidente.

Esta semana Javier Corral presentó una iniciativa de reforma constitucional local para instaurar la segunda vuelta electoral, la cual consiste en que, si en una primera votación el candidato gobernador en turno no consigue el 50% más uno de los votos, se vaya a una segunda elección donde competirían los dos candidatos que hayan quedado en el primero y segundo lugar. Este mecanismo es lo que ha permitido la estabilidad política en los sistemas parlamentaristas europeos, al construir gobiernos fuertes, pero amenaza las aspiraciones políticas de quien consiga una mayoría débil en la primera vuelta, en este caso el PRI en Chihuahua.

Independientemente de las protestas y vaciladas de Fermín Ordóñez, denunciando ante la Fepade el evento dentro de su estrategia de protesta chiquilladas, en Chihuahua ya empezamos a pagar localmente el costo del evento, porque la bancada local pejista de Morena ya declaró que no apoyará la “reestructuración de la deuda pública local”, al tiempo que la sempiterna diputada tricolor defensora de Duarte declaró: “cómo se atreve Corral a proponer un modelo de gobierno de coalición, siendo que en Chihuahua ha fracasado”.

En tanto, el PRD local salta de loca alegría ante la posibilidad de que la coalición lo saque de la fosa y cementerio electoral donde actualmente se encuentra, después de haber sido la honey política de César Duarte durante seis años.

Por lo visto, el fracaso de la transición democrática en México nos ha mostrado que los políticos y los partidos opositores, al final del día fueron entidades de terciopelo o sea que independientemente de sus atronadoras declaraciones y proyectos legales donde abundaban afirmaciones como el “ahora sí”, y donde ya nada más falta elevar a rango constitucional “el derecho a la felicidad”, después de tres décadas de jaloneos y levantadas de enaguas, al final del día no desmontaron el régimen y sistema político tricolor, ¡porque no supieron o porque les dio miedo!

Porque transformar y construir o reconstruir las instituciones en un estado o en un país, exige líderes, pero los líderes genuinos no son demagogos y saben administrar su miedo, el de sus seguidores y el propio del pueblo, por lo cual podemos afirmar que a la carpa del “Encuentro Chihuahua” no asistieron líderes.