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“¡Pemex Arde!”

Por: Oscar A. Viramontes Olivas

Violioscar@gmail.com

Muy buenos días tengan todos ustedes, reciban bendiciones este domingo 9 de julio de 2017 todos los lectores de El Heraldo de Chihuahua y Crónicas Urbanas. Siguiendo con la línea del tiempo y rescatando del olvido en los polvosos “archivos perdidos”, un acontecimiento que dejó atónita a todos los habitantes de la ciudad de Chihuahua. Los incendios por mínimo que sean, generan gran expectación en la población, pero uno de grandes magnitudes deja helado a cualquiera. Es así que en esta ocasión, recordaremos uno de los hechos más conmovedores que se presentaron en 1971, el incendio que se produjo en Petróleos Mexicanos (PEMEX) que nos dejó un mal sabor de boca para quienes tuvimos la oportunidad de experimentarlo en “carne propia”. Ojala que esta crónica sea de su agrado ya que esta sección ¡Es de Colección!.

Era el sábado 27 de noviembre de 1971 cuando el reloj indicaba las 7:00 am, mi padre y yo salíamos de nuestra casa del barrio de la Obrera rumbo al mercado de La Reforma en el centro de la ciudad, sin embargo, mi papá de repente cambió de idea y antes de ir para el mercado, nos condujimos para Cementos de Chihuahua, lugar donde él trabajaba para lo cual, de la 20ª de Noviembre nos fuimos caminando hasta la avenida Juárez casi frente del Cine Variedades por donde estaba la parada de camión y pasaba el Nombre de Dios. De inmediato llegaría el número económico “106” que pertenecía a un compadre de mi señor padre de nombre Manuel Aranda. Después de un largo trayecto llegaríamos a nuestro destino; nos formamos en la fila donde estaban los trabajadores para recibir el pago de la semana. A eso de las 9:10 am, recibía el cheque y de inmediato caminamos hacia la parada del camión que se encontraba en la mera esquina por la avenida Juan Escutia. Abordamos el autobús y este se trasladó hacía la Heroico Colegio Militar y a la altura de donde hoy es el Tecnológico de Monterrey (9:30), empezamos a ver una espesa capa de humo negro que salía rumbo a la Deportiva”, todos los pasajeros que íbamos en el camión, nos sorprendimos por el acontecimiento. ¡Miren, algo muy grande se está quemando!”.

Cuando llegamos a la Heroico Colegio Militar y Agustín Melgar, nos bajamos y empezamos a ver con mayor magnitud los hechos. La verdad era un acontecimiento sin precedentes en la ciudad mientras las sirenas se empezaron a escuchar de todas partes, alterando la tranquilidad de todos. Algunos gritaban “¡Se quema PEMEX, nos vamos a quemar todos!” ante estas afirmaciones dantescas, varias personas empezaron a correr hacia sus casas y otros con el grito “¡Sálvense quien pueda!”. Algunos vehículos los empezaron a mover hacia otros lados con el temor de que se produjera una explosión de terribles consecuencias. El tiempo aproximado que duraría el incendio sería de más de dos horas, generando una sicosis en todos los habitantes de la ciudad de Chihuahua y buena parte de nosotros, nos mantuvimos con el “Jesús en la boca” durante la mañana del sábado 27 de noviembre de 1971, con una tensa tensión por la enorme incendio que se estaba desarrollando de manera amenazadora en las instalaciones de almacenamiento de Petróleos Mexicanos que estaban en la avenida Agustín Melgar donde 50 millones de litros de combustibles de diferentes potencias, desde petróleo para uso doméstico, hasta el gas avión, estuvieron a punto de explotar a consecuencia del incendio que se había iniciado en un camión “pipa”.

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Las llamas estaban terribles y con la amenaza de que se extendiera todavía aún más, lo que podría haber ocasionado una tragedia de consecuencias incalculables, sin embargo, para tranquilidad momentánea de toda la población y al igual de todos nosotros que formábamos parte del público de curiosos, rápidamente elementos de las fuerzas públicas llegaron para tomar sus posiciones y a la oportuna intervención del heroico cuerpo de bomberos y del personal de PEMEX, quienes comenzarían a trabajar intensamente con todos sus recursos para sofocar el siniestro. Aproximadamente a las 9:40 horas en el cuartel de bomberos, se empezaron a recibir un sin número de llamadas de personas que se habían dado cuenta del incendio, lo que permitió al jefe de esa corporación movilizar oportunamente a su personal y equipos.

Momentos después de iniciado el siniestro, cientos de personas especialmente niños y gente sin oficio, ocuparían sitios estratégicos para poder observar el desarrollo del fuego, sin tomar en cuenta que estaban exponiendo sus vidas y dificultando la labor de los apaga humo, sobre todo por el hecho de que a consecuencia del calentamiento de los tanques de 200 litros que se encontraban cerca del epicentro de incendio, tenían el riego de explotar. Millonarias pérdidas eran las que aparentemente se presumía que podía haber ocasionado el inicio del incendio, por su parte, el agente general de PEMEX en Chihuahua, consideró que era imposible hasta en ese preciso momento, determinar los daños que se tendrían que lamentar a consecuencia del siniestro, pues no sería hasta que intervinieran los funcionarios de PEMEX que para el caso, ya llegarían por la tarde del sábado 27 procedentes de la Ciudad de México.

El representante de la empresa, Carlos Arana Martínez, fue entrevistado por El Heraldo de Chihuahua en el preciso momentos en que la zona de almacenamiento había sido declarada en peligro por lo que se había ordenado a los militares, bajo las órdenes del subjefe del Estado Mayor de la 5a Zona Militar, teniente coronel Alfonso de la Torre Martínez que formaran un anillo de seguridad.thumbnail_los-esfuerzos

En la entrevista, el señor Arana se sorprendía porque ciertos elementos fueron pasto del voraz incendio, cuando al menos 100 mil litros de productos derivados del petróleo como Gasolmex, PEMEX 100, petróleo diáfano y gasolina de bronce, toda vez que quedaron destruidas totalmente e inservibles cinco enormes camiones “pipas” que estaban siendo cargados en las bodegas de PEMEX con objeto de que se iniciara la tarea de abastecer el mercado local. Los datos obtenidos del mismo funcionario indicaron, que cinco vehículos con sus respectivos tanques, habían quedado destruidos por la acción del fuego; había dos con una capacidad cada uno de 15 y otro con 33 mil litros; otra con 6,620 y otro con un volumen de 30 mil litros. Una chispa sería la posible causa de la explosión, sin embargo, expertos de la Ciudad de México realizarían las investigaciones necesarias del caso, pero se anticipaban que las causas del incendio se podrían haber dado por una chispa, no hubo sabotaje y todo se debió a un mero accidente que puedo haber ocurrido en cualquier lugar donde se manejen combustibles, dijo Arana Martínez.

Una de las razones del inicio de la explosión, podría haber sido durante la hora del movimiento de carga de las pipas de combustible, sin embargo, todo se veía con toda normalidad pero se tenía que tomar en cuenta que cuando se llenaban las pipas, posiblemente se había hecho un campo de gasificación que pudo haber abarcado centenares de metros de radio de acción. Se creía que la rotura de una de las “garzas” o bombas para carga o descarga y al momento de romperse, se había producido un chispazo que originó el fuego, pero no se aseguraba nada en ese instante. Enrique Altamirano, era el nombre de un trabajador de la agencia de PEMEX en Chihuahua que al darse cuenta del peligro que representaba un camión que empezaba a incendiarse por estar contiguo de la zona de peligro y viendo que se trataba de combustible de alto octanaje a riego de su propia vida, tomó el volante del vehículo y lo retiró, no obstante que estaba envuelto en llamas y no contaba con otra protección más que el baño de espuma que los bomberos y auxiliares habían dado al tanque.

Tal vez lo curioso de muchas personas y algunos agentes policiacos que desde sus vehículos veían el terrible espectáculo, no se daban cuenta de la magnitud del desastre, ni siquiera del peligro que encerraba para la zona norte de la ciudad y lo que para ellos mismos significaba estar en ese lugar. Personas expertas en el manejo de combustibles que trabajan en PEMEX, justamente indignados vieron con desesperación que miles de gentes estaban expuestas a ser víctimas de lo que hubieran sido una de las más grandes catástrofes que podrían haber ocurrido en Chihuahua. Uno de los encargos del personal, cuyo nombre no se pudo obtener por razones naturales del caso, dijo al Heraldo de Chihuahua: “Si las llamas atraviesan el cerco que divide la superficie administrativa hacia los tanques de almacenamiento, no habría fuerza humana que detuviera la catástrofe. ¡Por favor, dígale a esa gente que se retire!”. De esa manera, terminaba ese pobre hombre que en su desesperación gritaba para que las fuerzas del orden pusieran más orden a los curiosos.

Mientras todo esto sucedía en los terrenos de PEMEX, la superintendencia de los Ferrocarriles Nacional de México daban órdenes para que se movilizaran todas la máquinas de patio y retiraran los carros tanque con o sin combustible; también, para este movimiento se tuvo que lamentar el obstáculo que representaban los mirones. Faltó en ese momento vigilancia y quienes estuvieron realizando alguna de las actividades oficiales y necesarias para prevenir una conflagración, la escasez de vigilancia de parte de la policía posiblemente se debió a que a esa misma hora, estaban ocurriendo otros sucesos de importancia en otras partes de la ciudad, pero la situación fue subsanada por la oportuna intervención de los elementos del Ejército mexicano que se hicieron cargo de la vigilancia de las instalaciones de PEMEX. Fue el mismo agente de petróleos Mexicanos, quien hablando frente a numerosas personas, elogió la labor de los bomberos de la ciudad de Chihuahua porque demostraron una gran capacidad humana y de quipo. De no haber sido por ellos, quien sabe los que hubiera sucedido, dijo el funcionario. Por otra parte, las ambulancias de la Cruz Roja estuvieron como siempre con su personal listo para atender a los lesionados que afortunadamente solo dos sufrieron lesiones y quemaduras no de gravedad, sus nombres, Ángel García García y Humberto García Contreras, quienes fueron atendidos en la clínica del Seguro Social de Nombre de Dios.

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Carlos Arana, quien mostró completo dominio de la situación disponiendo medidas de seguridad y prevención en todos los aspectos, dijo a El Heraldo de Chihuahua que seguramente habría problemas de abastecimiento en el mercado de la ciudad de combustible, pero se tenía confianza en que los concesionarios colaborarán para que no hubiera problemas de escasez o de aumento de precios de combustibles, aprovechando la situación. Finalmente se daría a conocer para el sábado en la tarde que ya habían pisado suelo chihuahuense los funcionarios de la Dirección General de PEMEX y durante el siguiente día (domingo 28 de noviembre), se juntaría el equipo necesario para hacer las primeras reparaciones en las instalaciones dañadas. Espectacular incendio que se había iniciado alrededor de las 9:30 horas en las instalaciones de PEMEX, acabaría con media docena de auto tanques y un derramamiento de aproximadamente 200 mil litros de diferentes combustibles con un saldo de dos personas lesionadas.

Después de las 14:00 horas del día 27 de noviembre, las cosas estaban bajo control de las autoridades en general y mi papá Rosalío y yo al estar de mirones viendo el imponente acontecimiento en vez de ir al mercado, nos devolvimos a casa a contar lo sucedido, sin embargo, mi mamá Ernestina, se molestó mucho, pues no tenía nada en la despensa que iba ser surtida con lo que se comprara en la Reforma, bueno, así son las cosas y dimos gracias a Dios porque este acontecimiento no llegó a mayores. En fin, fue una anécdota que nunca se me olvidará.

“¡Pemex Arde!”, forma parte de los archivos perdidos de las Crónicas Urbanas. Si usted tiene información que quiera compartir para esta sección y si desea también adquirir los libros: “Los Archivos perdidos de las Crónicas Urbanas”, Tomo I, II y III, puede llamar al celular 614 148-85-03 y con gusto se lo llevamos a domicilio o bien adquiéralo en la librería Kosmos, localizada en la calle Josué Neri Santos No. 111 Col. Zona Centro y en La Luz del Día, calle Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe I Etapa, (614 413 0610).

Fuentes de Investigación:

El Heraldo de Chihuahua (1971).