/ viernes 10 de abril de 2020

Actividad física y su importancia para fortalecer el sistema inmunológico

Columna deportiva

Por: Juan Manuel Rivera Sosa* (*Docente de la Facultad de Ciencias de la Cultura Física, UACH)


El estilo de vida saludable (EVS) es una demanda actual para todas las personas. Se necesita considerar un cambio hacia un EVS en el estado presente y futuro, caracterizado por una mejora gradual y creciente de hábitos adecuados de alimentación, hidratación y descanso, por utilizar de mejor manera el tiempo libre y de ocio, así como por la realización de actividad física (AF) de intensidad moderada – vigorosa, a partir de cualquiera de sus modalidades por hasta 300´ minutos (acumulados) en una semana. Cumplir con lo recomendado, implica garantizar la adquisición de todos los beneficios atribuibles a la AF, los cuales no se limitan al sistema muscular y esquelético, ya que se manifiestan también en el sistema neurológico, endocrino, metabólico, cardiopulmonar e inmunológico, es decir, en todos los componentes y sistemas del individuo, pues actúa de manera integral y sistémica a toda la persona y sus manifestaciones. Se ha reconocido que la AF regular es la vacuna y acción preventiva ideal frente a las enfermedades derivadas del estilo de vida como enfermedades crónicas no trasmisibles: obesidad, hipertensión, síndrome metabólico y la Diabetes Mellitus tipo 2 (principal causa de muerte prevenible en México).

La AF es determinante para mejorar el estado de salud de todas personas, sin importar su edad, sexo o condición social. Se ha comprobado que entre los múltiples beneficios destacan la funcionalidad mecánica (trabajo musculo-esquelético), la función neuromuscular y la función metabólica, a lo cual, se suma que actúa positivamente sobre el sistema inmunológico como resultado del ejercicio de manera regular y dosificado. Esto último, hace posible que la AF sea uno de los principales factores de protección frente a múltiples enfermedades, incluidas las infectocontagiosas.

Nuestro sistema inmunológico es el responsable de garantizar el “sistema de defensa” de nuestro cuerpo para hacerle frente a todos los agentes biológicos anómalos y contaminantes que al interactuar con nuestro organismo, pueden producir enfermedad y gradualmente la pérdida importante de la salud o la muerte misma. Por lo tanto, el sistema inmunológico es vital, ya que evita que se desarrollen las condiciones que favorecen muchas de las enfermedades a las que estemos expuestos o somos susceptibles, como un contagio por bacterias y virus, como el caso de la actual pandemia por COVID-19.

El estudio de la AF ha sido ampliamente orientado a documentar sus múltiples beneficios, principalmente frente a los padecimientos asociados al estilo de vida y por tanto a enfermedades prevenibles y modificables por efecto de la AF, con lo cual, podemos actuar de manera estratégica y consiente para producir tales efectos. Lo anterior, hace de la AF, un fenómeno educativo al alcance de todas las personas que se interesan en su salud y calidad de vida. Esta tarea, parece estar en manos de la Educación Física, campo formativo que se propone producir la alfabetización física (Physical Literacy) de todos los escolares, cuya finalidad será garantizar como resultado una sociedad compuesta por personas físicamente alfabetizadas, es decir, personas que manifiestan: poseer confianza, conocimiento, competencia y compromiso para participar de manera permanente de la actividad física a lo largo de su vida y ser responsables de asumir un estilo de vida saludable (EVS) y por tanto, adquirir una mejor calidad de vida.

La AF como ejercicio, es uno de los factores de protección más adecuados frente a diferentes enfermedades ya que, se ha demostrado que el ejercicio a determinadas intensidades cumple una función moduladora sobre el sistema inmune y previene de algunas enfermedades que lo involucran de manera directa como alergias, infecciones e inmunodeficiencias. Lo anterior, en un momento crítico como el actual, hace que la práctica regular de la AF adecuada, sea una necesidad de toda la población frente al COVID-19 y coloca al centro a la AF para la construcción de un EVS en el sujeto.

La AF desde un enfoque preventivo, es un recurso ideal por ser de fácil realización, económico y accesible; puede ofrecer opciones para todas las personas al recurrir a alternativas para todos los gustos y condiciones, tanto desde el tipo de actividad, como sobre el lugar de su realización… desde nuestro propio contexto, nuestro hogar y sin necesidad de aparatos sofisticados, ni accesorios altamente especializados. La AF más adecuada, es aquella que involucra grandes grupos musculares y que se puede realizar de manera continua a través de movimientos naturales, sencillos y de fácil repetición (ejemplo: caminar, trotar, correr, saltar, levantar, jalar, empujar).

Sin embargo, la obtención de los beneficios de una sesión de AF, depende de sus propiedades metodológicas, y sobretodo cuando su finalidad es mantener y mejorar el sistema inmune de la persona. Las respuestas de adaptación al ejercicio en los sistemas cardiovascular, musculo-esquelético, neuroendocrino e inmunológico varían con relación a la duración, la intensidad y la cronicidad (repetibilidad con que se lleva a cabo la AF). El ejercicio de alta intensidad es adecuado para un deportista en preparación para la competencia (donde lo importante es ser el mejor), pero no este ejercicio no lo más adecuado para una persona que persigue beneficios por salud.

El ejercicio aerobio es el más recomendado por sus beneficios en el sistema cardiovascular y respiratorio, además de ser la base para todas las cualidades físicas del individuo. Sus beneficios en el sistema inmune, son amplios, siempre que se ejecute a intensidad moderada y creciente de manera gradual hacia vigorosa. Las principales manifestaciones se traducen en el aumento de la frecuencia cardiaca, de la presión arterial y de las demandas miocárdicas de oxígeno, lo cual, es dependiente de la liberación de múltiples hormonas de estrés en sangre como: adrenalina, noradrenalina, beta endorfina, hormona del crecimiento, cortisol y una disminución de la insulina. Lo anterior, permite su contribución sobre las adaptaciones cardiopulmonares, endocrinas, y sobre los procesos catabólicos y anabólicos, consolidando las adaptaciones fisiológicas hasta alcanzar un estado de homeostasis del organismo ante el estrés (ejercicio-AF); es clara su contribución sobre los sistema neuroendocrino al liberar hormonas como la serotonina y citoquinas, en clara interconexión entre el sistema inmunológico, nervioso y hormonal, con la función cardiovascular y el metabolismo, mediados por el sistema inmune de manera recíproca. Se destaca que estos beneficios se restringen a la AF de intensidad moderada, ya que a alta intensidad prevalece el estrés y la presencia de radicales libres, con un incremento en la aparición de enfermedades infecciosas en el sujeto al disminuir los mediadores de la función inmune del cuerpo.

Por lo tanto, la AF adecuada para generar beneficios para su salud, debe considerar una carga (dosis) que sea creciente, pero sin llegar a ser extenuante, ya que los niveles de estrés fisiológico que rebasen los límites que promueven los beneficios, terminan conduciendo a un estado contrario de “sobreentrenamiento” que coloca al practicante en riesgo de lesión en el menor de los casos, hasta un estado tal donde se producen efectos contrarios como una caída del sistema inmune, decaimiento, fatiga extrema, disminución del rendimiento y con ello la susceptibilidad a contagios y enfermedades.

¿Cual es la mejor actividad que podemos asumir en este periodo de contingencia?

Aquella AF que podemos mantener de manera continua, exigente pero sin producir una fatiga prematura ni una percepción de agotamiento extenuante. No debe producir dolor durante o posterior a la sesión. La mejor actividad será aquella que puede ser considerada placentera, demandante pero factible de mantener y terminar, con lo cual se cumple el principio de supercompensación: producir la preparación para otro estímulo y generar la mejora en el organismo, lo que se traduce en un incremento de las condiciones del sistema inmune y con ello, la preparación para un estimulo similar o mayor, con mejoras en todos sus sistemas.

Sean activos, su organismo y su salud, lo agradecerá.


*Juan Manuel Rivera Sosa, Licenciado en Educación Física y Maestro en Ciencias del Deporte, Docente-Investigador desde 1995 en la UACH, actualmente Secretario de Investigación y Posgrado de la Facultad de Ciencias de la Cultura Física y Delegado Estatal FIEP para Chihuahua.

Por: Juan Manuel Rivera Sosa* (*Docente de la Facultad de Ciencias de la Cultura Física, UACH)


El estilo de vida saludable (EVS) es una demanda actual para todas las personas. Se necesita considerar un cambio hacia un EVS en el estado presente y futuro, caracterizado por una mejora gradual y creciente de hábitos adecuados de alimentación, hidratación y descanso, por utilizar de mejor manera el tiempo libre y de ocio, así como por la realización de actividad física (AF) de intensidad moderada – vigorosa, a partir de cualquiera de sus modalidades por hasta 300´ minutos (acumulados) en una semana. Cumplir con lo recomendado, implica garantizar la adquisición de todos los beneficios atribuibles a la AF, los cuales no se limitan al sistema muscular y esquelético, ya que se manifiestan también en el sistema neurológico, endocrino, metabólico, cardiopulmonar e inmunológico, es decir, en todos los componentes y sistemas del individuo, pues actúa de manera integral y sistémica a toda la persona y sus manifestaciones. Se ha reconocido que la AF regular es la vacuna y acción preventiva ideal frente a las enfermedades derivadas del estilo de vida como enfermedades crónicas no trasmisibles: obesidad, hipertensión, síndrome metabólico y la Diabetes Mellitus tipo 2 (principal causa de muerte prevenible en México).

La AF es determinante para mejorar el estado de salud de todas personas, sin importar su edad, sexo o condición social. Se ha comprobado que entre los múltiples beneficios destacan la funcionalidad mecánica (trabajo musculo-esquelético), la función neuromuscular y la función metabólica, a lo cual, se suma que actúa positivamente sobre el sistema inmunológico como resultado del ejercicio de manera regular y dosificado. Esto último, hace posible que la AF sea uno de los principales factores de protección frente a múltiples enfermedades, incluidas las infectocontagiosas.

Nuestro sistema inmunológico es el responsable de garantizar el “sistema de defensa” de nuestro cuerpo para hacerle frente a todos los agentes biológicos anómalos y contaminantes que al interactuar con nuestro organismo, pueden producir enfermedad y gradualmente la pérdida importante de la salud o la muerte misma. Por lo tanto, el sistema inmunológico es vital, ya que evita que se desarrollen las condiciones que favorecen muchas de las enfermedades a las que estemos expuestos o somos susceptibles, como un contagio por bacterias y virus, como el caso de la actual pandemia por COVID-19.

El estudio de la AF ha sido ampliamente orientado a documentar sus múltiples beneficios, principalmente frente a los padecimientos asociados al estilo de vida y por tanto a enfermedades prevenibles y modificables por efecto de la AF, con lo cual, podemos actuar de manera estratégica y consiente para producir tales efectos. Lo anterior, hace de la AF, un fenómeno educativo al alcance de todas las personas que se interesan en su salud y calidad de vida. Esta tarea, parece estar en manos de la Educación Física, campo formativo que se propone producir la alfabetización física (Physical Literacy) de todos los escolares, cuya finalidad será garantizar como resultado una sociedad compuesta por personas físicamente alfabetizadas, es decir, personas que manifiestan: poseer confianza, conocimiento, competencia y compromiso para participar de manera permanente de la actividad física a lo largo de su vida y ser responsables de asumir un estilo de vida saludable (EVS) y por tanto, adquirir una mejor calidad de vida.

La AF como ejercicio, es uno de los factores de protección más adecuados frente a diferentes enfermedades ya que, se ha demostrado que el ejercicio a determinadas intensidades cumple una función moduladora sobre el sistema inmune y previene de algunas enfermedades que lo involucran de manera directa como alergias, infecciones e inmunodeficiencias. Lo anterior, en un momento crítico como el actual, hace que la práctica regular de la AF adecuada, sea una necesidad de toda la población frente al COVID-19 y coloca al centro a la AF para la construcción de un EVS en el sujeto.

La AF desde un enfoque preventivo, es un recurso ideal por ser de fácil realización, económico y accesible; puede ofrecer opciones para todas las personas al recurrir a alternativas para todos los gustos y condiciones, tanto desde el tipo de actividad, como sobre el lugar de su realización… desde nuestro propio contexto, nuestro hogar y sin necesidad de aparatos sofisticados, ni accesorios altamente especializados. La AF más adecuada, es aquella que involucra grandes grupos musculares y que se puede realizar de manera continua a través de movimientos naturales, sencillos y de fácil repetición (ejemplo: caminar, trotar, correr, saltar, levantar, jalar, empujar).

Sin embargo, la obtención de los beneficios de una sesión de AF, depende de sus propiedades metodológicas, y sobretodo cuando su finalidad es mantener y mejorar el sistema inmune de la persona. Las respuestas de adaptación al ejercicio en los sistemas cardiovascular, musculo-esquelético, neuroendocrino e inmunológico varían con relación a la duración, la intensidad y la cronicidad (repetibilidad con que se lleva a cabo la AF). El ejercicio de alta intensidad es adecuado para un deportista en preparación para la competencia (donde lo importante es ser el mejor), pero no este ejercicio no lo más adecuado para una persona que persigue beneficios por salud.

El ejercicio aerobio es el más recomendado por sus beneficios en el sistema cardiovascular y respiratorio, además de ser la base para todas las cualidades físicas del individuo. Sus beneficios en el sistema inmune, son amplios, siempre que se ejecute a intensidad moderada y creciente de manera gradual hacia vigorosa. Las principales manifestaciones se traducen en el aumento de la frecuencia cardiaca, de la presión arterial y de las demandas miocárdicas de oxígeno, lo cual, es dependiente de la liberación de múltiples hormonas de estrés en sangre como: adrenalina, noradrenalina, beta endorfina, hormona del crecimiento, cortisol y una disminución de la insulina. Lo anterior, permite su contribución sobre las adaptaciones cardiopulmonares, endocrinas, y sobre los procesos catabólicos y anabólicos, consolidando las adaptaciones fisiológicas hasta alcanzar un estado de homeostasis del organismo ante el estrés (ejercicio-AF); es clara su contribución sobre los sistema neuroendocrino al liberar hormonas como la serotonina y citoquinas, en clara interconexión entre el sistema inmunológico, nervioso y hormonal, con la función cardiovascular y el metabolismo, mediados por el sistema inmune de manera recíproca. Se destaca que estos beneficios se restringen a la AF de intensidad moderada, ya que a alta intensidad prevalece el estrés y la presencia de radicales libres, con un incremento en la aparición de enfermedades infecciosas en el sujeto al disminuir los mediadores de la función inmune del cuerpo.

Por lo tanto, la AF adecuada para generar beneficios para su salud, debe considerar una carga (dosis) que sea creciente, pero sin llegar a ser extenuante, ya que los niveles de estrés fisiológico que rebasen los límites que promueven los beneficios, terminan conduciendo a un estado contrario de “sobreentrenamiento” que coloca al practicante en riesgo de lesión en el menor de los casos, hasta un estado tal donde se producen efectos contrarios como una caída del sistema inmune, decaimiento, fatiga extrema, disminución del rendimiento y con ello la susceptibilidad a contagios y enfermedades.

¿Cual es la mejor actividad que podemos asumir en este periodo de contingencia?

Aquella AF que podemos mantener de manera continua, exigente pero sin producir una fatiga prematura ni una percepción de agotamiento extenuante. No debe producir dolor durante o posterior a la sesión. La mejor actividad será aquella que puede ser considerada placentera, demandante pero factible de mantener y terminar, con lo cual se cumple el principio de supercompensación: producir la preparación para otro estímulo y generar la mejora en el organismo, lo que se traduce en un incremento de las condiciones del sistema inmune y con ello, la preparación para un estimulo similar o mayor, con mejoras en todos sus sistemas.

Sean activos, su organismo y su salud, lo agradecerá.


*Juan Manuel Rivera Sosa, Licenciado en Educación Física y Maestro en Ciencias del Deporte, Docente-Investigador desde 1995 en la UACH, actualmente Secretario de Investigación y Posgrado de la Facultad de Ciencias de la Cultura Física y Delegado Estatal FIEP para Chihuahua.

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