/ viernes 30 de julio de 2021

Promociones Educativas A. C.: un proyecto público-privado

En la década de los años sesenta, varios grupos privados consideraban atender a niños y jóvenes mediante una educación en el esfuerzo y en valores cristianos

En estos días en que las autoridades educativas analizan la conveniencia de regresar a clases de manera presencial, cabe recordar los tiempos en que Chihuahua crecía rápidamente y los niños de colonias periféricas carecían de aulas y pupitres para estudiar. Hubo, entonces, empresarios con sentido social que se propusieron invertir tiempo, dinero y esfuerzo para crear las Escuelas San Felipe el Real, conocidas como ESFER y que, ahora, llevan el sello de San Juan Bosco, el fundador de los hermanos Salesianos.

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En la década de los años sesenta, varios grupos privados consideraban atender a niños y jóvenes mediante una educación en el esfuerzo y en valores cristianos. Por ello, paralelamente a la llegada de hermanos lasallistas a Chihuahua en 1964; un año más tarde, en 1965, uno de esos grupos de empresarios encabezado por don Víctor Manuel Cruz Márquez, concibió un ambicioso programa de construcción de escuelas populares en la capital. Paralelo al esfuerzo de crear escuelas para las clases medias, el empresariado lideraba un proyecto dirigido a otros sectores con menores oportunidades.

El Gobierno del Estado había llevado a cabo un estudio que arrojaba que solo en la ciudad capital, 12 mil niños esperaban atención educativa de parte de las autoridades. El auge agrícola de las décadas del 40 y 50 empezaba a sufrir un declive y, por ello, familias enteras llegaban a la ciudad de Chihuahua en busca de empleo. En 1964, además, la frontera del país recibía miles de mexicanos repatriados debido a que del Programa Bracero había llegado a su fin.

En 1965 se conformó el Patronato de Promociones Educativas A. C. con Víctor Manuel Cruz Márquez, Federico Terrazas Torres, Carlos Barriot Urueta, Donato Terrazas Valles, Mario Arras Rodríguez, José González Múzquiz y Felipe Colomo Castro. Hoy día, Sergio Mendoza Vidal, encabeza el Patronato. Inicialmente se pidió a los hermanos lasallistas que enviaran docentes a Chihuahua para participar en el nuevo proyecto. Pero, ante el déficit de educadores religiosos, el superior provincial lasallista, le prestó un maestro seglar al grupo de industriales. Era José García Rivas, quien en ese momento, dirigía una escuela en Delicias.

Un acuerdo por la educación popular entre empresarios y gobierno.

El grupo había logrado un acuerdo económico y social con el gobernador Práxedes Giner Durán (1962 -1968). Los empresarios se comprometían a comprar lotes propicios y a financiar la construcción de diez planteles en zonas populares de la ciudad. El convenio establecía que los padres de familia debían aportar solo la mitad del costo de la educación y que el Estado iba a erogar el 50 % restante. Se calculaba que al ser levantados en zonas habitacionales cercanas a las familias de obreros, se les ahorraría el gasto del transporte. Todo iría bien siempre y cuando las tres partes cumplieran con el proyecto.

El acuerdo de palabra entre industriales y el gobierno estatal, fue ratificado a nivel federal por Gustavo Díaz Ordaz, presidente de México en el sexenio de 1964 a 1970. Por su parte, el titular de CAPFCE, Luis Eduardo León Gebers quien es recordado por su filantropía, facilitó el proceso, agilizando la protocolización de convenios y asumiendo los costos laborales del gremio de la construcción.

En la práctica, ambos órdenes de gobierno habían decidido innovar en la educación popular, con una vía complementaria a la oficial. Es preciso aclarar que en la década de los 60, el sector privado contaba con el Instituto Pedagógico Chihuahuense (conocido con ese nombre a partir de 1967) y con la Escuela Normal de la maestra Josefina Seáñez de Avitia. Ambas normales, particulares, egresaban docentes bien preparados para la instrucción.

Desarrollo de los planteles.

El Patronato empezó la construcción en el centro de la legendaria Colonia Industrial (1966) y después avanzó en las, entonces, lejanas lomas de la Colonia Granjas (1967). Más tarde continuó (1968) sobre un terreno de la hoy calle Kennedy, ubicado frente la flamante Unidad Habitacional “Chihuahua”, cerca del Club Campestre de Chihuahua, que quedaba entonces muy distante de la zona urbana. Conviene recordar que, en esos años, el actual boulevard Ortiz Mena y la avenida Francisco Villa existían solo en la mente de los urbanistas. Los secos baldíos se extendían en pequeñas colinas por estas zonas ahora densamente pobladas.

La escuela número 4, se levantó también en el año de 1968, en la calle Carolina de la colonia Nombre de Dios, cerca de la planta de Cementos. Los empleados de esta industria fueron de los principales usuarios del plantel. El plantel 5 vino años después (1971), en Parques de San Felipe, sobre la avenida Glandorff. Hoy día, los hermanos salesianos se encargan de las escuelas de “Promociones”, a las que se agregó el moderno plantel Cordilleras en 2007 al norte de la ciudad.

En 1968, llegó al gobierno estatal Oscar Flores Sánchez. Durante los dos primeros años de su mandato, el acuerdo público privado siguió funcionando a favor de la construcción de escuelas populares con recursos de particulares. Solo que para entonces ya se preveía la intención del Magisterio organizado por ocupar las escuelas ESFER. Después de resentir la presión gremial y de que los intentos de negociación tenían pocos resultados positivos, el Patronato decidió ceder tres planteles al Gobierno… y dejó en suspenso la edificación del resto de planteles.

El fin del acuerdo social público-privado:

Para 1970, con el arribo de Luis Echeverría Álvarez al poder federal, el eje ideológico nacional dio un vuelco de 90 grados. En el caso concreto de la educación, el presidente de México eligió privilegiar acuerdos con los maestros organizados y relegar al empresariado a actuar solamente en el terreno económico. De este modo, se perdió parte del impulso de la iniciativa privada en la educación popular y se minó el espíritu de cooperación entre sectores.


Sin embargo, don Víctor Manuel Cruz Márquez no se detendría en su decisión de apoyar a los estudiantes chihuahuenses y creó un fondo personal para hijos de trabajadores, tema del que hablaremos en otra entrega posterior.

En estos días en que las autoridades educativas analizan la conveniencia de regresar a clases de manera presencial, cabe recordar los tiempos en que Chihuahua crecía rápidamente y los niños de colonias periféricas carecían de aulas y pupitres para estudiar. Hubo, entonces, empresarios con sentido social que se propusieron invertir tiempo, dinero y esfuerzo para crear las Escuelas San Felipe el Real, conocidas como ESFER y que, ahora, llevan el sello de San Juan Bosco, el fundador de los hermanos Salesianos.

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En la década de los años sesenta, varios grupos privados consideraban atender a niños y jóvenes mediante una educación en el esfuerzo y en valores cristianos. Por ello, paralelamente a la llegada de hermanos lasallistas a Chihuahua en 1964; un año más tarde, en 1965, uno de esos grupos de empresarios encabezado por don Víctor Manuel Cruz Márquez, concibió un ambicioso programa de construcción de escuelas populares en la capital. Paralelo al esfuerzo de crear escuelas para las clases medias, el empresariado lideraba un proyecto dirigido a otros sectores con menores oportunidades.

El Gobierno del Estado había llevado a cabo un estudio que arrojaba que solo en la ciudad capital, 12 mil niños esperaban atención educativa de parte de las autoridades. El auge agrícola de las décadas del 40 y 50 empezaba a sufrir un declive y, por ello, familias enteras llegaban a la ciudad de Chihuahua en busca de empleo. En 1964, además, la frontera del país recibía miles de mexicanos repatriados debido a que del Programa Bracero había llegado a su fin.

En 1965 se conformó el Patronato de Promociones Educativas A. C. con Víctor Manuel Cruz Márquez, Federico Terrazas Torres, Carlos Barriot Urueta, Donato Terrazas Valles, Mario Arras Rodríguez, José González Múzquiz y Felipe Colomo Castro. Hoy día, Sergio Mendoza Vidal, encabeza el Patronato. Inicialmente se pidió a los hermanos lasallistas que enviaran docentes a Chihuahua para participar en el nuevo proyecto. Pero, ante el déficit de educadores religiosos, el superior provincial lasallista, le prestó un maestro seglar al grupo de industriales. Era José García Rivas, quien en ese momento, dirigía una escuela en Delicias.

Un acuerdo por la educación popular entre empresarios y gobierno.

El grupo había logrado un acuerdo económico y social con el gobernador Práxedes Giner Durán (1962 -1968). Los empresarios se comprometían a comprar lotes propicios y a financiar la construcción de diez planteles en zonas populares de la ciudad. El convenio establecía que los padres de familia debían aportar solo la mitad del costo de la educación y que el Estado iba a erogar el 50 % restante. Se calculaba que al ser levantados en zonas habitacionales cercanas a las familias de obreros, se les ahorraría el gasto del transporte. Todo iría bien siempre y cuando las tres partes cumplieran con el proyecto.

El acuerdo de palabra entre industriales y el gobierno estatal, fue ratificado a nivel federal por Gustavo Díaz Ordaz, presidente de México en el sexenio de 1964 a 1970. Por su parte, el titular de CAPFCE, Luis Eduardo León Gebers quien es recordado por su filantropía, facilitó el proceso, agilizando la protocolización de convenios y asumiendo los costos laborales del gremio de la construcción.

En la práctica, ambos órdenes de gobierno habían decidido innovar en la educación popular, con una vía complementaria a la oficial. Es preciso aclarar que en la década de los 60, el sector privado contaba con el Instituto Pedagógico Chihuahuense (conocido con ese nombre a partir de 1967) y con la Escuela Normal de la maestra Josefina Seáñez de Avitia. Ambas normales, particulares, egresaban docentes bien preparados para la instrucción.

Desarrollo de los planteles.

El Patronato empezó la construcción en el centro de la legendaria Colonia Industrial (1966) y después avanzó en las, entonces, lejanas lomas de la Colonia Granjas (1967). Más tarde continuó (1968) sobre un terreno de la hoy calle Kennedy, ubicado frente la flamante Unidad Habitacional “Chihuahua”, cerca del Club Campestre de Chihuahua, que quedaba entonces muy distante de la zona urbana. Conviene recordar que, en esos años, el actual boulevard Ortiz Mena y la avenida Francisco Villa existían solo en la mente de los urbanistas. Los secos baldíos se extendían en pequeñas colinas por estas zonas ahora densamente pobladas.

La escuela número 4, se levantó también en el año de 1968, en la calle Carolina de la colonia Nombre de Dios, cerca de la planta de Cementos. Los empleados de esta industria fueron de los principales usuarios del plantel. El plantel 5 vino años después (1971), en Parques de San Felipe, sobre la avenida Glandorff. Hoy día, los hermanos salesianos se encargan de las escuelas de “Promociones”, a las que se agregó el moderno plantel Cordilleras en 2007 al norte de la ciudad.

En 1968, llegó al gobierno estatal Oscar Flores Sánchez. Durante los dos primeros años de su mandato, el acuerdo público privado siguió funcionando a favor de la construcción de escuelas populares con recursos de particulares. Solo que para entonces ya se preveía la intención del Magisterio organizado por ocupar las escuelas ESFER. Después de resentir la presión gremial y de que los intentos de negociación tenían pocos resultados positivos, el Patronato decidió ceder tres planteles al Gobierno… y dejó en suspenso la edificación del resto de planteles.

El fin del acuerdo social público-privado:

Para 1970, con el arribo de Luis Echeverría Álvarez al poder federal, el eje ideológico nacional dio un vuelco de 90 grados. En el caso concreto de la educación, el presidente de México eligió privilegiar acuerdos con los maestros organizados y relegar al empresariado a actuar solamente en el terreno económico. De este modo, se perdió parte del impulso de la iniciativa privada en la educación popular y se minó el espíritu de cooperación entre sectores.


Sin embargo, don Víctor Manuel Cruz Márquez no se detendría en su decisión de apoyar a los estudiantes chihuahuenses y creó un fondo personal para hijos de trabajadores, tema del que hablaremos en otra entrega posterior.

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