/ miércoles 11 de mayo de 2022

Enrique Metinides: la muerte pasó por su lente

Enrique Metinides comenzó a tomar fotos de accidentes siendo un niño y se convirtió en pionero de la nota roja, admirado en muchos países

Como fotógrafo de nota roja, aquella tarde su trabajo era capturar la tragedia de un choque en la Ciudad de México, pero no lo hizo. Soltó la cámara, metió las manos entre los fierros calientes del vehículo y extrajo a un niño para llevarlo a la ambulancia más cercana. El momento resume bien quién fue Enrique Metinides (1934-2022), el fotoperiodista mexicano que murió ayer, trascendió las páginas de los periódicos para llegar a los museos y las galerías más importantes del mundo. Lo que alguna vez fue una fotografía sensacionalista en La Prensa o Alarma, bajo su mirada se convirtió en una obra de arte.

Las fronteras no fueron problema para este mexicano de origen griego. Fueron muchas las latitudes que se rindieron ante sus postales diarias de la Ciudad de México: un choque sobre Gabriel Mancera, una fuga de gas en la Bondojito, una balacera en la Del Valle. Todo pasó por su lente: asaltos bancarios, incendios, crímenes pasionales, asesinos seriales… No en vano la directora Trisha Ziff lo bautizó como El hombre que vio demasiado en su documental de 2015.

Te recomendamos: Los onces: la historia de la época dorada de la nota roja en México

Aunque su oficio era retratar la tragedia, Enrique Metinides siempre procuró respeto a los protagonistas de sus fotografías, una lección ética que nunca debe olvidarse, aseguran expertos consultados por El Sol de México.

“Enrique Metinides supo humanizar la muerte, hacerla menos dolorosa con sus encuadres”, dice en entrevista el fotoperiodista Pedro Valtierra, fundador de la agencia Cuartoscuro. “Fue el más grande de todos los fotógrafos de nota roja en México y en América Latina”.

Amante de las películas de gánsters y coleccionista de vehículos de emergencia de juguete, Metinides trabajó en los medios mexicanos por más de seis décadas. Valtierra recuerda cuando trabajó con él en El Sol de México, en 1977.

“Tenía un estilo muy particular, era una persona muy seria, con una capacidad enorme de ver la tragedia desde otra mirada. Aplicaba encuadres muy rigurosos en escenas violentas. Aun en medio del caos, siempre supo controlar sus disparos”, recuerda Valtierra.

Lente indiscreto

Las morgues, hospitales y ministerios públicos fueron el hogar de este fotógrafo que vio su primer cadáver cuando tenía nueve años y estuvo a punto de morir 19 veces. No fueron pocas las ocasiones en que fotografió incendios en medio de las llamas o se manchó las manos para tratar que los cuerpos salieran lo más dignamente posible, muchas veces sin una sola gota de sangre o en composiciones que rayaban en lo artístico, como ocurrió con su famosa fotografía del cadáver de una mujer debajo de un poste de luz.

Lee también: Enrique Metinides, la muerte a través de una cámara

La lente de Enrique Metinides. Foto/Archivo OEM

“Metinides fue un autodidacta. Nunca tuvo formación académica. Se hizo en la calle bajo un talento y un estilo que lo diferenció de los demás. Quizá hizo fotografías muy sangrientas, pero no las presentaba en la redacción. En lugar de esas imágenes, proponía otras más contextuales, compositivamente más atractivas. Ese fue uno de los grandes atributos de La Prensa cuando Metidines trabajó ahí. Ese respeto por las personas a las que retrató lo hizo trascender fuera de la coyuntura para llegar a las exposiciones internacionales”, señala el fotoperiodista Ulises Castellanos, quien ha cubierto momentos históricos como el levantamiento del EZLN.

En sus tiempos, decía Metinides, se capturaba la tragedia humana; también se quejó de que las autoridades ya no permiten reportar la escena del crimen.


A inicios de los 2000, El Niño, como era conocido en el gremio, recibió una llamada del extranjero. La voz del otro lado del teléfono preguntó de qué tamaño era su set. Él soltó una carcajada. “Todas mis imágenes son reales”, respondió. Meses después, tuvo su primera exposición individual internacional en el Fair Royal College de Londres.

“En Europa no podían creer que hubiera fotografías así en México, que se diera tanta cobertura a la nota roja”, recuerda Castellanos. “La muerte de Metinides sella una época. Con él termina una era de la fotografía de nota roja. Metinides representó la segunda mitad del siglo XX: la era dorada de este género, cuando nadie se ofendía por eso”.

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Como fotógrafo de nota roja, aquella tarde su trabajo era capturar la tragedia de un choque en la Ciudad de México, pero no lo hizo. Soltó la cámara, metió las manos entre los fierros calientes del vehículo y extrajo a un niño para llevarlo a la ambulancia más cercana. El momento resume bien quién fue Enrique Metinides (1934-2022), el fotoperiodista mexicano que murió ayer, trascendió las páginas de los periódicos para llegar a los museos y las galerías más importantes del mundo. Lo que alguna vez fue una fotografía sensacionalista en La Prensa o Alarma, bajo su mirada se convirtió en una obra de arte.

Las fronteras no fueron problema para este mexicano de origen griego. Fueron muchas las latitudes que se rindieron ante sus postales diarias de la Ciudad de México: un choque sobre Gabriel Mancera, una fuga de gas en la Bondojito, una balacera en la Del Valle. Todo pasó por su lente: asaltos bancarios, incendios, crímenes pasionales, asesinos seriales… No en vano la directora Trisha Ziff lo bautizó como El hombre que vio demasiado en su documental de 2015.

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Aunque su oficio era retratar la tragedia, Enrique Metinides siempre procuró respeto a los protagonistas de sus fotografías, una lección ética que nunca debe olvidarse, aseguran expertos consultados por El Sol de México.

“Enrique Metinides supo humanizar la muerte, hacerla menos dolorosa con sus encuadres”, dice en entrevista el fotoperiodista Pedro Valtierra, fundador de la agencia Cuartoscuro. “Fue el más grande de todos los fotógrafos de nota roja en México y en América Latina”.

Amante de las películas de gánsters y coleccionista de vehículos de emergencia de juguete, Metinides trabajó en los medios mexicanos por más de seis décadas. Valtierra recuerda cuando trabajó con él en El Sol de México, en 1977.

“Tenía un estilo muy particular, era una persona muy seria, con una capacidad enorme de ver la tragedia desde otra mirada. Aplicaba encuadres muy rigurosos en escenas violentas. Aun en medio del caos, siempre supo controlar sus disparos”, recuerda Valtierra.

Lente indiscreto

Las morgues, hospitales y ministerios públicos fueron el hogar de este fotógrafo que vio su primer cadáver cuando tenía nueve años y estuvo a punto de morir 19 veces. No fueron pocas las ocasiones en que fotografió incendios en medio de las llamas o se manchó las manos para tratar que los cuerpos salieran lo más dignamente posible, muchas veces sin una sola gota de sangre o en composiciones que rayaban en lo artístico, como ocurrió con su famosa fotografía del cadáver de una mujer debajo de un poste de luz.

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La lente de Enrique Metinides. Foto/Archivo OEM

“Metinides fue un autodidacta. Nunca tuvo formación académica. Se hizo en la calle bajo un talento y un estilo que lo diferenció de los demás. Quizá hizo fotografías muy sangrientas, pero no las presentaba en la redacción. En lugar de esas imágenes, proponía otras más contextuales, compositivamente más atractivas. Ese fue uno de los grandes atributos de La Prensa cuando Metidines trabajó ahí. Ese respeto por las personas a las que retrató lo hizo trascender fuera de la coyuntura para llegar a las exposiciones internacionales”, señala el fotoperiodista Ulises Castellanos, quien ha cubierto momentos históricos como el levantamiento del EZLN.

En sus tiempos, decía Metinides, se capturaba la tragedia humana; también se quejó de que las autoridades ya no permiten reportar la escena del crimen.


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