/ domingo 7 de abril de 2019

Abren cubanos comedor con ayuda de juarense

El amor es el principal motor de ayuda para quienes decidieron brindar su tiempo y esfuerzo a favor de la comunidad migrante que se hospeda en albergues cristianos en Ciudad Juárez

"Comedor cubano”, se percibe en la entrada de un local rosa ubicado en la calle Paz, del Centro de Ciudad Juárez, donde un grupo de seis migrantes cubanos, ayudados de su “hada madrina”, como ellos la definen, brindan comida cubana a más de 60 migrantes al día.

La música se sirve con el platillo del día, pues cruzando la entrada es fácil percibir el ambiente caribeño que brindan los migrantes; con una gran sonrisa abren la puerta de su hogar, el “rincón cubano de Juárez”, como ellos definen a lo más parecido que tienen de su casa.

Dora Payán, juarense de corazón y vendedora de burritos de profesión, es su “hada madrina”, ya que de manera humana decidió apoyarlos con una idea innovadora ante la gran necesidad que se presentó frente a sus ojos.

Llegaron 6 cubanos solicitando trabajo, pero al ver que no tenía posibilidad de aceptarlos decidió prestarles un local con la condición de dividir las ganancias entre tres, una para Dora, otra para el grupo de migrantes y la última para solventar los gastos básicos del establecimiento. “Quisiera ayudarlos a todos y se me hace feo que cuando llegaron pidiendo trabajo no tenía qué ofrecerles, hasta que se me ocurrió esta idea”, asegura la encargada del comedor.

La mayoría de los cubanos no acostumbran comer picante y estando en México, el cual es conocido mundialmente por sus salsas, han batallado por encontrar comida sin chile, pues según explican los migrantes ellos no son compatibles con la comida nacional.

“Mi intención es que ellos tengan un lugar en dónde comer y un trabajo digno de aquí hasta que les resuelvan su situación. Ellos se van a ir, sólo vienen de paso y es gente muy trabajadora y responsable; yo los veo muy honestos, sinceros”, agrega Dora.

Se desempeñan como cocineros, meseros y cajeras, realizando todo tipo de actividad para sacar a flote el restaurante, el cual ha sido todo un éxito entre los extranjeros, pues encuentran un espacio que les recuerda a casa, un lugar donde conviven cubanos con el recuerdo de su país de origen.

A pesar de que la mayoría de ellos no se dedicaba a la cocina, en el comedor realizan sus platillos típicos, resaltando la gran sazón de la comida cubana sin la necesidad de utilizar picante.

En un principio el comedor recibía poca afluencia de cubanos, pero según explica Dora, actualmente, reciben al menos 60 migrantes diarios, cobrando 50 pesos el platillo con una chuleta de res o de puerto, más pollo, arroz y ensalada de repollo, el cual está bastante sustancioso tanto que Dora acepta no acabarse uno completo.

“Necesitan un techo donde no estén pagando tanto hotel, son excelentes personas y me va a dar mucha tristeza cuando se vayan, pero quisiera que les brindáramos todo para que se quedaran. Yo que los veo todos los días y a todos los cubanos que llegan, me doy cuenta que son muy amorosos, que buscan la sonrisa y siempre están de muy buen humor a pesar de todo lo que están viviendo.”, asegura la juarense.

Jorge, cocinero migrante del comedor, salió de Cuba con una visa de turista para Nicaragua con el fin de llegar a Estados Unidos y a pesar de que la travesía fue dura, no pierde la energía y las ganas de salir adelante.

Noches sin dormir, otras más donde el suelo se convirtió en su cobija y algunos días sin comer; son vivencias que convergen en el comedor, el cual se ha convertido en su casa pues pasa todo el día trabajando, friendo papas y demás con el fin de sacar algo de dinero para subsistir.

Acompañado de su esposa, Jorge cuenta la travesía que ha vivido desde su salida hasta su llegada a Ciudad Juárez en donde encontró a su “hada madrina”, Dora. “Nosotros salimos las ocho y media o nueve de la noche y nos vamos directo al hotel, no causamos problemas y únicamente estamos en espera de la respuesta del gobierno norteamericano, trabajando para sobrevivir. Dora nos recibirá en su casa, para ya no gastar tanto en hotel y poder ahorrar un poco para lo que viene. A toda la gente que no cree en hadas madrinas yo les diría que sí existen.”, finaliza el cubano.

RED DE ALBERGUES Y COMEDOR

Alberto Hierro


El amor es el principal motor de ayuda para quienes decidieron brindar su tiempo y esfuerzo a favor de la comunidad migrante que se hospeda en albergues cristianos en Ciudad Juárez, aguardando el momento de resolución para ingresar a Estados Unidos.

La atención por el prójimo llevó a los creyentes a implementar una red de albergues con la finalidad de otorgar a los recién llegados un lugar seguro donde pudiera alimentarse, hospedarse e incluso recibir terapia espiritual y psicológica.

Misión Rescate La Esperanza es uno de los albergues que conforman la red, y aunque originalmente nació como un centro de rehabilitación, a partir de la problemática de los migrantes se decidió convertirlo en un punto de apoyo para toda persona que lo necesitara.

De acuerdo con el Pastor Hugo Sánchez, quien lleva la administración del albergue, durante los meses se ha registrado un incremento de migrantes, tan solo el pasado viernes recibió ocho personas nuevas de Honduras, también un grupo de cubanos, además de gente proveniente de Nicaragua, de Haití, Guatemala y El Salvador.

Sánchez admitió que en ocasiones algunos vienen con la mentalidad de las pandillas, existiendo quienes no les importan si tienen que trabajar como mulas con tal de llegar al otro lado. “Son presas de las personas que andan trabajando aquí en la localidad y si muchos de ellos vienen con ese trasfondo, los reclutan fácilmente porque es dinero fácil. En esos casos nada más se les apoya aquí un par de días y luego ya no regresan”, indicó.

Al respecto, concluyó que no todos son malos, como no todos son buenos. Razón por la cual una de sus mayores satisfacciones es ver a los migrantes siendo trabajadores, útiles, productivos y buscando el bienestar sin la necesidad de hacerlo por la vía rápida.

De la misma manera, en el comedor público Mirando a lo Alto, ubicado a escasos metros del muro fronterizo, se reciben a los migrantes con un plato de comida hasta que queden satisfechos y con la palabra de Dios, aunque el comedor no pertenece a la red de albergues. Jesús Tavizol Rodríguez ha mantenido en pie el lugar desde hace 19 años gracias al interés de personas del Paso, Texas en ayudar al ver a las personas esperando una oportunidad para cruzar la frontera.

Actualmente, la familia Rocha, perteneciente de una iglesia ubicada en el Paso, Texas, entrega comida y preparada con la que se alimentan cerca de 30 migrantes al día, una cantidad que se ha reducido gracias a la apertura de más lugares que les brindan ayuda.

“Adoro lo que hago. Todo ser humano necesita amor y el amor de Dios es incomparable y es para repartir. Al final del día todos tenemos alguna necesidad y estas personas que vienen de tan lejos con una ilusión, no hay más que echarles la mano en lo que se pueda”, indicó Tavizol.

Casos aislados de prostitución de migrantes

Alberto Hierro


A pesar de las especulaciones que giraron entorno a un grupo de mujeres extranjeras que supuestamente se dedican a vender su cuerpo con el objetivo de conseguir dinero para sobrevivir en Ciudad Juárez, se constató entre la población que solamente existen uno o dos casos, sin llegar a ser un gran número de personas.

En las calles del centro de la ciudad se observan hoteles antiguos donde se hospedan migrantes, principalmente cubanos, quienes viven bajo la etiqueta social de dedicarse a la prostitución como fuente de ingresos ante la carencia de oportunidades laborales.

Sin embargo, luego de un recorrido por una de las zonas más transitadas por juarenses, estos aseguraron que no han observado dicha actividad por parte de migrantes, en el entendido que la mayoría de ellos buscan oportunidades legales de trabajo.

Algunos de los hoteles ocupados por extranjeros son: Hotel Condesa, ubicado en la calle Manuel Doblado, Hotel Río, Hotel Imperial, Hotel Frontera en la calle La Paz, Hotel del Norte y Hotel Aremar. En algunos de ellos se encuentran habitaciones con una tarifa desde los 60 pesos por hora.

Prostitutas locales afirman que mujeres migrantes, que prestan este tipo de servicios, se encuentran específicamente en el Hotel Frontera, hecho que para ellas como sexo servidoras no representa un conflicto o una reducción de clientela, pues dada su experiencia saben cómo se maneja el negocio.

Por su parte, el encargado de dicho hotel negó las acusaciones, pues afirma que sus huéspedes son hombres y jamás ha presenciado la visita de sexo servidoras.

Una de las locatarias, dueña de un negocio de burritos en la calle La Paz, afirma que la situación se da en todas las comunidades, que, así como existen mexicanos buenos y malos, también existe esta diferencia entre los migrantes, resaltando que la mayoría de ellos son gente responsable, honesta y trabajadora.

“Yo les pregunté directamente a ellos (migrantes), pero me dijeron que no todos eran iguales, que son solamente una o dos personas y me parece injusto que por esos rumores se manche la imagen de la comunidad migrante”, aseguró Dora Payán.

Cabe resaltar que durante la noche no se percibe actividad alguna por parte de mujeres migrantes que puedan estar dedicándose a la prostitución, dichos hechos fueron constatados tras un recorrido nocturno por varias zonas del centro de Ciudad Juárez.

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"Comedor cubano”, se percibe en la entrada de un local rosa ubicado en la calle Paz, del Centro de Ciudad Juárez, donde un grupo de seis migrantes cubanos, ayudados de su “hada madrina”, como ellos la definen, brindan comida cubana a más de 60 migrantes al día.

La música se sirve con el platillo del día, pues cruzando la entrada es fácil percibir el ambiente caribeño que brindan los migrantes; con una gran sonrisa abren la puerta de su hogar, el “rincón cubano de Juárez”, como ellos definen a lo más parecido que tienen de su casa.

Dora Payán, juarense de corazón y vendedora de burritos de profesión, es su “hada madrina”, ya que de manera humana decidió apoyarlos con una idea innovadora ante la gran necesidad que se presentó frente a sus ojos.

Llegaron 6 cubanos solicitando trabajo, pero al ver que no tenía posibilidad de aceptarlos decidió prestarles un local con la condición de dividir las ganancias entre tres, una para Dora, otra para el grupo de migrantes y la última para solventar los gastos básicos del establecimiento. “Quisiera ayudarlos a todos y se me hace feo que cuando llegaron pidiendo trabajo no tenía qué ofrecerles, hasta que se me ocurrió esta idea”, asegura la encargada del comedor.

La mayoría de los cubanos no acostumbran comer picante y estando en México, el cual es conocido mundialmente por sus salsas, han batallado por encontrar comida sin chile, pues según explican los migrantes ellos no son compatibles con la comida nacional.

“Mi intención es que ellos tengan un lugar en dónde comer y un trabajo digno de aquí hasta que les resuelvan su situación. Ellos se van a ir, sólo vienen de paso y es gente muy trabajadora y responsable; yo los veo muy honestos, sinceros”, agrega Dora.

Se desempeñan como cocineros, meseros y cajeras, realizando todo tipo de actividad para sacar a flote el restaurante, el cual ha sido todo un éxito entre los extranjeros, pues encuentran un espacio que les recuerda a casa, un lugar donde conviven cubanos con el recuerdo de su país de origen.

A pesar de que la mayoría de ellos no se dedicaba a la cocina, en el comedor realizan sus platillos típicos, resaltando la gran sazón de la comida cubana sin la necesidad de utilizar picante.

En un principio el comedor recibía poca afluencia de cubanos, pero según explica Dora, actualmente, reciben al menos 60 migrantes diarios, cobrando 50 pesos el platillo con una chuleta de res o de puerto, más pollo, arroz y ensalada de repollo, el cual está bastante sustancioso tanto que Dora acepta no acabarse uno completo.

“Necesitan un techo donde no estén pagando tanto hotel, son excelentes personas y me va a dar mucha tristeza cuando se vayan, pero quisiera que les brindáramos todo para que se quedaran. Yo que los veo todos los días y a todos los cubanos que llegan, me doy cuenta que son muy amorosos, que buscan la sonrisa y siempre están de muy buen humor a pesar de todo lo que están viviendo.”, asegura la juarense.

Jorge, cocinero migrante del comedor, salió de Cuba con una visa de turista para Nicaragua con el fin de llegar a Estados Unidos y a pesar de que la travesía fue dura, no pierde la energía y las ganas de salir adelante.

Noches sin dormir, otras más donde el suelo se convirtió en su cobija y algunos días sin comer; son vivencias que convergen en el comedor, el cual se ha convertido en su casa pues pasa todo el día trabajando, friendo papas y demás con el fin de sacar algo de dinero para subsistir.

Acompañado de su esposa, Jorge cuenta la travesía que ha vivido desde su salida hasta su llegada a Ciudad Juárez en donde encontró a su “hada madrina”, Dora. “Nosotros salimos las ocho y media o nueve de la noche y nos vamos directo al hotel, no causamos problemas y únicamente estamos en espera de la respuesta del gobierno norteamericano, trabajando para sobrevivir. Dora nos recibirá en su casa, para ya no gastar tanto en hotel y poder ahorrar un poco para lo que viene. A toda la gente que no cree en hadas madrinas yo les diría que sí existen.”, finaliza el cubano.

RED DE ALBERGUES Y COMEDOR

Alberto Hierro


El amor es el principal motor de ayuda para quienes decidieron brindar su tiempo y esfuerzo a favor de la comunidad migrante que se hospeda en albergues cristianos en Ciudad Juárez, aguardando el momento de resolución para ingresar a Estados Unidos.

La atención por el prójimo llevó a los creyentes a implementar una red de albergues con la finalidad de otorgar a los recién llegados un lugar seguro donde pudiera alimentarse, hospedarse e incluso recibir terapia espiritual y psicológica.

Misión Rescate La Esperanza es uno de los albergues que conforman la red, y aunque originalmente nació como un centro de rehabilitación, a partir de la problemática de los migrantes se decidió convertirlo en un punto de apoyo para toda persona que lo necesitara.

De acuerdo con el Pastor Hugo Sánchez, quien lleva la administración del albergue, durante los meses se ha registrado un incremento de migrantes, tan solo el pasado viernes recibió ocho personas nuevas de Honduras, también un grupo de cubanos, además de gente proveniente de Nicaragua, de Haití, Guatemala y El Salvador.

Sánchez admitió que en ocasiones algunos vienen con la mentalidad de las pandillas, existiendo quienes no les importan si tienen que trabajar como mulas con tal de llegar al otro lado. “Son presas de las personas que andan trabajando aquí en la localidad y si muchos de ellos vienen con ese trasfondo, los reclutan fácilmente porque es dinero fácil. En esos casos nada más se les apoya aquí un par de días y luego ya no regresan”, indicó.

Al respecto, concluyó que no todos son malos, como no todos son buenos. Razón por la cual una de sus mayores satisfacciones es ver a los migrantes siendo trabajadores, útiles, productivos y buscando el bienestar sin la necesidad de hacerlo por la vía rápida.

De la misma manera, en el comedor público Mirando a lo Alto, ubicado a escasos metros del muro fronterizo, se reciben a los migrantes con un plato de comida hasta que queden satisfechos y con la palabra de Dios, aunque el comedor no pertenece a la red de albergues. Jesús Tavizol Rodríguez ha mantenido en pie el lugar desde hace 19 años gracias al interés de personas del Paso, Texas en ayudar al ver a las personas esperando una oportunidad para cruzar la frontera.

Actualmente, la familia Rocha, perteneciente de una iglesia ubicada en el Paso, Texas, entrega comida y preparada con la que se alimentan cerca de 30 migrantes al día, una cantidad que se ha reducido gracias a la apertura de más lugares que les brindan ayuda.

“Adoro lo que hago. Todo ser humano necesita amor y el amor de Dios es incomparable y es para repartir. Al final del día todos tenemos alguna necesidad y estas personas que vienen de tan lejos con una ilusión, no hay más que echarles la mano en lo que se pueda”, indicó Tavizol.

Casos aislados de prostitución de migrantes

Alberto Hierro


A pesar de las especulaciones que giraron entorno a un grupo de mujeres extranjeras que supuestamente se dedican a vender su cuerpo con el objetivo de conseguir dinero para sobrevivir en Ciudad Juárez, se constató entre la población que solamente existen uno o dos casos, sin llegar a ser un gran número de personas.

En las calles del centro de la ciudad se observan hoteles antiguos donde se hospedan migrantes, principalmente cubanos, quienes viven bajo la etiqueta social de dedicarse a la prostitución como fuente de ingresos ante la carencia de oportunidades laborales.

Sin embargo, luego de un recorrido por una de las zonas más transitadas por juarenses, estos aseguraron que no han observado dicha actividad por parte de migrantes, en el entendido que la mayoría de ellos buscan oportunidades legales de trabajo.

Algunos de los hoteles ocupados por extranjeros son: Hotel Condesa, ubicado en la calle Manuel Doblado, Hotel Río, Hotel Imperial, Hotel Frontera en la calle La Paz, Hotel del Norte y Hotel Aremar. En algunos de ellos se encuentran habitaciones con una tarifa desde los 60 pesos por hora.

Prostitutas locales afirman que mujeres migrantes, que prestan este tipo de servicios, se encuentran específicamente en el Hotel Frontera, hecho que para ellas como sexo servidoras no representa un conflicto o una reducción de clientela, pues dada su experiencia saben cómo se maneja el negocio.

Por su parte, el encargado de dicho hotel negó las acusaciones, pues afirma que sus huéspedes son hombres y jamás ha presenciado la visita de sexo servidoras.

Una de las locatarias, dueña de un negocio de burritos en la calle La Paz, afirma que la situación se da en todas las comunidades, que, así como existen mexicanos buenos y malos, también existe esta diferencia entre los migrantes, resaltando que la mayoría de ellos son gente responsable, honesta y trabajadora.

“Yo les pregunté directamente a ellos (migrantes), pero me dijeron que no todos eran iguales, que son solamente una o dos personas y me parece injusto que por esos rumores se manche la imagen de la comunidad migrante”, aseguró Dora Payán.

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