/ viernes 12 de julio de 2019

Una Historia de Valor en el Barrio del Pacífico

Crónicas Urbanas

Por: Oscar A. Viramontes Olivas

violioscar@gmail.com



En la casa de doña Petrita Ramos (que en paz descanse) en el barrio del Pacífico al sur de la ciudad de Chihuahua, tuvimos la oportunidad de platicar con su hija Felipa, una dulce persona de la tercera edad en una tarde de sábado cuando estaba tejiendo a mano un pequeño mantelito para el tocador, pues últimamente aparte de realizar sus habituales oraciones vespertinas, también se dedica a coser, tejer, bordar, pues “Tiempo es el que me sobra –comenta Felipa- después de haber trabajado durante más de 70 años de mi vida y tener la nada despreciable edad de 80 años, hoy lo que más disfruto es mi tiempo libre”. En ese momento, llegó uno de sus “nietos” y “Digo nieto entre comillas, porque yo nunca me casé, no tuve hijos pero como dice el dicho: “A quien no le da hijos el diablo le da sobrinos” y es precisamente de una sobrina a la que crie como si fuera mi hija y que actualmente vive conmigo y me acompaña y quien me dio esos tres “nietos” hermosos. El caso es que llegó a mí una de esas personitas con las que comparto mi vida, presuroso, agitado, cuaderno y lápiz en mano, y me preguntó: “¡Abuelita! ¿estas ocupada?” -Desde luego que no le respondí, ¿qué se te ofrece?-comenta la doña-, “Pues mira abuelita –expresa Pepito, el “nieto”- me dejaron en la clase de español que hiciera un cuento o relato, y yo pensé que tal vez podrías contarme alguna de las “charras” que te inventas de repente, ¿Cómo ves?”.

A principios del XX, las formas de trasportación de mercancías era a través de carretones de tracción animal.

“¿Charras? – preguntó Felipita- ningunas “charras”, todo lo que te he dicho alguna vez es verdad, y lo viví y conocí hace mucho tiempo, lo viví de verdad, por lo que Pepito le responde: “Entonces qué abuelita, me ayudas?” repitió- “¡Claro! –le dije- ¿Cómo que quieres saber?”, “Pues déjame ver abuelita, platícame sobre la llorona”. ¿Pero ya lo hice el año pasado? –respondió ella-, pero… ¿Qué tal sobre mi bisabuela?” –preguntó levantando las cejas y abriendo sus ojos. “¿Sobre mi abuelita?, anda ¿qué de interesante pudiera tener el contarte sobre ella”; -“¡Pues mucho abuela!, no ves que tú me has hablado mucho de ella y de seguro pasó por muchas experiencias en su existencia ya que según tú, le tocó nacer durante la revolución y todo lo que ha pasado en este siglo y yo creo que a mi maestra le interesará, pues si le llevo el trabajo como cuento, seguro le va a gustar” – me respondió con alegría-“Anda pues, siéntate y escucha. Ella nació casi con el siglo un 17 de diciembre de 1900 en el preludio de la revolución en un pueblo cercano a Chihuahua capital, en Aldama específicamente”.

“Aquellos tiempos vividos en ciudad Aldama, Chihuahua”: Petrita Ramos.

“Supe por una tía abuela que el día de la boda de mis abuelos, mi abuela –quién se llamaba Petrita- se encontraba sentada en la cama de su alcoba y curiosamente ese día habían entrado los “revolucionarios” en Aldama (1915) y había en la calle una balacera, el caso es que entró por la ventana de la recamara una bala perdida y esta se incrustó en medio de la cama de mi abuelita cuando estaba esperando ilusionada ser llevada al altar y casarse con mi abuelo José; luego del susto y concluida la trifulca, ambos fueron y dieron el sí ante Dios y la sociedad. ¿Cómo ves? aún en tiempos difíciles siempre predomina el amor y el cariño entre las personas. Mi abuelo y ella quedaron solos, pues la abuela se había ido a esperarnos al cielo. No me acuerdo bien de ella, pero conservo su bello rostro en una foto que se tomó al lado su esposo el día de su boda. Mi abuelo al quedarse sólo, dejó el arado de lado y se dedicó a comerciar con mercancía en las rancherías entre Aldama y Falomir, lugar en el que junto con otro amigo, instaló una vinata que se llamaba “El mezquital”, a lo lejos se divisaba el “Puerto de Gómez”. Para llegar a ella, atravesábamos la sierra de “El Morrión”, y “La Tasajera” por la estación de San Sostenes que estaba completamente destruida. Allí fabricaban sotol que luego vendían en el pueblo y en los ranchos o incluso, lo traían aquí a Chihuahua. También compraba mercancía al mayoreo en la ciudad en “La Casa Méndez” e iba y la vendía en Aldama y en las rancherías cercanas. Recuerdo que siempre mi abuela acompañó en sus viajes a su papá, nunca se separó de él, ni aunque anduviera en sus negocios, siempre viajábamos juntos. Se transportaban en un carro de seis mulas, de aquellos que tenían un armazón de fierro y se cubrían con una lona como los del viejo oeste, eran muy unidos. Para llegar al rancho donde estaba la vinata, hacían hasta una semana de camino desde Aldama hasta ese lugar y cuando llegaban a ella, ayudaba en el quehacer, pues desde niñas les habían enseñado a trabajar y ayudar en casa y pese a su corta edad, acarreaba agua y nada más pudo sostener la mano del metate y molía el nixtamal para las tortillas”.

Escenas cotidianas del centro de la ciudad de Chihuahua en 1915.

“Cuando mi abuela y bisabuelo viajaban, recuerdo como en un sueño los “revolucionarios” se encontraban en el camino y ellos pedían un taco, frijoles o una garrafa de sotol. Mi bisabuelo siempre les daba comida, un poco de mercancía o lo que nos pedían, nunca lo amenazaron o se lo quitaron a la fuerza, él como parte del pueblo que luchaba por sus ideales, ayudaba con lo que podía a la causa. Por ello, un día al venir a Chihuahua, los militares lo detuvieron bajo las acusaciones de que era “villista” mi abuela tendría unos 6 o 7 años, y esa vez venían los dos solos, el caso es que los llevaron al cuartel de rurales, y con todo y carro de mulas y de pilón mí abuela, se los llevaron a un corralón inmenso, creo para escuchar que los inculpaban de ayudar a los revolucionarios y hasta supe cuando le formaron cuadro para que lo fusilaran, pero como ya era tarde y ellos habían estado todo el día ahí, mi abuela comenzó a llorar sin parar, asustada por no ver a su papá y de ver pura gente desconocida. No sé si fueron mis chillidos o las explicaciones de mí abuelo o más bien la voluntad de Dios, pero el caso es que no lo fusilaron”.


“Ese día habría de marcar la vida de mi bisabuelo, pues posteriormente enfermaría del corazón y fue esta lo que lo preocupaba, pues en cuatro años había hecho mi abuela la primaria en la escuela “Modelo” aquí en el Pacífico que estaría frente a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Me apuraba tanto que él mismo me enseñara a leer y escribir, a sumar y restar, me enseñaba historia de México y otras cosas que él sabía y por esto me pasaban de año hasta que terminé. Era como si tuviera una gran prisa para que mi abuela terminara la escuela; siempre le ayudó y la impulsó para que estudiara; para que estuviera cultivada y aprendiera todo lo que su poca o mucha inteligencia aceptara y a pesar de esa época, era tan difícil en lo económico, político y social, además que entonces se estilaba que una mujer era muy difícil que pudiera instruirse en la escuela, pero sí en las tareas del hogar y crianza de los hijos, pero él, quería que mi abuela fuera diferente, alguien con escuela que llegara a ser una profesionista”.


“Por ello decidió venir a Chihuahua, para esto, se había casado con mi bisabuelo con Magdalena Márquez Manzanares, cuñada del general villista Miguel Saavedra y justo cuando cursaba mí abuela el segundo año de secundaria en la escuela Normal nocturna que estaba en la calle Victoria donde ahora está el restaurante “Casa de los Milagros” se quedó sola en el mundo, pues mi abuelo sufriría un infarto al corazón y moriría fulminado. Al quedar huérfana dos de sus tías, se hicieron cargo de ella y vendiendo todo lo que tenían, casa, animales y otras cosas con el fin de llegar a vivir en definitiva en Chihuahua y sobre todo que mi abuela siguiera estudiando en 1927. Empezó a trabajar y a estudiar, su primer empleo fue en un estudio fotográfico llamado “El Gran lente” que estaba en la Calle 11ª y Libertad, pero ella siempre tuvo el gusanito de ser maestra. Al terminar sus estudios, empezó a trabajar y estudiar al mismo tiempo, logrando titularse como profesora de educación primaria y como educadora. Cuando al fin terminó sus estudios, estuvo trabajando en el medo rural, primero en el rancho “El Cañón del burro 2”, luego en la sección municipal del Chuvíscar y posteriormente en el ejido Labor de Terrazas, todos estos lugares cercanos a la ciudad de Chihuahua, donde tuvo la fortuna de fundar algunas escuelas y posteriormente la mandaron de vuelta a la a ciudad, donde trabajó como profesora de kínder y de primaria como en la Escuela 218 de nombre “Pascual Orozco”; en la escuela primaria del Parque Infantil en el jardín “Guadalupe Victoria”; también llegó a ser directora dando clases en el Instituto de Capacitación para Maestros; en la Secundaria 8 y 5 y en la Normal de Estado y aun a pesar de su edad (30 años) de haberse jubilado, siguió dando clases de regularización.


“Como puedes ver a pesar de las limitaciones de todo tipo, de la época difícil que le tocó vivir y que era raro que una mujer trabajara y estudiara, fue la primera profesionista de nuestra familia, pero lo logró gracias a la visión y al sacrificio de mi abuelo, abuelita y de mi tía que con miles de trabajos y privaciones lograron ver cumplido su sueño. Por eso tu – se refiere a Pepito- que ahora cuentas con tantas cosas de la vida moderna, muchos libros, computadora, enciclopedias, internet y toda clase de tecnologías, así como enseñanza gratuita y con el invaluable apoyo de tu madre que te trae de un ala, aprovecha todo lo que la vida de hoy te brinda, pues gracias a nosotros los viejos que poco a poco fuimos forjando cosas nuevas en tantas áreas de la vida de nuestro país, como la educación, la salud y el deporte, hoy tú y tus hermanos y muchos niños de México pueden disfrutar de esos beneficios, por lo que lograran ser todo lo que la vida y su potencial les permita, pueden volar tan alto como su propio impulso los llevará al éxito. Claro está, por lo que tu bisabuela y muchos otros abuelos, fueron crenado para las generaciones de hoy”.


“Recuerda, la unión familiar, los valores como la honestidad, sinceridad, el afán de superación, el amor por tus padres y hermanos, la vida recta e integra, el respeto a tus mayores, a tus maestros, compañeros y amigos será la clave del éxito”. De esta manera Pepito le daba las gracias a su abuelita por su historia y sus consejos: “Ahora sé cómo voy a hacer la tarea y por favor, ya no sigas cosiendo que ya oscureció y no ves bien, mejor vamos a cenar para que te acuestes temprano, luego yo seguiré con la tarea. Dame la mano para que te puedas levantar de tu silla”. De esta manera concluyó ese encuentro entre abuela y nieto y yo en medio de ellos”.


Una Historia de Valor en el Barrio del Pacífico, forma parte de los archivos perdidos de las Crónicas Urbanas. Si usted tiene información que quiera compartir para esta sección y si desea también adquirir los libros: “Los Archivos perdidos de las Crónicas Urbanas”, Tomo I, II y III, IV, V, VI y VII puede llamar al celular 614 148-85-03 y con gusto se lo llevamos a domicilio o bien adquiéralo en la librería Kosmos, localizada en la calle Josué Neri Santos No. 111 Col. Zona Centro o en la Luz del Día en la Calle Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe I Etapa, 31203 Chihuahua, con teléfono 413 0610.


Fuentes de Investigación:

Entrevista con Felipa Ramos de Sánchez. Barrio del Pacífico.

Por: Oscar A. Viramontes Olivas

violioscar@gmail.com



En la casa de doña Petrita Ramos (que en paz descanse) en el barrio del Pacífico al sur de la ciudad de Chihuahua, tuvimos la oportunidad de platicar con su hija Felipa, una dulce persona de la tercera edad en una tarde de sábado cuando estaba tejiendo a mano un pequeño mantelito para el tocador, pues últimamente aparte de realizar sus habituales oraciones vespertinas, también se dedica a coser, tejer, bordar, pues “Tiempo es el que me sobra –comenta Felipa- después de haber trabajado durante más de 70 años de mi vida y tener la nada despreciable edad de 80 años, hoy lo que más disfruto es mi tiempo libre”. En ese momento, llegó uno de sus “nietos” y “Digo nieto entre comillas, porque yo nunca me casé, no tuve hijos pero como dice el dicho: “A quien no le da hijos el diablo le da sobrinos” y es precisamente de una sobrina a la que crie como si fuera mi hija y que actualmente vive conmigo y me acompaña y quien me dio esos tres “nietos” hermosos. El caso es que llegó a mí una de esas personitas con las que comparto mi vida, presuroso, agitado, cuaderno y lápiz en mano, y me preguntó: “¡Abuelita! ¿estas ocupada?” -Desde luego que no le respondí, ¿qué se te ofrece?-comenta la doña-, “Pues mira abuelita –expresa Pepito, el “nieto”- me dejaron en la clase de español que hiciera un cuento o relato, y yo pensé que tal vez podrías contarme alguna de las “charras” que te inventas de repente, ¿Cómo ves?”.

A principios del XX, las formas de trasportación de mercancías era a través de carretones de tracción animal.

“¿Charras? – preguntó Felipita- ningunas “charras”, todo lo que te he dicho alguna vez es verdad, y lo viví y conocí hace mucho tiempo, lo viví de verdad, por lo que Pepito le responde: “Entonces qué abuelita, me ayudas?” repitió- “¡Claro! –le dije- ¿Cómo que quieres saber?”, “Pues déjame ver abuelita, platícame sobre la llorona”. ¿Pero ya lo hice el año pasado? –respondió ella-, pero… ¿Qué tal sobre mi bisabuela?” –preguntó levantando las cejas y abriendo sus ojos. “¿Sobre mi abuelita?, anda ¿qué de interesante pudiera tener el contarte sobre ella”; -“¡Pues mucho abuela!, no ves que tú me has hablado mucho de ella y de seguro pasó por muchas experiencias en su existencia ya que según tú, le tocó nacer durante la revolución y todo lo que ha pasado en este siglo y yo creo que a mi maestra le interesará, pues si le llevo el trabajo como cuento, seguro le va a gustar” – me respondió con alegría-“Anda pues, siéntate y escucha. Ella nació casi con el siglo un 17 de diciembre de 1900 en el preludio de la revolución en un pueblo cercano a Chihuahua capital, en Aldama específicamente”.

“Aquellos tiempos vividos en ciudad Aldama, Chihuahua”: Petrita Ramos.

“Supe por una tía abuela que el día de la boda de mis abuelos, mi abuela –quién se llamaba Petrita- se encontraba sentada en la cama de su alcoba y curiosamente ese día habían entrado los “revolucionarios” en Aldama (1915) y había en la calle una balacera, el caso es que entró por la ventana de la recamara una bala perdida y esta se incrustó en medio de la cama de mi abuelita cuando estaba esperando ilusionada ser llevada al altar y casarse con mi abuelo José; luego del susto y concluida la trifulca, ambos fueron y dieron el sí ante Dios y la sociedad. ¿Cómo ves? aún en tiempos difíciles siempre predomina el amor y el cariño entre las personas. Mi abuelo y ella quedaron solos, pues la abuela se había ido a esperarnos al cielo. No me acuerdo bien de ella, pero conservo su bello rostro en una foto que se tomó al lado su esposo el día de su boda. Mi abuelo al quedarse sólo, dejó el arado de lado y se dedicó a comerciar con mercancía en las rancherías entre Aldama y Falomir, lugar en el que junto con otro amigo, instaló una vinata que se llamaba “El mezquital”, a lo lejos se divisaba el “Puerto de Gómez”. Para llegar a ella, atravesábamos la sierra de “El Morrión”, y “La Tasajera” por la estación de San Sostenes que estaba completamente destruida. Allí fabricaban sotol que luego vendían en el pueblo y en los ranchos o incluso, lo traían aquí a Chihuahua. También compraba mercancía al mayoreo en la ciudad en “La Casa Méndez” e iba y la vendía en Aldama y en las rancherías cercanas. Recuerdo que siempre mi abuela acompañó en sus viajes a su papá, nunca se separó de él, ni aunque anduviera en sus negocios, siempre viajábamos juntos. Se transportaban en un carro de seis mulas, de aquellos que tenían un armazón de fierro y se cubrían con una lona como los del viejo oeste, eran muy unidos. Para llegar al rancho donde estaba la vinata, hacían hasta una semana de camino desde Aldama hasta ese lugar y cuando llegaban a ella, ayudaba en el quehacer, pues desde niñas les habían enseñado a trabajar y ayudar en casa y pese a su corta edad, acarreaba agua y nada más pudo sostener la mano del metate y molía el nixtamal para las tortillas”.

Escenas cotidianas del centro de la ciudad de Chihuahua en 1915.

“Cuando mi abuela y bisabuelo viajaban, recuerdo como en un sueño los “revolucionarios” se encontraban en el camino y ellos pedían un taco, frijoles o una garrafa de sotol. Mi bisabuelo siempre les daba comida, un poco de mercancía o lo que nos pedían, nunca lo amenazaron o se lo quitaron a la fuerza, él como parte del pueblo que luchaba por sus ideales, ayudaba con lo que podía a la causa. Por ello, un día al venir a Chihuahua, los militares lo detuvieron bajo las acusaciones de que era “villista” mi abuela tendría unos 6 o 7 años, y esa vez venían los dos solos, el caso es que los llevaron al cuartel de rurales, y con todo y carro de mulas y de pilón mí abuela, se los llevaron a un corralón inmenso, creo para escuchar que los inculpaban de ayudar a los revolucionarios y hasta supe cuando le formaron cuadro para que lo fusilaran, pero como ya era tarde y ellos habían estado todo el día ahí, mi abuela comenzó a llorar sin parar, asustada por no ver a su papá y de ver pura gente desconocida. No sé si fueron mis chillidos o las explicaciones de mí abuelo o más bien la voluntad de Dios, pero el caso es que no lo fusilaron”.


“Ese día habría de marcar la vida de mi bisabuelo, pues posteriormente enfermaría del corazón y fue esta lo que lo preocupaba, pues en cuatro años había hecho mi abuela la primaria en la escuela “Modelo” aquí en el Pacífico que estaría frente a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Me apuraba tanto que él mismo me enseñara a leer y escribir, a sumar y restar, me enseñaba historia de México y otras cosas que él sabía y por esto me pasaban de año hasta que terminé. Era como si tuviera una gran prisa para que mi abuela terminara la escuela; siempre le ayudó y la impulsó para que estudiara; para que estuviera cultivada y aprendiera todo lo que su poca o mucha inteligencia aceptara y a pesar de esa época, era tan difícil en lo económico, político y social, además que entonces se estilaba que una mujer era muy difícil que pudiera instruirse en la escuela, pero sí en las tareas del hogar y crianza de los hijos, pero él, quería que mi abuela fuera diferente, alguien con escuela que llegara a ser una profesionista”.


“Por ello decidió venir a Chihuahua, para esto, se había casado con mi bisabuelo con Magdalena Márquez Manzanares, cuñada del general villista Miguel Saavedra y justo cuando cursaba mí abuela el segundo año de secundaria en la escuela Normal nocturna que estaba en la calle Victoria donde ahora está el restaurante “Casa de los Milagros” se quedó sola en el mundo, pues mi abuelo sufriría un infarto al corazón y moriría fulminado. Al quedar huérfana dos de sus tías, se hicieron cargo de ella y vendiendo todo lo que tenían, casa, animales y otras cosas con el fin de llegar a vivir en definitiva en Chihuahua y sobre todo que mi abuela siguiera estudiando en 1927. Empezó a trabajar y a estudiar, su primer empleo fue en un estudio fotográfico llamado “El Gran lente” que estaba en la Calle 11ª y Libertad, pero ella siempre tuvo el gusanito de ser maestra. Al terminar sus estudios, empezó a trabajar y estudiar al mismo tiempo, logrando titularse como profesora de educación primaria y como educadora. Cuando al fin terminó sus estudios, estuvo trabajando en el medo rural, primero en el rancho “El Cañón del burro 2”, luego en la sección municipal del Chuvíscar y posteriormente en el ejido Labor de Terrazas, todos estos lugares cercanos a la ciudad de Chihuahua, donde tuvo la fortuna de fundar algunas escuelas y posteriormente la mandaron de vuelta a la a ciudad, donde trabajó como profesora de kínder y de primaria como en la Escuela 218 de nombre “Pascual Orozco”; en la escuela primaria del Parque Infantil en el jardín “Guadalupe Victoria”; también llegó a ser directora dando clases en el Instituto de Capacitación para Maestros; en la Secundaria 8 y 5 y en la Normal de Estado y aun a pesar de su edad (30 años) de haberse jubilado, siguió dando clases de regularización.


“Como puedes ver a pesar de las limitaciones de todo tipo, de la época difícil que le tocó vivir y que era raro que una mujer trabajara y estudiara, fue la primera profesionista de nuestra familia, pero lo logró gracias a la visión y al sacrificio de mi abuelo, abuelita y de mi tía que con miles de trabajos y privaciones lograron ver cumplido su sueño. Por eso tu – se refiere a Pepito- que ahora cuentas con tantas cosas de la vida moderna, muchos libros, computadora, enciclopedias, internet y toda clase de tecnologías, así como enseñanza gratuita y con el invaluable apoyo de tu madre que te trae de un ala, aprovecha todo lo que la vida de hoy te brinda, pues gracias a nosotros los viejos que poco a poco fuimos forjando cosas nuevas en tantas áreas de la vida de nuestro país, como la educación, la salud y el deporte, hoy tú y tus hermanos y muchos niños de México pueden disfrutar de esos beneficios, por lo que lograran ser todo lo que la vida y su potencial les permita, pueden volar tan alto como su propio impulso los llevará al éxito. Claro está, por lo que tu bisabuela y muchos otros abuelos, fueron crenado para las generaciones de hoy”.


“Recuerda, la unión familiar, los valores como la honestidad, sinceridad, el afán de superación, el amor por tus padres y hermanos, la vida recta e integra, el respeto a tus mayores, a tus maestros, compañeros y amigos será la clave del éxito”. De esta manera Pepito le daba las gracias a su abuelita por su historia y sus consejos: “Ahora sé cómo voy a hacer la tarea y por favor, ya no sigas cosiendo que ya oscureció y no ves bien, mejor vamos a cenar para que te acuestes temprano, luego yo seguiré con la tarea. Dame la mano para que te puedas levantar de tu silla”. De esta manera concluyó ese encuentro entre abuela y nieto y yo en medio de ellos”.


Una Historia de Valor en el Barrio del Pacífico, forma parte de los archivos perdidos de las Crónicas Urbanas. Si usted tiene información que quiera compartir para esta sección y si desea también adquirir los libros: “Los Archivos perdidos de las Crónicas Urbanas”, Tomo I, II y III, IV, V, VI y VII puede llamar al celular 614 148-85-03 y con gusto se lo llevamos a domicilio o bien adquiéralo en la librería Kosmos, localizada en la calle Josué Neri Santos No. 111 Col. Zona Centro o en la Luz del Día en la Calle Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe I Etapa, 31203 Chihuahua, con teléfono 413 0610.


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