/ miércoles 10 de abril de 2019

“Fuimos tratadas como criminales”

Dormían varias mujeres en una celda sin escusado

“Nos trataron como criminales, llegó migración y nos dijo que reuniéramos todas nuestras cosas porque nos iban a deportar, nos metieron a unos separos donde dormirnos una noche en el piso, antes de esposarnos al día siguiente para llevarnos a la cárcel para mujeres”, expresaron en entrevista las universitarias detenidas en Israel.

A pesar de lo cansado del viaje, Vianey García, Paola Hernández y Denisse Arjona relataron el viacrucis que vivieron en Tierra Santa. Todo comenzó el martes 26 de marzo, cuando Ronen Shay, dueño de Ronen Shay Consulting and Training RSC Ltd. y Chilit Raviv, gerente de Capacitación del Centro para el Avance Profesional de Hospitalidad en Israel, citaron en las instalaciones de la Universidad de Ben-Gurión campus Eilat a todos los mexicanos que estaban de intercambio.

Minutos antes del arribo del personal de migración, Chilit Raviv les informó a todos que los cinco chihuahuenses que se fueron a pasear a Europa quedaban en automático fuera del programa porque habían partido sin autorización. Posterior a ese comentario, la única información que recibieron por parte de los encargados del programa fue que a las 10 de la mañana iban a tener una revisión de rutina por parte de la autoridad de migración y llegada la hora arribó al lugar un autobús junto con los agentes migratorios.

“Nos pidieron que saliéramos en grupo de cuatro personas, creímos que nos iban a pasar a una sala para platicar, pero el agente de migración nos dijo que nos trajéramos todas sus cosas porque a la universidad ya no íbamos a volver”, relató Paola Hernández.

A todos los subieron al autobús y arriba les dicen que van para la oficina de migración. Al llegar a este lugar bajan a un primer grupo de 4 personas de la escuela de gastronomía de Acapulco, el resto de los estudiantes permaneció a bordo hasta las 2 de la tarde.

Como eran muchos, a unos estudiantes los entrevistaron en el camión y la intérprete era vía telefónica. Posteriormente los llevan a todos a la oficina de migración y nuevamente les pidieron ratificar su declaración, ahora uno por uno.

Una vez terminado el segundo interrogatorio, les informaron que iban a ser trasladadas a otro edificio de migración cerca de la ciudad de Beerseba; antes del traslado las llevaron escoltadas a los departamentos y tuvieron solamente 20 minutos para recoger todas sus cosas y echarlas a la maleta.

“Preguntamos a dónde íbamos y nos dijeron que a prisión”, manifestó Denisse Arjona, quien señaló que las trataron como delincuentes, porque aunque el nombre oficial del lugar a donde las trasladaron era Centro de Detención para Migrantes, era una cárcel como cualesquier otra.

A su arribo a este centro, durmieron en el suelo de los separos porque lo único que había era una silla de metal, en este lugar fueron separadas y no supieron nada una de la otra hasta el día siguiente. Posteriormente los pasaron a otro cuarto donde personal de migración las hizo que vaciaran sus maletas en bolsas negras, nos quitaron nuestros celulares y luego las llevaron a la cárcel para mujeres, donde tenían encerradas a personas de todas las nacionalidades, detenidas por uno u otro delito migratorio.

“Nos esposaron como los delincuentes, si ibas sola te ponían las esposas en las dos manos, pero si ibas con otra personas nos esposaban a las dos”.

Relatan que el lugar era como cualquier otra cárcel, dormían varias mujeres en una celda, en el espacio que compartía Vianney no tenía escusado, era prácticamente un hoyo. Para fortuna de ellas, como eran 12 mujeres, las separaron en dos grupos de 6 y en todo momento estuvieron juntas.

Antes de entrar a su celda, las pasaron a un lugar donde les pidieron que tomaran una colcha, una manta, un plato y un vaso. En la cárcel pedían agua y el guardia les pedía dinero porque en el interior del centro de detención había una tiendita donde podían comprar agua u otro tipo de alimentos diferentes a los que daban en la prisión.

“Duramos incomunicadas miércoles y jueves, pudimos llamar el jueves a la embajada y fue cuando surge el reclamo de la cancillería, porque las autoridades de Israel nunca notificaron de nuestra detención”.

Ese mismo jueves 28 de marzo por la noche, con el apoyo de la cancillería y luego de las declaraciones, les dieron el beneficio de salir de las celdas, porque comprobó la autoridad de aquel país que las jóvenes eran víctimas de trata de personas con fines laborales y de inmediato fueron trasladadas a un refugio especializado para ese tipo de casos.

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A pesar de lo cansado del viaje, Vianey García, Paola Hernández y Denisse Arjona relataron el viacrucis que vivieron en Tierra Santa. Todo comenzó el martes 26 de marzo, cuando Ronen Shay, dueño de Ronen Shay Consulting and Training RSC Ltd. y Chilit Raviv, gerente de Capacitación del Centro para el Avance Profesional de Hospitalidad en Israel, citaron en las instalaciones de la Universidad de Ben-Gurión campus Eilat a todos los mexicanos que estaban de intercambio.

Minutos antes del arribo del personal de migración, Chilit Raviv les informó a todos que los cinco chihuahuenses que se fueron a pasear a Europa quedaban en automático fuera del programa porque habían partido sin autorización. Posterior a ese comentario, la única información que recibieron por parte de los encargados del programa fue que a las 10 de la mañana iban a tener una revisión de rutina por parte de la autoridad de migración y llegada la hora arribó al lugar un autobús junto con los agentes migratorios.

“Nos pidieron que saliéramos en grupo de cuatro personas, creímos que nos iban a pasar a una sala para platicar, pero el agente de migración nos dijo que nos trajéramos todas sus cosas porque a la universidad ya no íbamos a volver”, relató Paola Hernández.

A todos los subieron al autobús y arriba les dicen que van para la oficina de migración. Al llegar a este lugar bajan a un primer grupo de 4 personas de la escuela de gastronomía de Acapulco, el resto de los estudiantes permaneció a bordo hasta las 2 de la tarde.

Como eran muchos, a unos estudiantes los entrevistaron en el camión y la intérprete era vía telefónica. Posteriormente los llevan a todos a la oficina de migración y nuevamente les pidieron ratificar su declaración, ahora uno por uno.

Una vez terminado el segundo interrogatorio, les informaron que iban a ser trasladadas a otro edificio de migración cerca de la ciudad de Beerseba; antes del traslado las llevaron escoltadas a los departamentos y tuvieron solamente 20 minutos para recoger todas sus cosas y echarlas a la maleta.

“Preguntamos a dónde íbamos y nos dijeron que a prisión”, manifestó Denisse Arjona, quien señaló que las trataron como delincuentes, porque aunque el nombre oficial del lugar a donde las trasladaron era Centro de Detención para Migrantes, era una cárcel como cualesquier otra.

A su arribo a este centro, durmieron en el suelo de los separos porque lo único que había era una silla de metal, en este lugar fueron separadas y no supieron nada una de la otra hasta el día siguiente. Posteriormente los pasaron a otro cuarto donde personal de migración las hizo que vaciaran sus maletas en bolsas negras, nos quitaron nuestros celulares y luego las llevaron a la cárcel para mujeres, donde tenían encerradas a personas de todas las nacionalidades, detenidas por uno u otro delito migratorio.

“Nos esposaron como los delincuentes, si ibas sola te ponían las esposas en las dos manos, pero si ibas con otra personas nos esposaban a las dos”.

Relatan que el lugar era como cualquier otra cárcel, dormían varias mujeres en una celda, en el espacio que compartía Vianney no tenía escusado, era prácticamente un hoyo. Para fortuna de ellas, como eran 12 mujeres, las separaron en dos grupos de 6 y en todo momento estuvieron juntas.

Antes de entrar a su celda, las pasaron a un lugar donde les pidieron que tomaran una colcha, una manta, un plato y un vaso. En la cárcel pedían agua y el guardia les pedía dinero porque en el interior del centro de detención había una tiendita donde podían comprar agua u otro tipo de alimentos diferentes a los que daban en la prisión.

“Duramos incomunicadas miércoles y jueves, pudimos llamar el jueves a la embajada y fue cuando surge el reclamo de la cancillería, porque las autoridades de Israel nunca notificaron de nuestra detención”.

Ese mismo jueves 28 de marzo por la noche, con el apoyo de la cancillería y luego de las declaraciones, les dieron el beneficio de salir de las celdas, porque comprobó la autoridad de aquel país que las jóvenes eran víctimas de trata de personas con fines laborales y de inmediato fueron trasladadas a un refugio especializado para ese tipo de casos.

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