/ lunes 17 de febrero de 2020

Servicio en el IMSS, a un paso del colapso

El área de servicios es diminuta en comparación con la demanda; el más claro ejemplo es urgencias

La falta de personal, materiales, y medicamentos en el Instituto Mexicano del Seguro Social es evidente, el servicio se encuentra a un paso del colapso. Tan sólo en el Hospital General Regional Número 1 en la capital, los pasillos del área de urgencias, la sala de adultos y el módulo de primer contacto se encuentran llenos y los pacientes tienen que llevar sus insumos de curación.

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El área de estos servicios ha quedado diminuta en comparación a la demanda, la gente llega solicitando el servicio médico y deben de esperar a que el médico en turno determine si puede pasar o no al área de primer contacto donde será revisada a conciencia y en el mejor de los casos atendida. Quienes no pasan el filtro regresaran por donde vinieron.

El calvario del paciente y los familiares se prolonga porque el área de primer contacto está saturada, los pacientes se encuentran sentados en las sillas, y como son tantos, han tenido que tomar hileras de sillas, tipo autobús, de la sala de espera para colocarlas en los pasillos y puedan estar en el nosocomio.

Los padecimientos son muchos y muy variados, hay quienes llegan con descompensaciones de hipertensión arterial, glucosa o bien enfermedades ya complicadas donde se tienen comprometidos órganos vitales.

Tal es el caso de Lucy, una mujer dedicada a la limpieza de viviendas, diagnosticada con diabetes mal cuidada. El padecimiento la hizo bajar de peso, y con altibajos se mantenía, sin embargo de repente empezó a engordar, más bien a inflarse. Acudió a su Unidad de Medicina Familiar le dijeron que probablemente era tiroides. Mientras esperaba resultados su salud empeoraba, seguía inflándose al grado que era un pedacito de cuello lo que se le alcanzaba a ver. La ropa dejó de quedarle y los zapatos de entrarle.

Su condición seguía empeorando, pero nunca fue remitida al especialista. El pasado domingo ya no podía caminar. Y aunque buscó ayuda en el Hospital General Salvador Zubirán no la recibieron por ser derechohabiente del IMSS. Ese mismo día terminó en el área de urgencias del Morelos, como se le conoce al HGR. Su condición se valió para pasar el filtro. En el área de primer contacto la sentaron en las sillas como a todos los demás. Con una especie de lápiz le “picaron” la barriga y le colocaron una sonda, pero no drenaba agua, una enfermera decidió retirársela y le puso una gasa. El dolor, el cansancio y la angustia la tumbaron, por unas horas se quedó dormida, aún con la incomodidad de la silla. Nadie podía acompañarla, ya que el cuartito es diminuto, por lo que sus hijos esperaban afuera.

Al despertar, descubrió que estaba toda empapada, el agua acumulada por la insuficiencia renal estaba drenando por el área abdominal y por un pie que se reventó por la acumulación de agua. Le marcó a su hijo para que le ayudara, las enfermeras no lo hicieron. La llevó al baño, tremendamente sucio y en condiciones deplorables. Casi quería cargarla, pues temía que por el pie contrajera alguna infección y su condición fuera peor.

Buscó ayuda, pero era como si los oídos fueran sordos, fue el módulo de atención para solicitar una cama, el personal sólo sigue la inercia, están pero no atienden y mucho menos resuelven. Incluso habló a nivel nacional para implorar ayuda, por suerte una mujer le contestó y dio instrucciones para que la atendieran. También fue con el director del nosocomio, donde antes de ingresar tiene que llenar una hoja explicando el caso, si consideran que es relevante lo reciben, de lo contrario sólo lo hacen esperar.

Al ingresar con el médico lo único que le dijo fue “si vienes por cama, no hay”. La única opción era llevársela sin firmar el alta con las consecuencias legales para el nosocomio.

Empezaron a revisar opciones, ver en qué lugar podían atenderla, cuando les avisan que hay un espacio en uno de los 4 módulos de la sala de adultos, pero no hay cama. Quisieron rentar una, pero él mismo nosocomio les impidió su ingreso. Al final consiguieron una camilla.

El calvario no terminó, pues no había insumos para curar las heridas, al igual que todos los que estaban en el módulo tuvieron que comprar alcohol, gasas, e isodine para lavar las heridas y evitar una infección, que por su diabetes podría derivar en una amputación.

El vecino de al lado sufrió una descompensación, no había medicamentos ni tampoco tenía dinero para comprarlo.

La falta de medicinas e insumos es un problema latente, la gente llega con la esperanza de recuperar la salud y sólo obtiene paliativos.

Desde hace meses, el gobierno federal debió de haber logrado la compra de los insumos, sin embargo la Secretaría de Hacienda no ha podido concretar la compra consolidada, los proveedores se echan para atrás y no ha habido adjudicaciones. Se espera que para el mes de abril se logre concretar.

En Juárez, el personal de enfermería ha protestado por la falta de insumos, pues la manera de enviar las dotaciones también ha cambiado, antes se enviaban al por mayor, ahora todo fluye a cuenta gotas, mientras la salud de los derechohabientes se esfuma.

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Tal es el caso de Lucy, una mujer dedicada a la limpieza de viviendas, diagnosticada con diabetes mal cuidada. El padecimiento la hizo bajar de peso, y con altibajos se mantenía, sin embargo de repente empezó a engordar, más bien a inflarse. Acudió a su Unidad de Medicina Familiar le dijeron que probablemente era tiroides. Mientras esperaba resultados su salud empeoraba, seguía inflándose al grado que era un pedacito de cuello lo que se le alcanzaba a ver. La ropa dejó de quedarle y los zapatos de entrarle.

Su condición seguía empeorando, pero nunca fue remitida al especialista. El pasado domingo ya no podía caminar. Y aunque buscó ayuda en el Hospital General Salvador Zubirán no la recibieron por ser derechohabiente del IMSS. Ese mismo día terminó en el área de urgencias del Morelos, como se le conoce al HGR. Su condición se valió para pasar el filtro. En el área de primer contacto la sentaron en las sillas como a todos los demás. Con una especie de lápiz le “picaron” la barriga y le colocaron una sonda, pero no drenaba agua, una enfermera decidió retirársela y le puso una gasa. El dolor, el cansancio y la angustia la tumbaron, por unas horas se quedó dormida, aún con la incomodidad de la silla. Nadie podía acompañarla, ya que el cuartito es diminuto, por lo que sus hijos esperaban afuera.

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