/ viernes 9 de febrero de 2018

Sofía Talamantes víctima de las circuntancias

Estaba enamorada de un hombre que parecía decente, señaló su padre Carlos Talamantes

“Aunque estaba ahí recluida, lejos de ser una delincuente, era víctima de las circunstancias, era víctima de alguien que la estaba afectando. Alaín era un tipo de 1.90, corrioso, muy fuerte, y mi hija era una muchacha delgadita, frágil, y no me explico cómo permiten a alguien que ya tiene acusaciones de feminicidio haga visita conyugal que no es su esposa. A lo mejor en un arrebato de celos de él, sabiendo que ella tenía probabilidades de salir, y él por el homicidio sabía que no iba a dejar la cárcel y después se suicidó”, aseguró Carlos Talamantes Lozano, padre de Sofía Marina.

“Mi hija presenta muchas huellas de violencia, inclusive en las uñas se podían ver en el ataúd como mochadas, como que trató de defenderse”, acotó.

El señor Talamantes Lozano mencionó que en Ciudad Juárez dejó una niña de 4 años en orfandad, una mamá y una hermana que están inconsolables y no lo pueden creer.  Describió a su hija como una niña llena de vida, llena de planes. Con muchas habilidades, hablaba perfectamente inglés, había salido de las escuelas con las mejores notas, en su trabajo tenía buen puesto. No presentaba otros problemas, no tenía adicciones.

“Una cosa es que esté en la cárcel en un proceso, y otra es que sea una delincuente.  Ella estaba enamorada de un hombre que parecía decente. Llegando aquí a Chihuahua, pasan por otro muchacho de apellido Moreno y lo primero que hacen es asaltar un Bancomer en avenida de las Américas. Mi hija no supo qué hacer, muy sorprendida y asustada, se quedó callada. Tenía miedo. Al día siguiente le dijo el novio que manejara ella, tenía miedo de hablarme y no traía su celular porque se lo quitó el novio. La policía vio la camioneta con reporte de robo en Juárez y los detienen, como mi hija estaba manejando, le hicieron cargos de posesión de vehículo robado”, relató.

Mencionó que al no saber de su hija, viajó a Ciudad Juárez, cuando recibió la llamada del licenciado Galaviz avisándole que Sofía estaba acusada del delito de posesión de un auto. Describió a los expedientes como bien integrados, donde constaba que ella era ‘primo delincuente’, y que como no había daño patrimonial, ni se encontró el arma que denunció la víctima, se estaba trabajando para que Sofía saliera libre el 23 de febrero, cuando se había programado la audiencia. El padre visitó a Sofía cada domingo y martes, y recibió comentarios de los agentes del Ministerio Público y los abogados, que saldría pronto en libertad.

“La veía primero muy asustada, tenía mucha vergüenza, tenía mucho miedo. No supo que la troca era robada, porque estuvo manejando con llaves. Me dice que tenía mucho miedo, pero que también seguía enamorada de Alaín. Que un abogado de Juárez les estaba defendiendo, pero le dije que la iba a defender a un abogado amigo mío, quien trabajó las cosas de manera adecuada, sin apresuramientos, sin darnos falsas esperanzas”, refirió el señor Talamantes.

El domingo 4 de febrero, Carlos Talamantes acudió al Cereso y Sofía le contó que una amiga que fue al edificio de hombres, le entregó una carta de Alaín, y se la dio a leer.  En la carta se refería a ella como ‘wifie’, esposita, y le preguntó que cómo estaba su hija, pero él no era papá de la hija de Sofía, tenían una relación de menos de 6 meses, pidiéndole ayuda, que estaba incomunicado en una celda de alta seguridad, encerrado 24 horas al día de los 7 días de la semana, y que lo ayudara.

“Mira hasta dónde te ha arrastrado él, por él no viste a tu hija en Navidad, echaste a perder tu vida. Tiene cargos criminales de un feminicidio en Tijuana”, le recomendó el padre.  Posteriormente, el martes 6 fue notificado de la muerte de su hija a través de una llamada, y del posterior suicidio del asesino.

“Alaín estaba en alta seguridad y mi hija estaba en COC (un punto intermedio entre admisiones y módulos), todavía no pasaba en módulos, que ahí en módulos es donde ya podía hacer ciertas peticiones como si su esposo que estaba en el otro penal pudiera ir a verla. No nos explicamos cómo llegó, ella no tenía manera de ir allá, ni él salir acá. No sabemos dónde la mataron”, finalizó.

“Aunque estaba ahí recluida, lejos de ser una delincuente, era víctima de las circunstancias, era víctima de alguien que la estaba afectando. Alaín era un tipo de 1.90, corrioso, muy fuerte, y mi hija era una muchacha delgadita, frágil, y no me explico cómo permiten a alguien que ya tiene acusaciones de feminicidio haga visita conyugal que no es su esposa. A lo mejor en un arrebato de celos de él, sabiendo que ella tenía probabilidades de salir, y él por el homicidio sabía que no iba a dejar la cárcel y después se suicidó”, aseguró Carlos Talamantes Lozano, padre de Sofía Marina.

“Mi hija presenta muchas huellas de violencia, inclusive en las uñas se podían ver en el ataúd como mochadas, como que trató de defenderse”, acotó.

El señor Talamantes Lozano mencionó que en Ciudad Juárez dejó una niña de 4 años en orfandad, una mamá y una hermana que están inconsolables y no lo pueden creer.  Describió a su hija como una niña llena de vida, llena de planes. Con muchas habilidades, hablaba perfectamente inglés, había salido de las escuelas con las mejores notas, en su trabajo tenía buen puesto. No presentaba otros problemas, no tenía adicciones.

“Una cosa es que esté en la cárcel en un proceso, y otra es que sea una delincuente.  Ella estaba enamorada de un hombre que parecía decente. Llegando aquí a Chihuahua, pasan por otro muchacho de apellido Moreno y lo primero que hacen es asaltar un Bancomer en avenida de las Américas. Mi hija no supo qué hacer, muy sorprendida y asustada, se quedó callada. Tenía miedo. Al día siguiente le dijo el novio que manejara ella, tenía miedo de hablarme y no traía su celular porque se lo quitó el novio. La policía vio la camioneta con reporte de robo en Juárez y los detienen, como mi hija estaba manejando, le hicieron cargos de posesión de vehículo robado”, relató.

Mencionó que al no saber de su hija, viajó a Ciudad Juárez, cuando recibió la llamada del licenciado Galaviz avisándole que Sofía estaba acusada del delito de posesión de un auto. Describió a los expedientes como bien integrados, donde constaba que ella era ‘primo delincuente’, y que como no había daño patrimonial, ni se encontró el arma que denunció la víctima, se estaba trabajando para que Sofía saliera libre el 23 de febrero, cuando se había programado la audiencia. El padre visitó a Sofía cada domingo y martes, y recibió comentarios de los agentes del Ministerio Público y los abogados, que saldría pronto en libertad.

“La veía primero muy asustada, tenía mucha vergüenza, tenía mucho miedo. No supo que la troca era robada, porque estuvo manejando con llaves. Me dice que tenía mucho miedo, pero que también seguía enamorada de Alaín. Que un abogado de Juárez les estaba defendiendo, pero le dije que la iba a defender a un abogado amigo mío, quien trabajó las cosas de manera adecuada, sin apresuramientos, sin darnos falsas esperanzas”, refirió el señor Talamantes.

El domingo 4 de febrero, Carlos Talamantes acudió al Cereso y Sofía le contó que una amiga que fue al edificio de hombres, le entregó una carta de Alaín, y se la dio a leer.  En la carta se refería a ella como ‘wifie’, esposita, y le preguntó que cómo estaba su hija, pero él no era papá de la hija de Sofía, tenían una relación de menos de 6 meses, pidiéndole ayuda, que estaba incomunicado en una celda de alta seguridad, encerrado 24 horas al día de los 7 días de la semana, y que lo ayudara.

“Mira hasta dónde te ha arrastrado él, por él no viste a tu hija en Navidad, echaste a perder tu vida. Tiene cargos criminales de un feminicidio en Tijuana”, le recomendó el padre.  Posteriormente, el martes 6 fue notificado de la muerte de su hija a través de una llamada, y del posterior suicidio del asesino.

“Alaín estaba en alta seguridad y mi hija estaba en COC (un punto intermedio entre admisiones y módulos), todavía no pasaba en módulos, que ahí en módulos es donde ya podía hacer ciertas peticiones como si su esposo que estaba en el otro penal pudiera ir a verla. No nos explicamos cómo llegó, ella no tenía manera de ir allá, ni él salir acá. No sabemos dónde la mataron”, finalizó.

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