/ miércoles 16 de mayo de 2018

Comparte saber y le retribuyen con energía

Claudio Arzola Álvarez, profesor a sus 75 años

Sus alumnos le inyectan vitalidad y alegría para continuar con sus clases y trabajos de investigación, pues el doctor Claudio Arzola Álvarez considera que mientras él les comparte su saber, ellos le retribuyen con su energía. Tiene 75 años de edad y desde hace 39 años es parte del cuerpo académico de la Facultad de Zootecnia de la Universidad Autónoma de Chihuahua.


El doctor Arzola, como lo conocen en la unidad académica, fue el primer master de la Universidad Autónoma de Chihuahua, ha sido parte de los cambios que se han dado en la universidad, pues impulsó la creación del área de investigación y posgrado, y con orgullo fue parte del primer cuerpo académico reconocido a nivel nacional, mismo que actualmente se conforma con más de 20 investigadores todos inscritos en el Sistema Nacional de Investigadores, quienes publican artículos científicos indexados.


Sentado en la sala de maestros de su amada facultad, recuerda que llegó a la Escuela de Ganadería en 1964 para cursar la carrera de Zootecnia.


Al culminar sus estudios le tocó la suerte de contar con el apoyo del rector Manuel Russek Gameros, quien para ese entonces ya tenía una visión de internacionalización para los egresados, por ello logró irse a estudiar la maestría en Zootecnia orientada a Nutrición Animal a la New Mexico State University.


Al regresar a Chihuahua, pretendía dedicarse a la investigación en la posta zootecnia La Campaña, pero los alumnos que cursaban la carrera propusieron que el primer maestro en Ciencias les diera clase, sin embargo el rector no quería, ante esa situación los alumnos realizaron una protesta.


“Yo entré a la universidad con calzador”, reconoce.


Los alumnos de ese entonces buscaban que el docente les compartiera su experiencia en otro país. Empezó dando todas las clases “No había maestros, era el mil usos, daba de chile, dulce y manteca. Daba 8 horas diarias de clase”.


Recuerda que al ser la primera escuela de Zootecnia en el país recibían alumnos de todas partes de México y de algunas zonas de Sudamérica.


Durante algunos años, se retiró de la UACh para probar suerte en el Colegio Superior de Agricultura Tropical, sin embargo el terruño lo llamó y decidió regresar para irse a cursar el doctorado en la New Mexico State University en Ciencia Animal con énfasis en nutrición, pues afirma que la calidad entra por la boca.


Cuando regresa a la UACh, le toca ser parte del movimiento estudiantil de la década de los ochenta que derivó en la caída de Reyes Humberto de las Casas Duarte, quien buscaba reelegirse como rector por tercera vez. “Veíamos la necesidad de un cambio”.


Fue entonces que colaboró para la creación del área de Investigación y Posgrado, que actualmente es robusta y se conforma con muchas maestrías y doctorados certificados. Con el rector Rodolfo Torres Medina siguió colaborando en el área y al llegar el rector Carlos Ochoa Ortega lo dejó como secretario técnico, donde se encargó de apoyar la fundación del primer centro de cómputo en la Facultad de Zootecnia, modelo que se replicó en toda la universidad.


“La administración quita mucho tiempo para el desarrollo de la investigación y llegó el momento en el que dije ‘ya tengo que evolucionar en lo que me prepararon’”, el profe regresó a dar clases y a la investigación. “Nosotros formamos el primer cuerpo académico de la universidad y fue uno de los primeros en el país, tenemos el CA1”.


Afirma que la producción de un investigador se mide en la cantidad de artículos científicos indexados en bases de datos internacionales. “Para que haya éxito en investigación y docencia debemos de tener buenos equipos de trabajo y laboratorios. Aquí los tenemos”.


Actualmente, el doctor Arzola está dedicado a la investigación e imparte materias universitarias. No planea retirarse hasta culminar sus proyectos de investigación, los cuales aún trabajará por los próximos 3 años. Aunque su familia ya le dice que se jubile, afirma que tiene pila para rato. “Parte del secreto es que los muchachos nos comparten su vitalidad y alegría. Yo todavía tengo energía”.


A los nuevos maestros les recomendó que lo hagan con pasión y convencimiento de que su labor es positiva, que no sea únicamente por el prestigio, “ser maestro universitario es un honor y si uno lo hace plenamente convencido de que está apoyando a los muchachos y a su sociedad, sus alumnos tendrán una vida muy productiva”.

Sus alumnos le inyectan vitalidad y alegría para continuar con sus clases y trabajos de investigación, pues el doctor Claudio Arzola Álvarez considera que mientras él les comparte su saber, ellos le retribuyen con su energía. Tiene 75 años de edad y desde hace 39 años es parte del cuerpo académico de la Facultad de Zootecnia de la Universidad Autónoma de Chihuahua.


El doctor Arzola, como lo conocen en la unidad académica, fue el primer master de la Universidad Autónoma de Chihuahua, ha sido parte de los cambios que se han dado en la universidad, pues impulsó la creación del área de investigación y posgrado, y con orgullo fue parte del primer cuerpo académico reconocido a nivel nacional, mismo que actualmente se conforma con más de 20 investigadores todos inscritos en el Sistema Nacional de Investigadores, quienes publican artículos científicos indexados.


Sentado en la sala de maestros de su amada facultad, recuerda que llegó a la Escuela de Ganadería en 1964 para cursar la carrera de Zootecnia.


Al culminar sus estudios le tocó la suerte de contar con el apoyo del rector Manuel Russek Gameros, quien para ese entonces ya tenía una visión de internacionalización para los egresados, por ello logró irse a estudiar la maestría en Zootecnia orientada a Nutrición Animal a la New Mexico State University.


Al regresar a Chihuahua, pretendía dedicarse a la investigación en la posta zootecnia La Campaña, pero los alumnos que cursaban la carrera propusieron que el primer maestro en Ciencias les diera clase, sin embargo el rector no quería, ante esa situación los alumnos realizaron una protesta.


“Yo entré a la universidad con calzador”, reconoce.


Los alumnos de ese entonces buscaban que el docente les compartiera su experiencia en otro país. Empezó dando todas las clases “No había maestros, era el mil usos, daba de chile, dulce y manteca. Daba 8 horas diarias de clase”.


Recuerda que al ser la primera escuela de Zootecnia en el país recibían alumnos de todas partes de México y de algunas zonas de Sudamérica.


Durante algunos años, se retiró de la UACh para probar suerte en el Colegio Superior de Agricultura Tropical, sin embargo el terruño lo llamó y decidió regresar para irse a cursar el doctorado en la New Mexico State University en Ciencia Animal con énfasis en nutrición, pues afirma que la calidad entra por la boca.


Cuando regresa a la UACh, le toca ser parte del movimiento estudiantil de la década de los ochenta que derivó en la caída de Reyes Humberto de las Casas Duarte, quien buscaba reelegirse como rector por tercera vez. “Veíamos la necesidad de un cambio”.


Fue entonces que colaboró para la creación del área de Investigación y Posgrado, que actualmente es robusta y se conforma con muchas maestrías y doctorados certificados. Con el rector Rodolfo Torres Medina siguió colaborando en el área y al llegar el rector Carlos Ochoa Ortega lo dejó como secretario técnico, donde se encargó de apoyar la fundación del primer centro de cómputo en la Facultad de Zootecnia, modelo que se replicó en toda la universidad.


“La administración quita mucho tiempo para el desarrollo de la investigación y llegó el momento en el que dije ‘ya tengo que evolucionar en lo que me prepararon’”, el profe regresó a dar clases y a la investigación. “Nosotros formamos el primer cuerpo académico de la universidad y fue uno de los primeros en el país, tenemos el CA1”.


Afirma que la producción de un investigador se mide en la cantidad de artículos científicos indexados en bases de datos internacionales. “Para que haya éxito en investigación y docencia debemos de tener buenos equipos de trabajo y laboratorios. Aquí los tenemos”.


Actualmente, el doctor Arzola está dedicado a la investigación e imparte materias universitarias. No planea retirarse hasta culminar sus proyectos de investigación, los cuales aún trabajará por los próximos 3 años. Aunque su familia ya le dice que se jubile, afirma que tiene pila para rato. “Parte del secreto es que los muchachos nos comparten su vitalidad y alegría. Yo todavía tengo energía”.


A los nuevos maestros les recomendó que lo hagan con pasión y convencimiento de que su labor es positiva, que no sea únicamente por el prestigio, “ser maestro universitario es un honor y si uno lo hace plenamente convencido de que está apoyando a los muchachos y a su sociedad, sus alumnos tendrán una vida muy productiva”.

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