/ jueves 1 de agosto de 2019

Narra el "Ronco" tragedia de las "Siete cabecitas"

Tras choque abanderó el lugar para evitar siniestro mayor

Hoy se cumplen 80 años de una de las tragedias más simbólicas de Chihuahua, siendo el accidente carretero que costó la vida de siete niños sobre el tramo libre de la carretera de Chihuahua a Ciudad Juárez, ocurrido el 1 de agosto de 1939.

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Los registros del hecho señalan que ese día un grupo de 25 niños y adolescentes, miembros de la Asociación Cristiana de Jóvenes, viajaban al Parque Nacional Cumbres de Majalca con el fin de acampar por ocho días.

Alberto Contreras Rubalcaba, el último de los sobrevivientes con vida, explicó cómo recuerda aquella tragedia en entrevista para El Heraldo de Chihuahua: “La Guay nos organizaron el campamento a Majalca, que es un lugar muy bonito. Convocó a los papás y pidió los permisos correspondientes para que los jóvenes asistiéramos”.

Alberto, conocido en el mundo de la tauromaquia como “el Ronco” Contreras, explicó que los asistentes se reunieron en las instalaciones de la Guay para salir, a donde llevaron provisiones, comida, cobijas para pasar la noche, entre otras cosas.

“El profesor Francisco Balderrama era el encargado del grupo, él iba adentro de la cabina, mientras que todos los chavos íbamos en la parte trasera, en donde están las redilas, sentados sobre las cajas y los costales y bolsas de comida”.

Conteras Rubalcaba platica que cerca de las 5 de la tarde ocurrió el fatal accidente cuando un camión de volteo se quedó sin frenos e impactó el camión que llevaba a los 25 niños justo en el tramo que es conocido como “La Curva del Muerto”, ocasionando el accidente automovilístico que costó la vida de siete de esos 25 menores.

“La razón por la que me salvé es muy curiosa; mi mamá me había contado un chiste ‘en todo pueblo hay un loco y en una ocasión un ranchero le pidió que espantara a una vaca, por lo que el loco le gritó ¡Vaca, tu mamá se murió!’, por lo que yo al ver un becerro del otro lado del camino, crucé la camioneta para gritarle ¡tu mamá se murió! Pero antes de que le gritara, el otro camión nos golpeó justo en la parte en que yo iba”.

Luego de ser impactado, el camión se volteó sobre el camino, ocasionando un trágico escenario, con los cuerpos de los pequeños Venancio Gabriel Gardea, Armando Gutiérrez Balderrama, Jorge Giácoman, Luis Díaz García, Teodoro Faulkner, Alberto Méndez Peña y Horacio Brondo Valdez, lamentablemente sin vida.

“En el camino quedó todo regado, la comida, la ropa y cobijas que llevábamos, los pedazos de las cajas en que íbamos sentados, la sangre de los niños heridos, así como los cuerpos de mis compañeros que habían perdido la vida”.

Tras el accidente, “el Ronco” Contreras explicó que corrió hacia la cima de la curva, en donde aún bajaban vehículos que venían de Ciudad Juárez, portando la bandera de la asociación, con el fin de prevenir que ocurriera un hecho consecuente.

“Me puse en la parte más alta para ondear la bandera y decirles que había un accidente más abajo; muchos de los que pasaban llegaban a ayudar a los niños, les daban aventón de regreso a Chihuahua, me acuerdo que yo fui de los últimos que regresó y mis hermanas estaban todas asustadas, ya que habían llegado todos los niños y yo venía a mero atrás”.

Días después del lamentable hecho los padres de seis de los siete fallecidos se reunieron en las instalaciones de la Guay para hacer la marcha fúnebre con rumbo al panteón de Dolores, en donde fueron sepultados.

“Nunca he visto un evento igual, todo Chihuahua se entristeció ese día, los locales cerraron, la gente no trabajó, todos se reunieron en la Guay para seguir a las carrozas; recuerdo que cuando los primeros llegaron al panteón, los últimos apenas iban saliendo de la Guay, así de lleno estuvo el evento”.

El séptimo niño que perdió la vida fue llevado por sus familiares a Colorado, en Estados Unidos, en donde fue sepultado tras el accidente. Mientras, el 26 de mayo de 1940 se inauguró el monumento comúnmente llamado “las siete cabecitas”, en memoria de las víctimas del fatal accidente.

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Los registros del hecho señalan que ese día un grupo de 25 niños y adolescentes, miembros de la Asociación Cristiana de Jóvenes, viajaban al Parque Nacional Cumbres de Majalca con el fin de acampar por ocho días.

Alberto Contreras Rubalcaba, el último de los sobrevivientes con vida, explicó cómo recuerda aquella tragedia en entrevista para El Heraldo de Chihuahua: “La Guay nos organizaron el campamento a Majalca, que es un lugar muy bonito. Convocó a los papás y pidió los permisos correspondientes para que los jóvenes asistiéramos”.

Alberto, conocido en el mundo de la tauromaquia como “el Ronco” Contreras, explicó que los asistentes se reunieron en las instalaciones de la Guay para salir, a donde llevaron provisiones, comida, cobijas para pasar la noche, entre otras cosas.

“El profesor Francisco Balderrama era el encargado del grupo, él iba adentro de la cabina, mientras que todos los chavos íbamos en la parte trasera, en donde están las redilas, sentados sobre las cajas y los costales y bolsas de comida”.

Conteras Rubalcaba platica que cerca de las 5 de la tarde ocurrió el fatal accidente cuando un camión de volteo se quedó sin frenos e impactó el camión que llevaba a los 25 niños justo en el tramo que es conocido como “La Curva del Muerto”, ocasionando el accidente automovilístico que costó la vida de siete de esos 25 menores.

“La razón por la que me salvé es muy curiosa; mi mamá me había contado un chiste ‘en todo pueblo hay un loco y en una ocasión un ranchero le pidió que espantara a una vaca, por lo que el loco le gritó ¡Vaca, tu mamá se murió!’, por lo que yo al ver un becerro del otro lado del camino, crucé la camioneta para gritarle ¡tu mamá se murió! Pero antes de que le gritara, el otro camión nos golpeó justo en la parte en que yo iba”.

Luego de ser impactado, el camión se volteó sobre el camino, ocasionando un trágico escenario, con los cuerpos de los pequeños Venancio Gabriel Gardea, Armando Gutiérrez Balderrama, Jorge Giácoman, Luis Díaz García, Teodoro Faulkner, Alberto Méndez Peña y Horacio Brondo Valdez, lamentablemente sin vida.

“En el camino quedó todo regado, la comida, la ropa y cobijas que llevábamos, los pedazos de las cajas en que íbamos sentados, la sangre de los niños heridos, así como los cuerpos de mis compañeros que habían perdido la vida”.

Tras el accidente, “el Ronco” Contreras explicó que corrió hacia la cima de la curva, en donde aún bajaban vehículos que venían de Ciudad Juárez, portando la bandera de la asociación, con el fin de prevenir que ocurriera un hecho consecuente.

“Me puse en la parte más alta para ondear la bandera y decirles que había un accidente más abajo; muchos de los que pasaban llegaban a ayudar a los niños, les daban aventón de regreso a Chihuahua, me acuerdo que yo fui de los últimos que regresó y mis hermanas estaban todas asustadas, ya que habían llegado todos los niños y yo venía a mero atrás”.

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