/ sábado 15 de mayo de 2021

Un trabajo arduo pero muy gratificante: Maestra Laura  

Para ella la pandemia ha representado un gran reto, sobre todo salir de su aula llena de recursos didácticos e irse a su casa a trabajar, improvisando materiales

El celular se ha convertido en su centro de trabajo y un grupo de WhatsApp en su salón de clases, la pandemia los mandó a sus hogares y ha sido todo un reto impartir clases de manera remota, afirma Laura Ivonne Ortiz Durán, maestra de educación especial en el Centro de Atención Múltiple Juan Jacobo Rousseau 7009.

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Ser maestra le deja una gran satisfacción, pero sin duda la pandemia a causa del virus SARS CoV2 y la enfermedad Covid-19 los ha llevado a explorar nuevos caminos tecnológicos para que el aprendizaje llegue a cada uno de sus alumnos, así como diseñar estrategias virtuales, impresas y auditivas para quienes no cuentan con acceso a internet.

Laura Ivonne Ortiz Durán es licenciada en Educación Preescolar, sin embargo desde que egresó se ha dedicado a trabajar con niños con necesidades educativas especiales, ya tiene 14 años. Con la pandemia no hay horarios, el trabajo se incrementa y se llegan a sacrificar tiempos con la familia, pero afirma que vale la pena al ver el avance.

En el Centro de Atención Múltiple Juan Jacobo Rousseau atiende el grupo de primaria nivel 2, donde atiende a 11 alumnos de cuarto, quinto y sexto grado de primaria con discapacidad múltiple, entre las discapacidades está Síndrome Down, Trastorno del Espectro Autista, Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, Parálisis Cerebral Infantil y Síndrome de Edwards.

Para ella la pandemia ha representado un gran reto, sobre todo salir de su aula llena de recursos didácticos e irse a su casa a trabajar, improvisando materiales y buscando la manera para que cada uno de sus alumnos y padres de familia no se desanimaran.

Edwing, Richi, Toño, David, Armando, Dany, Brendi, Damián, Frida, Renata y José son los alumnos de Laura, quienes junto con sus familias conforman grupo muy activo y participativo, al principio no fue tan difícil porque todos pensaron que se trataba de un tiempo corto, tal vez 15 días como en la pandemia por influenza, sin embargo conforme fue avanzando el tiempo hubo necesidad de cambiar la forma de enseñar y las estrategias para impactar en cada uno de sus chicos.

Aunque Laura tenía su computadora, se empezó a poner lenta a requerir otros programas, y tener que buscar recursos tecnológicos apropiados, tuvo que mejorar su señal de internet, porque era carente. Un reto más fue aprender el uso de muchas herramientas, programas y estrategias para las plataformas.

“Tenemos que estar conscientes de que la tecnología no llega como quisiéramos”, afirma, pues de sus alumnos tres no contaban con internet, ahora sólo uno, sin embargo como maestra tiene que llegar a los once de alguna manera, lo que más le ha funcionado son las llamadas telefónicas y el contacto constante, que a pesar del confinamiento sepan que están cerca.

La dinámica escolar diaria se desarrolla en un grupito de WhatsApp y una vez por semana se encuentran de manera virtual, se ven cara a cara a través de la pantalla y realizan una rutina parecida a la del aula, se saludan, cantan, bailan y ríen juntos.

¿Qué es lo que más extrañan? Se le pregunta a Laura, quien sin pensarlo afirma que el contacto, verlos, tocarlos, oírlos, “La educación es de contacto físico presencial y extraño estar con mis chicos, escucharlos en el salón, trabajar con ellos y ayudarles de manera personal”.

Aunque su horario de trabajo es por la mañana ha tenido que adaptarse a los horarios de las familias, la clase virtual se hace a las 16:00 horas.

En el CAM 7009 se cuenta con un equipo muy comprometido de psicología, trabajo social, comunicación, terapia física, y psicomotricidad, quienes en conjunto el diseño de estrategias se planean las actividades que se envían a través del grupo de Whats. Deben ser actividades significativas, no tan extensa y muy claras para el uso de materiales accesibles.

“Que trabajen con cucharas o zapatos, para cambiar el memorama, un bingo o números para una explicación sencilla, ha sido diseñar con materiales en casa, buscar estrategias que sean divertidas y que no impliquen gasto o riesgo”. Todo ello implica un mayor trabajo y tiempo, son estrategias alternas que usa para incentivar la participación.

Ella estableció horario para el saludo diario, para la explicación de la actividad, con quien no tiene Whats le habla por teléfono. Durante la mañana se la pasa animando a sus alumnos para que realicen la actividad.

A partir del mediodía empieza a recibir las actividades realizadas y entonces se da la retroalimentación de manera personal. En caso de ver que requiere reforzar algo se comunica de manera directa con la mamá y le explica.

A diario recibe videos de cada uno de sus alumnos, que son la evidencia de su actividad, lo que cuenta como su asistencia. Quien no puede enviar la evidencia debe justificar para que no sea una falta, ya que al siguiente día le envían las dos juntas. “Es un grupo muy activo con mucha participación de las familias”.

Si ella nota que alguna familia o alumno deja de participar, pues les marca para ver cómo andan, cómo se sienten o qué necesitan. En ocasiones sólo les habla para felicitarlos y eso ha sido un muy buen incentivo. Les envía mensajes personales y con ello ha logrado establecer la confianza con las mamás y papás, quienes en ocasiones también reciben la intervención de psicología porque los invade la desesperación ante esta situación tan incierta.

Un reto más fue combinar su labor profesional y personal, pues al estar en casa debe hacerse cargo de su casa, sus hijos, su trabajo y todo lo que ello implica. Reconoce que en ocasiones ha llegado a descuidar a sus hijos por cumplir con el trabajo. “Fue estresante querer cumplir con todo. Es difícil equilibrar la parte profesional y personal, no es imposible, pero sí implica mayor esfuerzo”.

Laura está agradecida con su familia por la paciencia, así como con su equipo de trabajo, que en tiempo de pandemia le ha dado soporte, respaldo e impulsa a mejorar cada día. Agradeció además a sus once chicos y sus familias porque al recibir sus trabajos la alientan a hacerlo mejor al siguiente día.

Laura exhortó a sus compañeros del magisterio a continuar avanzando y aprendiendo, pero sobre todo tener la disposición necesaria para estar al pendiente de sus alumnos, porque cada uno vive una situación particular.

“De nosotros depende que quieran ser mejores”.

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Laura Ivonne Ortiz Durán es licenciada en Educación Preescolar, sin embargo desde que egresó se ha dedicado a trabajar con niños con necesidades educativas especiales, ya tiene 14 años. Con la pandemia no hay horarios, el trabajo se incrementa y se llegan a sacrificar tiempos con la familia, pero afirma que vale la pena al ver el avance.

En el Centro de Atención Múltiple Juan Jacobo Rousseau atiende el grupo de primaria nivel 2, donde atiende a 11 alumnos de cuarto, quinto y sexto grado de primaria con discapacidad múltiple, entre las discapacidades está Síndrome Down, Trastorno del Espectro Autista, Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad, Parálisis Cerebral Infantil y Síndrome de Edwards.

Para ella la pandemia ha representado un gran reto, sobre todo salir de su aula llena de recursos didácticos e irse a su casa a trabajar, improvisando materiales y buscando la manera para que cada uno de sus alumnos y padres de familia no se desanimaran.

Edwing, Richi, Toño, David, Armando, Dany, Brendi, Damián, Frida, Renata y José son los alumnos de Laura, quienes junto con sus familias conforman grupo muy activo y participativo, al principio no fue tan difícil porque todos pensaron que se trataba de un tiempo corto, tal vez 15 días como en la pandemia por influenza, sin embargo conforme fue avanzando el tiempo hubo necesidad de cambiar la forma de enseñar y las estrategias para impactar en cada uno de sus chicos.

Aunque Laura tenía su computadora, se empezó a poner lenta a requerir otros programas, y tener que buscar recursos tecnológicos apropiados, tuvo que mejorar su señal de internet, porque era carente. Un reto más fue aprender el uso de muchas herramientas, programas y estrategias para las plataformas.

“Tenemos que estar conscientes de que la tecnología no llega como quisiéramos”, afirma, pues de sus alumnos tres no contaban con internet, ahora sólo uno, sin embargo como maestra tiene que llegar a los once de alguna manera, lo que más le ha funcionado son las llamadas telefónicas y el contacto constante, que a pesar del confinamiento sepan que están cerca.

La dinámica escolar diaria se desarrolla en un grupito de WhatsApp y una vez por semana se encuentran de manera virtual, se ven cara a cara a través de la pantalla y realizan una rutina parecida a la del aula, se saludan, cantan, bailan y ríen juntos.

¿Qué es lo que más extrañan? Se le pregunta a Laura, quien sin pensarlo afirma que el contacto, verlos, tocarlos, oírlos, “La educación es de contacto físico presencial y extraño estar con mis chicos, escucharlos en el salón, trabajar con ellos y ayudarles de manera personal”.

Aunque su horario de trabajo es por la mañana ha tenido que adaptarse a los horarios de las familias, la clase virtual se hace a las 16:00 horas.

En el CAM 7009 se cuenta con un equipo muy comprometido de psicología, trabajo social, comunicación, terapia física, y psicomotricidad, quienes en conjunto el diseño de estrategias se planean las actividades que se envían a través del grupo de Whats. Deben ser actividades significativas, no tan extensa y muy claras para el uso de materiales accesibles.

“Que trabajen con cucharas o zapatos, para cambiar el memorama, un bingo o números para una explicación sencilla, ha sido diseñar con materiales en casa, buscar estrategias que sean divertidas y que no impliquen gasto o riesgo”. Todo ello implica un mayor trabajo y tiempo, son estrategias alternas que usa para incentivar la participación.

Ella estableció horario para el saludo diario, para la explicación de la actividad, con quien no tiene Whats le habla por teléfono. Durante la mañana se la pasa animando a sus alumnos para que realicen la actividad.

A partir del mediodía empieza a recibir las actividades realizadas y entonces se da la retroalimentación de manera personal. En caso de ver que requiere reforzar algo se comunica de manera directa con la mamá y le explica.

A diario recibe videos de cada uno de sus alumnos, que son la evidencia de su actividad, lo que cuenta como su asistencia. Quien no puede enviar la evidencia debe justificar para que no sea una falta, ya que al siguiente día le envían las dos juntas. “Es un grupo muy activo con mucha participación de las familias”.

Si ella nota que alguna familia o alumno deja de participar, pues les marca para ver cómo andan, cómo se sienten o qué necesitan. En ocasiones sólo les habla para felicitarlos y eso ha sido un muy buen incentivo. Les envía mensajes personales y con ello ha logrado establecer la confianza con las mamás y papás, quienes en ocasiones también reciben la intervención de psicología porque los invade la desesperación ante esta situación tan incierta.

Un reto más fue combinar su labor profesional y personal, pues al estar en casa debe hacerse cargo de su casa, sus hijos, su trabajo y todo lo que ello implica. Reconoce que en ocasiones ha llegado a descuidar a sus hijos por cumplir con el trabajo. “Fue estresante querer cumplir con todo. Es difícil equilibrar la parte profesional y personal, no es imposible, pero sí implica mayor esfuerzo”.

Laura está agradecida con su familia por la paciencia, así como con su equipo de trabajo, que en tiempo de pandemia le ha dado soporte, respaldo e impulsa a mejorar cada día. Agradeció además a sus once chicos y sus familias porque al recibir sus trabajos la alientan a hacerlo mejor al siguiente día.

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“De nosotros depende que quieran ser mejores”.

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