/ domingo 8 de diciembre de 2019

"Nuestro Santaclós es muy pobre"

Para esta Nochebuena, Perla espera que el Niño Dios le traiga un balón de fútbol o de basquetbol

“Nuestro Santaclós es pobre, le digo a mi niña, por eso no le puede traer lo que ella le pide. Ella me pide muchas cosas, pero no me alcanza; no me alcanza, con lo que gano trabajando en casas; yo le compro de segundas”, expresó Juana Zamarrón Rosas, de su hija Perla Vanessa de 10 años, quien cursa el tercer año de primaria, en un internado de religiosas, mientras su madre trabaja limpiando casas.

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Lo que más le gustaría es peinar a muñecas con el cabello largo, o tener un balón de futbol sóccer, a lo que agregó que ya hay equipos de mujeres; o uno de basquetbol, para practicar, porque en la escuela está en un equipo. La familia vive en un cuartito con piso de tierra, que por caridad les han prestado en la zona de Ladrillera Sur, de donde son dueños únicamente de sus ropas, pues todo lo demás pertenece a quien se lo prestó, por lo que les urge cobijas para mitigar el frío y ropa abrigadora.

“Yo no puedo darte, mija, porque los pobres así somos y nuestro Santoclós es pobre. Lo que tienes es nada más es lo que Santoclós te puede dar”, agregó, la madre mortificada.

La familia proviene de la comunidad de Machogueachi, Carichí, en la Sierra Tarahumara, donde Juana pasó muchas vicisitudes, de lo que ella misma llama una ‘vida sufrida’. Fue madre de cuatro hijos, dos mujeres y dos varones, y el menor de ellos nació con discapacidad intelectual, que un médico de la serrana región, diagnosticó como ‘retraso mental con hiperactividad severa’.

Por doce años luchó por dar una vida llena de amor y con calidad a su muchachito, desafortunadamente su condición, la imposibilidad de dormir y complicaciones generales, su sufrimiento terminó hace cinco años, dejando una profunda herida en Juana. Sus hijos mayores hicieron sus vidas y sus propias familias, y está con ella Perla Vanessa, por quien se esfuerza cada día en proveerle, junto con su esposo que trabaja en la fabricación de ladrillos.

Luego cuidó de sus padres en sus últimos días, y al fallecer los dos, sintió que se quedó sola, y migró a la ciudad de Chihuahua, donde intenta empezar de nuevo, en un cuartito prestado, donde el único mueble que tiene es una cama, y la ropa la guarda en una maleta que trajo de la sierra y bolsas. Aunque el piso es de tierra, lo mantiene siempre muy barrido y regado; y la ropa la lava hincada en cubetas.

Con su trabajo en casa, a pesar de un severo desgaste de rodillas que la imposibilita a moverse por días; y el esfuerzo de su trabajo en la fabricación de ladrillos. Para Navidad, su ilusión es tener tamales para cenar, y ver una sonrisa en la carita de su hija, estrenando un regalo anhelado.

¿Desea ayudar?

Perla Vanessa quiere seguir creyendo en Santoclós, sin importar que ‘sea de pobres’, y con ilusión espera recibir una muñeca Barbie de cabello largo, o un balón de basquetbol o de futbol soccer. La familia requiere cobijas y ropa abrigadora, zapatos del número tres, para la señora Juana y para la niña Perla Vanessa, que son de la misma talla. También requieren despensa, para la alimentación diaria de la familia.

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Lo que más le gustaría es peinar a muñecas con el cabello largo, o tener un balón de futbol sóccer, a lo que agregó que ya hay equipos de mujeres; o uno de basquetbol, para practicar, porque en la escuela está en un equipo. La familia vive en un cuartito con piso de tierra, que por caridad les han prestado en la zona de Ladrillera Sur, de donde son dueños únicamente de sus ropas, pues todo lo demás pertenece a quien se lo prestó, por lo que les urge cobijas para mitigar el frío y ropa abrigadora.

“Yo no puedo darte, mija, porque los pobres así somos y nuestro Santoclós es pobre. Lo que tienes es nada más es lo que Santoclós te puede dar”, agregó, la madre mortificada.

La familia proviene de la comunidad de Machogueachi, Carichí, en la Sierra Tarahumara, donde Juana pasó muchas vicisitudes, de lo que ella misma llama una ‘vida sufrida’. Fue madre de cuatro hijos, dos mujeres y dos varones, y el menor de ellos nació con discapacidad intelectual, que un médico de la serrana región, diagnosticó como ‘retraso mental con hiperactividad severa’.

Por doce años luchó por dar una vida llena de amor y con calidad a su muchachito, desafortunadamente su condición, la imposibilidad de dormir y complicaciones generales, su sufrimiento terminó hace cinco años, dejando una profunda herida en Juana. Sus hijos mayores hicieron sus vidas y sus propias familias, y está con ella Perla Vanessa, por quien se esfuerza cada día en proveerle, junto con su esposo que trabaja en la fabricación de ladrillos.

Luego cuidó de sus padres en sus últimos días, y al fallecer los dos, sintió que se quedó sola, y migró a la ciudad de Chihuahua, donde intenta empezar de nuevo, en un cuartito prestado, donde el único mueble que tiene es una cama, y la ropa la guarda en una maleta que trajo de la sierra y bolsas. Aunque el piso es de tierra, lo mantiene siempre muy barrido y regado; y la ropa la lava hincada en cubetas.

Con su trabajo en casa, a pesar de un severo desgaste de rodillas que la imposibilita a moverse por días; y el esfuerzo de su trabajo en la fabricación de ladrillos. Para Navidad, su ilusión es tener tamales para cenar, y ver una sonrisa en la carita de su hija, estrenando un regalo anhelado.

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Perla Vanessa quiere seguir creyendo en Santoclós, sin importar que ‘sea de pobres’, y con ilusión espera recibir una muñeca Barbie de cabello largo, o un balón de basquetbol o de futbol soccer. La familia requiere cobijas y ropa abrigadora, zapatos del número tres, para la señora Juana y para la niña Perla Vanessa, que son de la misma talla. También requieren despensa, para la alimentación diaria de la familia.

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