/ martes 30 de junio de 2020

El chocoflan o la intolerancia a la lactosa

En el video, la mujer, muy guapa y maquillada impecablemente, vistiendo un traje sastre de fino corte, se presenta ante las cámaras, es Angélica Rivera, ahora exesposa del entonces presidente de México, Enrique Peña, y en inútil intento de explicar el innegable acto de corrupción sobre una residencia con valor de 7 millones de dólares, expresa sus justificaciones. Las excusas no importan, pero sí la actitud que se desprende de su lenguaje corporal: molestia e indignación al tener que dar a la sociedad una explicación sobre cómo llegó a su patrimonio el inmueble relacionado con el empresario de los favores del presidente. En un momento expresa su malestar con las siguientes palabras: -No quiero que esto siga siendo un pretexto para ofender y difamar a mi familia, hoy estoy aquí para defender mi integridad, la de mis hijos, la de mi esposo… yo no puedo permitir que este tema ponga en duda mi honorabilidad-…

Ese escándalo de corrupción fue también el peldaño que llevó a López Obrador a ocupar el primer puesto del Palacio Nacional, y a su esposa Beatriz Gutiérrez Müller y sus hijos a ocupar las letras e imágenes del éter noticioso de México, lo que ha traído un nuevo affaire de la dama en el poder, en turno.

El comediante de YouTube, Chumel Torres, hizo un comentario jocoso respecto al hijo de la pareja de Palacio, aludiendo al cabello del joven, le llamó chocoflan, refiriéndose a un postre común en México que tiene la particularidad de presentarse en dos capas de color café, una oscura y otra clara. En realidad llevar el cabello así es una moda muy común entre los adolescentes de hoy, por lo que no tiene nada de extraordinario que el joven López luzca ese arreglo capilar, como tampoco lo es el apodo que se da a quienes aparentan esa imagen.

Pero parece que ese comentario no fue del gusto de la señora Gutiérrez, quien, al enterarse que el comediante había sido invitado a un evento sobre la discriminación, se refirió a él, en su cuenta de Twitter, en los siguientes términos: “¿A este personaje invitan a un foro sobre discriminación, clasismo y racismo?, sigo esperando un disculpa pública de este individuo sobre los ataques a mi hijo menor de edad”.

Esto ha traído repercusiones fuertes, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación canceló el foro y dos de los miembros de dicho consejo han presentado su renuncia. El propio presidente López mencionó, muy a su estilo, que esa institución no sirve y que debe desaparecer y algunos legisladores, de dudosas luces, están promoviendo legislación que restringiría la libertad de expresión.

Aplicable a lo relatado, es el caso del que fuera presidente de Argentina, Carlos Menem, quien demandó una fuerte indemnización a la revista “La Nación”, por haber publicado un reportaje sobre un evento social y su presunta paternidad sobre un hijo habido fuera del matrimonio. El juicio llegó hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que decidió que el ejercicio del periodismo es uno de los instrumentos que permiten la libertad de expresión y que quien ejerce un cargo público tiene un umbral más débil de protección, en cuanto a su intimidad y honra, pues desde el momento en que decide dedicarse a la actividad que le hace ser una figura pública, sus acciones diarias salen del dominio de la esfera privada y se presentan para ser objeto de debate social, situación que se observa no por la calidad de la persona, sino por el interés público que representa las actividades que desarrolla; así el umbral de protección a la intimidad se reduce en aras del interés social que se presenta en la necesidad de que los ciudadanos conozcan la actividad de quienes ejercen la función pública.

La señora Gutiérrez, como esposa del presidente, no está exenta de ese escrutinio y las decisiones que ella toma implican a su hijo que, al ser menor de edad, no puede decidir por sí mismo; por consecuencia, la exhibición pública de la imagen de la familia presidencial está sujeta a la crítica por un principio elemental de libertad de expresión.

La sátira política no es nueva, existe desde que la sociedad se organiza bajo un gobierno, Aristófanes en Grecia la practicaba, 200 años antes de nuestra era Plauto en Roma se burlaba del ejército con su miles gloriosus y en épocas más reciente Héctor Lechuga y Sergio Corona montaron la obra “Adiós guayabera mía”. Este tipo de entretenimiento se da a través de múltiples medios, los caricaturistas, desde hace mucho ridiculizan las figuras públicas, el teatro o la televisión y en este siglo internet es el medio ideal para difundir esta crítica.

No es la primera vez, ni será la última en la que un hijo de un presidente sea blanco de burlas, sucedió con la hija de Peña Nieto, pero la cosa no pasó a mayores porque las mofas se dejaron en el aire, pero la señora Gutiérrez revivió lo dicho por Chumel Torres y trascendió para daño de muchos.

Estoy seguro que buena parte de los lectores recuerdan aquella escena de la mujer que cubre su vestido con un delantal y luce su cabello con tubos para peinar que, en el patio de la vecindad, dice a su hijo: -Vámonos tesoro, no te juntes con esta chusma. El hijo obediente se retira, no sin antes decirle a sus compañeros de juego: chusma, chusma.

Cada vez me convenzo más que, lo que antes fue, hoy también lo es.


En el video, la mujer, muy guapa y maquillada impecablemente, vistiendo un traje sastre de fino corte, se presenta ante las cámaras, es Angélica Rivera, ahora exesposa del entonces presidente de México, Enrique Peña, y en inútil intento de explicar el innegable acto de corrupción sobre una residencia con valor de 7 millones de dólares, expresa sus justificaciones. Las excusas no importan, pero sí la actitud que se desprende de su lenguaje corporal: molestia e indignación al tener que dar a la sociedad una explicación sobre cómo llegó a su patrimonio el inmueble relacionado con el empresario de los favores del presidente. En un momento expresa su malestar con las siguientes palabras: -No quiero que esto siga siendo un pretexto para ofender y difamar a mi familia, hoy estoy aquí para defender mi integridad, la de mis hijos, la de mi esposo… yo no puedo permitir que este tema ponga en duda mi honorabilidad-…

Ese escándalo de corrupción fue también el peldaño que llevó a López Obrador a ocupar el primer puesto del Palacio Nacional, y a su esposa Beatriz Gutiérrez Müller y sus hijos a ocupar las letras e imágenes del éter noticioso de México, lo que ha traído un nuevo affaire de la dama en el poder, en turno.

El comediante de YouTube, Chumel Torres, hizo un comentario jocoso respecto al hijo de la pareja de Palacio, aludiendo al cabello del joven, le llamó chocoflan, refiriéndose a un postre común en México que tiene la particularidad de presentarse en dos capas de color café, una oscura y otra clara. En realidad llevar el cabello así es una moda muy común entre los adolescentes de hoy, por lo que no tiene nada de extraordinario que el joven López luzca ese arreglo capilar, como tampoco lo es el apodo que se da a quienes aparentan esa imagen.

Pero parece que ese comentario no fue del gusto de la señora Gutiérrez, quien, al enterarse que el comediante había sido invitado a un evento sobre la discriminación, se refirió a él, en su cuenta de Twitter, en los siguientes términos: “¿A este personaje invitan a un foro sobre discriminación, clasismo y racismo?, sigo esperando un disculpa pública de este individuo sobre los ataques a mi hijo menor de edad”.

Esto ha traído repercusiones fuertes, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación canceló el foro y dos de los miembros de dicho consejo han presentado su renuncia. El propio presidente López mencionó, muy a su estilo, que esa institución no sirve y que debe desaparecer y algunos legisladores, de dudosas luces, están promoviendo legislación que restringiría la libertad de expresión.

Aplicable a lo relatado, es el caso del que fuera presidente de Argentina, Carlos Menem, quien demandó una fuerte indemnización a la revista “La Nación”, por haber publicado un reportaje sobre un evento social y su presunta paternidad sobre un hijo habido fuera del matrimonio. El juicio llegó hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que decidió que el ejercicio del periodismo es uno de los instrumentos que permiten la libertad de expresión y que quien ejerce un cargo público tiene un umbral más débil de protección, en cuanto a su intimidad y honra, pues desde el momento en que decide dedicarse a la actividad que le hace ser una figura pública, sus acciones diarias salen del dominio de la esfera privada y se presentan para ser objeto de debate social, situación que se observa no por la calidad de la persona, sino por el interés público que representa las actividades que desarrolla; así el umbral de protección a la intimidad se reduce en aras del interés social que se presenta en la necesidad de que los ciudadanos conozcan la actividad de quienes ejercen la función pública.

La señora Gutiérrez, como esposa del presidente, no está exenta de ese escrutinio y las decisiones que ella toma implican a su hijo que, al ser menor de edad, no puede decidir por sí mismo; por consecuencia, la exhibición pública de la imagen de la familia presidencial está sujeta a la crítica por un principio elemental de libertad de expresión.

La sátira política no es nueva, existe desde que la sociedad se organiza bajo un gobierno, Aristófanes en Grecia la practicaba, 200 años antes de nuestra era Plauto en Roma se burlaba del ejército con su miles gloriosus y en épocas más reciente Héctor Lechuga y Sergio Corona montaron la obra “Adiós guayabera mía”. Este tipo de entretenimiento se da a través de múltiples medios, los caricaturistas, desde hace mucho ridiculizan las figuras públicas, el teatro o la televisión y en este siglo internet es el medio ideal para difundir esta crítica.

No es la primera vez, ni será la última en la que un hijo de un presidente sea blanco de burlas, sucedió con la hija de Peña Nieto, pero la cosa no pasó a mayores porque las mofas se dejaron en el aire, pero la señora Gutiérrez revivió lo dicho por Chumel Torres y trascendió para daño de muchos.

Estoy seguro que buena parte de los lectores recuerdan aquella escena de la mujer que cubre su vestido con un delantal y luce su cabello con tubos para peinar que, en el patio de la vecindad, dice a su hijo: -Vámonos tesoro, no te juntes con esta chusma. El hijo obediente se retira, no sin antes decirle a sus compañeros de juego: chusma, chusma.

Cada vez me convenzo más que, lo que antes fue, hoy también lo es.


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