/ sábado 22 de junio de 2019

¿Todavía partidos o meras etiquetas…?

Me compartieron una grabación, donde un político de toda la vida afirma: “Me preguntan si yo doy por descartado sumarme a otra fuerza política... tengo grandes amigos en Morena… no doy por descartado abanderar otros colores… porque los tiempos políticos modernos así son”. Así que, mi estimado lector, intente adivinar a qué partido político pertenece todavía este moderno saltimbanqui, al PRI, al PRD, al PT, MC, ¿o acaso al Verde?

Cuando estudiamos la política y los políticos, especialmente durante la antigüedad, y les decimos a los milenials y xelenials que era la actividad más admirada por los intelectuales de aquellos tiempos, no nos sorprenda si como respuesta obtenemos una carcajada, porque actualmente gracias a las películas y a los best sellers la política y los políticos resultan casi primos hermanos de la basura humana.

Y hablar de virtud política en dicho contexto parecería pérdida de tiempo, pero es precisamente la gran falta de oficio y virtud política la que nos está complicando en exceso la transición del siglo XX al siglo XXI. Sí, la falta de seriedad, capacidad liderazgo y experiencia tanto de mujeres como de hombres que realmente comprendan y sepan administrar el poder.

Esta semana el Dr. Narro no sólo se bajó de la contienda donde competía por la presidencia nacional del PRI, también renunció a dicho instituto después de décadas de militancia. Lo hizo, en una forma y con un estilo nada priista, sin fingidas de demencia, declarando que ya los órganos del partido sabían quién será el ganador y por lo tanto no se iba prestar a una simulación.

Hubo quienes ingenuamente imaginaron que el PRI había aprendido la lección, después de permanecer dos sexenios fuera de la Presidencia de la República, pero no, no sólo no aprendió, sino que llevó al poder presidencial un grupo de juniors encabezados, no dirigidos por EPN, que, entre otros crímenes políticos, pospusieron desde 2013 un impostergable proceso de despetrolizar la economía mexicana, ahogándonos en deudas, para suplir los ingresos del petróleo.

Mientras en el PAN empezó la decadencia política local y el desorden populista, cuando cualquier militante independientemente de su capacidad, experiencia o liderazgo buscó una candidatura de diputado, senador o presidente municipal, a partir de Víctor Garay, a finales de los años noventa; y empezaron los micropactos entre micropandillas. Tiempos en que las administraciones azules empezaron a perder las cualidades que atrajeron a un nutrido grupo de chihuahuenses, que se comprometió en la defensa de la democracia en la década de los ochenta. Y como despedida, el grillo saltarín es para mi sorpresa azul, el diputado Latorre.

Me compartieron una grabación, donde un político de toda la vida afirma: “Me preguntan si yo doy por descartado sumarme a otra fuerza política... tengo grandes amigos en Morena… no doy por descartado abanderar otros colores… porque los tiempos políticos modernos así son”. Así que, mi estimado lector, intente adivinar a qué partido político pertenece todavía este moderno saltimbanqui, al PRI, al PRD, al PT, MC, ¿o acaso al Verde?

Cuando estudiamos la política y los políticos, especialmente durante la antigüedad, y les decimos a los milenials y xelenials que era la actividad más admirada por los intelectuales de aquellos tiempos, no nos sorprenda si como respuesta obtenemos una carcajada, porque actualmente gracias a las películas y a los best sellers la política y los políticos resultan casi primos hermanos de la basura humana.

Y hablar de virtud política en dicho contexto parecería pérdida de tiempo, pero es precisamente la gran falta de oficio y virtud política la que nos está complicando en exceso la transición del siglo XX al siglo XXI. Sí, la falta de seriedad, capacidad liderazgo y experiencia tanto de mujeres como de hombres que realmente comprendan y sepan administrar el poder.

Esta semana el Dr. Narro no sólo se bajó de la contienda donde competía por la presidencia nacional del PRI, también renunció a dicho instituto después de décadas de militancia. Lo hizo, en una forma y con un estilo nada priista, sin fingidas de demencia, declarando que ya los órganos del partido sabían quién será el ganador y por lo tanto no se iba prestar a una simulación.

Hubo quienes ingenuamente imaginaron que el PRI había aprendido la lección, después de permanecer dos sexenios fuera de la Presidencia de la República, pero no, no sólo no aprendió, sino que llevó al poder presidencial un grupo de juniors encabezados, no dirigidos por EPN, que, entre otros crímenes políticos, pospusieron desde 2013 un impostergable proceso de despetrolizar la economía mexicana, ahogándonos en deudas, para suplir los ingresos del petróleo.

Mientras en el PAN empezó la decadencia política local y el desorden populista, cuando cualquier militante independientemente de su capacidad, experiencia o liderazgo buscó una candidatura de diputado, senador o presidente municipal, a partir de Víctor Garay, a finales de los años noventa; y empezaron los micropactos entre micropandillas. Tiempos en que las administraciones azules empezaron a perder las cualidades que atrajeron a un nutrido grupo de chihuahuenses, que se comprometió en la defensa de la democracia en la década de los ochenta. Y como despedida, el grillo saltarín es para mi sorpresa azul, el diputado Latorre.

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