/ sábado 10 de noviembre de 2018

El hábito no hace al monje

Y el puesto no hace al funcionario público o al directivo. En la realidad hay que hacer el puesto, “se hace camino al andar”.


Con refranes populares podemos aterrizar las estrategias de negocios, incluyendo a los nuevos funcionarios públicos. Los nombramientos no son, en principio, privilegios: son cargas, responsabiliddes que se asumen ante los miembros de una comunidad, de una población o de una empresa. (Grau y Taracena)


Se les confían a esos puestos asuntos de toda naturaleza que son importantes y deben ser atendidos con la mayor eficacia.


El membrete no califica a la persona, no la viste, tan sólo manifiesta lo que ella hace, siempre de una manera sintética y con frecuencia poco precisa. Sólo quienes trabajan con esas personas saben lo que en realidad tienen en sus manos, lo que en realidad pesan en la organización: pública o privada.


La jerarquía, aunque conlleva privilegios de orden económico y social, supone, sobre todo, mayor responsabilidad global en los gobiernos y en las empresas, porque el impacto de lo que se decide y hace se magnifica.


La jerarquía no hace hombres buenos, deben ser los buenos hombres quienes ocupen los puestos de mayor jerarquía. Hasta aquí llego yo. El resto lo dejo para que lo reflexionen: ¿Cómo estamos posicionados en nuestros negocios? ¿Qué capacidad tienen nuestros gobernantes actuales y por llegar?


Y el puesto no hace al funcionario público o al directivo. En la realidad hay que hacer el puesto, “se hace camino al andar”.


Con refranes populares podemos aterrizar las estrategias de negocios, incluyendo a los nuevos funcionarios públicos. Los nombramientos no son, en principio, privilegios: son cargas, responsabiliddes que se asumen ante los miembros de una comunidad, de una población o de una empresa. (Grau y Taracena)


Se les confían a esos puestos asuntos de toda naturaleza que son importantes y deben ser atendidos con la mayor eficacia.


El membrete no califica a la persona, no la viste, tan sólo manifiesta lo que ella hace, siempre de una manera sintética y con frecuencia poco precisa. Sólo quienes trabajan con esas personas saben lo que en realidad tienen en sus manos, lo que en realidad pesan en la organización: pública o privada.


La jerarquía, aunque conlleva privilegios de orden económico y social, supone, sobre todo, mayor responsabilidad global en los gobiernos y en las empresas, porque el impacto de lo que se decide y hace se magnifica.


La jerarquía no hace hombres buenos, deben ser los buenos hombres quienes ocupen los puestos de mayor jerarquía. Hasta aquí llego yo. El resto lo dejo para que lo reflexionen: ¿Cómo estamos posicionados en nuestros negocios? ¿Qué capacidad tienen nuestros gobernantes actuales y por llegar?


sábado 10 de noviembre de 2018

El hábito no hace al monje

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