/ lunes 20 de marzo de 2023

El panorama que vive la industria

Por: Román Rivas Hong


Estamos a punto de terminar el primer trimestre del 2023 y el mundo sigue enfrentando numerosas complejidades: tensiones geopolíticas, afectaciones en las cadenas de suministro, altas tasas de interés y China dispuesta a todo para afianzarse como la primera economía del mundo. El contexto ha provocado niveles de inflación históricos y tasas de interés que, de acuerdo con algunos analistas, seguirán al alza en los próximos trimestres. Hemos vivido en incertidumbre desde que inició la pandemia en el 2020, y seguramente no saldremos de ella pronto tomando en cuenta el colapso que han sufrido importantes bancos en los Estados Unidos y en Europa, y con ello los directores de empresa deberemos tener muchísima cautela ya que con éste ambiente económico tan volátil, es muy probable que el crecimiento de la economía del país sufra un declive en lo que resta del año. A diferencia del 2020 en donde los riesgos a la salud causados por la pandemia del COVID-19 marcaron muchas de nuestras decisiones, hoy en día la incertidumbre económica está siendo alimentada por la inflación y la volatilidad macroeconómica y con ello, seguiremos experimentando muchas afectaciones en la cadena de suministro. Con todo y lo anterior, y a pesar de la rigidez con la que la federación ha tratado al inversionista extranjero, México ha seguido creciendo y comparte junto con Brasil la décima posición a nivel global en perspectivas de crecimiento de los ingresos de las compañías. Con todo el optimismo que esto pudiera generar, el crecimiento de las empresas a corto y mediano plazo estará determinado por muchos factores y por tanto, las empresas deberán estar siempre evaluando los riesgos, la viabilidad y el crecimiento para los próximos 10 años. A finales del 2023 podríamos ver finalmente la tan anunciada recesión en los Estados Unidos debido al enfriamiento de la economía causado por las altas tasas de interés, y el efecto tendría un impacto inmediato en nuestro país con una baja en remesas, así como menores volúmenes de exportación hacia el vecino país. La volatilidad e incertidumbre podrían incrementarse debido a las tensiones que entre ambos países se han generado debido al incremento de violencia en suelo mexicano, así como a la cuestionada estrategia de combate al narcotráfico y grupos delictivos, y si a esto le sumamos las potenciales controversias al T-MEC tanto en el rubro de energía como a las restricciones a la importación de maíz transgénico, las empresas no la tendrán nada fácil y más que el 2024 es de elecciones presidenciales tanto en México como en los Estados Unidos. Pero… ¿Cómo seguiremos teniendo crecimiento ante tanta complejidad y volatilidad? Sin duda será planeando, y ésto tendrá que ser utilizando el pensamiento colectivo, tanto de los corporativos como de las empresas en lo individual. El crecimiento en éstos momentos está siendo impulsado por la llegada de nuevas inversiones, y muchas de ellas tienen su origen en el “nearshoring” pero el crecimiento sostenido no podrá darse si las empresas no invierten en fortalecer las capacidades tecnológicas, pero, sobre todo, en desarrollar el talento humano. Los conflictos geopolíticos han profundizado la necesidad de reestructurar estrategias y operaciones de muchísimas empresas y las que empiezan a destacarse en resultados lo están haciendo a través del desarrollo de talento, así como en cambios de cultura del trabajo en donde muchas empresas están dando una alta prioridad a su propósito social. Un análisis del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), publicado el año pasado destacó que el “nearshoring” podría generar ingresos de más de cincuenta mil millones de dólares a nuestro país, y esto podría resultar en un efecto multiplicador para muchas industrias, pero ante esto, los líderes de empresa deberemos encabezar una transformación dando empoderamiento y autonomía a la alta gerencia y los mandos medios, ya que el crecimiento generará una “guerra de talento” y con ello, una de las prioridades será ahora el desarrollar habilidades críticas y competencias, así como el diseñar e implementar estructuras organizacionales más efectivas que permitan el crecimiento sostenido de nuestras empresas independientemente de la volatilidad e incertidumbre económica que pudiésemos estar viviendo en los próximos meses.

Por: Román Rivas Hong


Estamos a punto de terminar el primer trimestre del 2023 y el mundo sigue enfrentando numerosas complejidades: tensiones geopolíticas, afectaciones en las cadenas de suministro, altas tasas de interés y China dispuesta a todo para afianzarse como la primera economía del mundo. El contexto ha provocado niveles de inflación históricos y tasas de interés que, de acuerdo con algunos analistas, seguirán al alza en los próximos trimestres. Hemos vivido en incertidumbre desde que inició la pandemia en el 2020, y seguramente no saldremos de ella pronto tomando en cuenta el colapso que han sufrido importantes bancos en los Estados Unidos y en Europa, y con ello los directores de empresa deberemos tener muchísima cautela ya que con éste ambiente económico tan volátil, es muy probable que el crecimiento de la economía del país sufra un declive en lo que resta del año. A diferencia del 2020 en donde los riesgos a la salud causados por la pandemia del COVID-19 marcaron muchas de nuestras decisiones, hoy en día la incertidumbre económica está siendo alimentada por la inflación y la volatilidad macroeconómica y con ello, seguiremos experimentando muchas afectaciones en la cadena de suministro. Con todo y lo anterior, y a pesar de la rigidez con la que la federación ha tratado al inversionista extranjero, México ha seguido creciendo y comparte junto con Brasil la décima posición a nivel global en perspectivas de crecimiento de los ingresos de las compañías. Con todo el optimismo que esto pudiera generar, el crecimiento de las empresas a corto y mediano plazo estará determinado por muchos factores y por tanto, las empresas deberán estar siempre evaluando los riesgos, la viabilidad y el crecimiento para los próximos 10 años. A finales del 2023 podríamos ver finalmente la tan anunciada recesión en los Estados Unidos debido al enfriamiento de la economía causado por las altas tasas de interés, y el efecto tendría un impacto inmediato en nuestro país con una baja en remesas, así como menores volúmenes de exportación hacia el vecino país. La volatilidad e incertidumbre podrían incrementarse debido a las tensiones que entre ambos países se han generado debido al incremento de violencia en suelo mexicano, así como a la cuestionada estrategia de combate al narcotráfico y grupos delictivos, y si a esto le sumamos las potenciales controversias al T-MEC tanto en el rubro de energía como a las restricciones a la importación de maíz transgénico, las empresas no la tendrán nada fácil y más que el 2024 es de elecciones presidenciales tanto en México como en los Estados Unidos. Pero… ¿Cómo seguiremos teniendo crecimiento ante tanta complejidad y volatilidad? Sin duda será planeando, y ésto tendrá que ser utilizando el pensamiento colectivo, tanto de los corporativos como de las empresas en lo individual. El crecimiento en éstos momentos está siendo impulsado por la llegada de nuevas inversiones, y muchas de ellas tienen su origen en el “nearshoring” pero el crecimiento sostenido no podrá darse si las empresas no invierten en fortalecer las capacidades tecnológicas, pero, sobre todo, en desarrollar el talento humano. Los conflictos geopolíticos han profundizado la necesidad de reestructurar estrategias y operaciones de muchísimas empresas y las que empiezan a destacarse en resultados lo están haciendo a través del desarrollo de talento, así como en cambios de cultura del trabajo en donde muchas empresas están dando una alta prioridad a su propósito social. Un análisis del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), publicado el año pasado destacó que el “nearshoring” podría generar ingresos de más de cincuenta mil millones de dólares a nuestro país, y esto podría resultar en un efecto multiplicador para muchas industrias, pero ante esto, los líderes de empresa deberemos encabezar una transformación dando empoderamiento y autonomía a la alta gerencia y los mandos medios, ya que el crecimiento generará una “guerra de talento” y con ello, una de las prioridades será ahora el desarrollar habilidades críticas y competencias, así como el diseñar e implementar estructuras organizacionales más efectivas que permitan el crecimiento sostenido de nuestras empresas independientemente de la volatilidad e incertidumbre económica que pudiésemos estar viviendo en los próximos meses.