/ miércoles 17 de junio de 2020

¿Resiliencia? ¡Saquemos la casta!

Las consecuencias del Covid son evidentes y, lo primero que debemos lamentar, son las muertes registradas a lo largo y ancho del país. Es cierto que los efectos negativos se reflejan en la pérdida de empleo, en la descapitalización de empresas, desde pequeñas, hasta consorcios financieros internacionales.


Esta pandemia pudo hacer añicos negocios familiares, fracturar planes de expansiones comerciales, pero también destrozó proyectos profesionales de abrir despachos, oficinas o, en el mejor de los casos, la cancelación de contratos que estaban por definirse antes de que el virus perforara hasta los más íntimos sueños de las personas.

La suspensión temporal del ciclo escolar, de todos los niveles, el sostener negocios sin ventas ni servicios, tener en la espalda una pesada losa que cada día era más cruel para padres y madres de familia en eso de mantener el hogar sin ingresos, hace que las consecuencias de la pandemia se conviertan en un terrible momento histórico.

¿Cómo convencer a un padre de familia o a una mamá que hace las veces de padre y madre, que esta pandemia le obligó a permanecer en el hogar sin poder salir a buscar el sustento diario? ¿Cómo le decimos a un bebé de 3 meses de nacido, que debe dejar de pedir biberón porque no hay con qué comprar la fórmula de su complemento lácteo?

Nunca nos preparamos para ello porque las pandemias no avisan o, al menos, quienes las conocen no lo advierten con la precisión científica para planear un confinamiento donde el alimento sea el objetivo primordial. Hoy por hoy, tras casi cuatro meses de resguardarnos en casa -o simular, en miles de casos, hacerlo-, hemos llegado a la condición de regresar paulatinamente a las actividades.

Lamentablemente los seres humanos no podemos presumir de ser muy obedientes y cuando nos dicen que nos quedemos en casa, decidimos salir “poquito” o “nomás aquí, a la esquina”; y ahora que nos informaron que el semáforo es naranja y poco a poco tendremos que salir a recomponer nuestra vida, lo primero que hacemos es abrir las puertas de par en par. Nos dijeron poco a poco… y ya estamos buscando cómo correr a la calle.

Y ahí afuera, donde hace más de tres meses dejamos pendiente una clase, una conversación en el café, una comida de negocios, las vacaciones o la firma de un contrato… ahí, en cada espacio que se quedó esperando, vamos a tener que empezar. Cuidado: la culpa no es de nadie, ni de los gobiernos, ni de nosotros… fue una pandemia lo que nos dejó en pausa.

Muchos de esos pendientes pudieron continuar por los medios electrónicos, llamadas telefónicas, videoconferencias o simplemente se pospusieron; pero otros tantos, los más, deberán empezar de cero. Y creo que todos vamos a empezar de cero a partir de ahora. ¿Y sabe qué? Podemos hacerlo.

Esta tierra que amo entrañablemente y que se llama Chihuahua… esta tierra que usted y yo hemos cuidado por ser nuestra casa -y causa- común, no acepta dilaciones ni simulaciones, menos debilidades. Hoy es momento de sacar la casta porque somos resilientes por naturaleza. Los chihuahuenses hemos vencido el desierto y retamos a la montaña y también sembramos la esperanza donde otros se derrotaron antes de empezar.

Nosotros, esos chihuahuenses que encontramos agua donde la sequía mató los sueños, que cosechamos frutos en medio de la nada y que construimos patria en los bosques y las llanuras, somos hombres y mujeres que no se quiebran ante la adversidad y tenemos, donde otros ven fracasos, oportunidades.

Si la resiliencia es la capacidad que tiene una persona o una comunidad de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro, hoy las circunstancias difíciles y hasta traumáticas nos van a permitir desarrollar recursos que ahí estaban, pero quizá no habíamos visto.

El escenario es verdaderamente dramático porque las consecuencias de esta pandemia quebraron a la economía familiar, como quiera que se vea. Pero somos resilientes y es momento de sacar la casta: con calma, dando importancia a lo prioritario, una solución a cada problema a la vez y, sobre todo, adaptarnos con nuevos esquemas. Y si tenemos que empezar ¿qué caso tiene hacerlo desde mañana? Este es el día. Tiene que ser a partir de hoy. Yo sólo escribo cosas comunes.

Las consecuencias del Covid son evidentes y, lo primero que debemos lamentar, son las muertes registradas a lo largo y ancho del país. Es cierto que los efectos negativos se reflejan en la pérdida de empleo, en la descapitalización de empresas, desde pequeñas, hasta consorcios financieros internacionales.


Esta pandemia pudo hacer añicos negocios familiares, fracturar planes de expansiones comerciales, pero también destrozó proyectos profesionales de abrir despachos, oficinas o, en el mejor de los casos, la cancelación de contratos que estaban por definirse antes de que el virus perforara hasta los más íntimos sueños de las personas.

La suspensión temporal del ciclo escolar, de todos los niveles, el sostener negocios sin ventas ni servicios, tener en la espalda una pesada losa que cada día era más cruel para padres y madres de familia en eso de mantener el hogar sin ingresos, hace que las consecuencias de la pandemia se conviertan en un terrible momento histórico.

¿Cómo convencer a un padre de familia o a una mamá que hace las veces de padre y madre, que esta pandemia le obligó a permanecer en el hogar sin poder salir a buscar el sustento diario? ¿Cómo le decimos a un bebé de 3 meses de nacido, que debe dejar de pedir biberón porque no hay con qué comprar la fórmula de su complemento lácteo?

Nunca nos preparamos para ello porque las pandemias no avisan o, al menos, quienes las conocen no lo advierten con la precisión científica para planear un confinamiento donde el alimento sea el objetivo primordial. Hoy por hoy, tras casi cuatro meses de resguardarnos en casa -o simular, en miles de casos, hacerlo-, hemos llegado a la condición de regresar paulatinamente a las actividades.

Lamentablemente los seres humanos no podemos presumir de ser muy obedientes y cuando nos dicen que nos quedemos en casa, decidimos salir “poquito” o “nomás aquí, a la esquina”; y ahora que nos informaron que el semáforo es naranja y poco a poco tendremos que salir a recomponer nuestra vida, lo primero que hacemos es abrir las puertas de par en par. Nos dijeron poco a poco… y ya estamos buscando cómo correr a la calle.

Y ahí afuera, donde hace más de tres meses dejamos pendiente una clase, una conversación en el café, una comida de negocios, las vacaciones o la firma de un contrato… ahí, en cada espacio que se quedó esperando, vamos a tener que empezar. Cuidado: la culpa no es de nadie, ni de los gobiernos, ni de nosotros… fue una pandemia lo que nos dejó en pausa.

Muchos de esos pendientes pudieron continuar por los medios electrónicos, llamadas telefónicas, videoconferencias o simplemente se pospusieron; pero otros tantos, los más, deberán empezar de cero. Y creo que todos vamos a empezar de cero a partir de ahora. ¿Y sabe qué? Podemos hacerlo.

Esta tierra que amo entrañablemente y que se llama Chihuahua… esta tierra que usted y yo hemos cuidado por ser nuestra casa -y causa- común, no acepta dilaciones ni simulaciones, menos debilidades. Hoy es momento de sacar la casta porque somos resilientes por naturaleza. Los chihuahuenses hemos vencido el desierto y retamos a la montaña y también sembramos la esperanza donde otros se derrotaron antes de empezar.

Nosotros, esos chihuahuenses que encontramos agua donde la sequía mató los sueños, que cosechamos frutos en medio de la nada y que construimos patria en los bosques y las llanuras, somos hombres y mujeres que no se quiebran ante la adversidad y tenemos, donde otros ven fracasos, oportunidades.

Si la resiliencia es la capacidad que tiene una persona o una comunidad de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro, hoy las circunstancias difíciles y hasta traumáticas nos van a permitir desarrollar recursos que ahí estaban, pero quizá no habíamos visto.

El escenario es verdaderamente dramático porque las consecuencias de esta pandemia quebraron a la economía familiar, como quiera que se vea. Pero somos resilientes y es momento de sacar la casta: con calma, dando importancia a lo prioritario, una solución a cada problema a la vez y, sobre todo, adaptarnos con nuevos esquemas. Y si tenemos que empezar ¿qué caso tiene hacerlo desde mañana? Este es el día. Tiene que ser a partir de hoy. Yo sólo escribo cosas comunes.

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