/ martes 23 de marzo de 2021

Pequeñas inversiones, grandes impactos

La semana pasada tuve la oportunidad de acudir a un evento donde uno de los participantes habló sobre el tema de una investigación de un premio Nobel de Economía, Michael Kremer, de cómo pequeñas inversiones pueden tener un impacto enorme para aliviar la pobreza. A mediados de los años noventa, el economista llevó a cabo una serie de experimentos para aumentar la tasa de asistencia a las escuelas en Kenia. Fue, seguramente, la primera vez que en el campo de la economía se aplicaron los experimentos para obtener información precisa acerca de un problema y así poder resolverlo.

Esta investigación llamó tanto la atención y sentó las bases de un movimiento de economistas que buscan soluciones innovadoras en ámbitos como la educación, la salud, la pobreza, la inmigración o la crisis climática.

Este investigador economista lleva por más de veinte años dedicado a investigar sobre la pobreza, ¿por qué la pobreza? Porque es un problema humano sumamente importante, muy complejo, pero posible de resolver. Actualmente se hacen muchas acciones a diferentes niveles, desde los gobiernos, hasta las ONG o incluso a nivel individual. La investigación demuestra que pequeñas inversiones pueden tener impactos enormes. Uno de los ejemplos que muestra es el de

la diarrea como una de las principales causas de muerte de los niños en los países en desarrollo y se debe principalmente a la contaminación del agua. Soluciones anteriores consistían en distribuir el tratamiento de una pastilla de cloro para desinfectar el agua, en tiendas y a un precio muy bajo.

Sin embargo, uno de los grandes hallazgos de la economía del comportamiento es que, en salud preventiva, el precio marca una enorme diferencia.

¿Y qué se hizo? Se diseñó junto con una organización, un programa de dispensadores de cloro que se colocaron junto a los manantiales. Se trató de implantar una costumbre en la población donde las mujeres giraban la manivela del dispensador y recibían la dosis adecuada de cloro en sus botes, antes de rellenarlos de agua.

Así logró pasar del 7% de los hogares que desinfectaban el agua al 50%. La misma organización ha expandido el proyecto y millones de personas en África oriental se benefician de él. Lamentablemente, no se dispone de un financiamiento necesario para desarrollarlo en otras regiones. Necesitarían más contribuciones o que los gobiernos empezaran a apoyar este tipo de programas.

El proyecto de los dispensadores de agua es un buen ejemplo de las nuevas formas que se ha desarrollado para estudiar soluciones potenciales que alivien la pobreza, de estos proyectos se derivan otros tantos que basados en experimentos económicos que puedan implementar soluciones para los grandes problemas del mundo.

Se trata de una nueva herramienta dentro de la caja de herramientas de la economía. Resulta muy útil puesto que, entre sus muchas aportaciones, permite obtener una estimación rigurosa de las causas y los efectos. Requiere trabajar estrechamente con diferentes grupos sociales en problemas muy prácticos, para intentar aprender de ellos y entender sus perspectivas y los problemas a los que deben hacer frente.

Esta manera de trabajar también demanda mayores equipos, de ahí que sea importante contar con una infraestructura de investigación frecuente en otros ámbitos de la ciencia. Aquí es donde la ciencia verdaderamente trabaja para resolver problemas de mayor impacto.

email: antonio.rios@tec.mx, miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua.

La semana pasada tuve la oportunidad de acudir a un evento donde uno de los participantes habló sobre el tema de una investigación de un premio Nobel de Economía, Michael Kremer, de cómo pequeñas inversiones pueden tener un impacto enorme para aliviar la pobreza. A mediados de los años noventa, el economista llevó a cabo una serie de experimentos para aumentar la tasa de asistencia a las escuelas en Kenia. Fue, seguramente, la primera vez que en el campo de la economía se aplicaron los experimentos para obtener información precisa acerca de un problema y así poder resolverlo.

Esta investigación llamó tanto la atención y sentó las bases de un movimiento de economistas que buscan soluciones innovadoras en ámbitos como la educación, la salud, la pobreza, la inmigración o la crisis climática.

Este investigador economista lleva por más de veinte años dedicado a investigar sobre la pobreza, ¿por qué la pobreza? Porque es un problema humano sumamente importante, muy complejo, pero posible de resolver. Actualmente se hacen muchas acciones a diferentes niveles, desde los gobiernos, hasta las ONG o incluso a nivel individual. La investigación demuestra que pequeñas inversiones pueden tener impactos enormes. Uno de los ejemplos que muestra es el de

la diarrea como una de las principales causas de muerte de los niños en los países en desarrollo y se debe principalmente a la contaminación del agua. Soluciones anteriores consistían en distribuir el tratamiento de una pastilla de cloro para desinfectar el agua, en tiendas y a un precio muy bajo.

Sin embargo, uno de los grandes hallazgos de la economía del comportamiento es que, en salud preventiva, el precio marca una enorme diferencia.

¿Y qué se hizo? Se diseñó junto con una organización, un programa de dispensadores de cloro que se colocaron junto a los manantiales. Se trató de implantar una costumbre en la población donde las mujeres giraban la manivela del dispensador y recibían la dosis adecuada de cloro en sus botes, antes de rellenarlos de agua.

Así logró pasar del 7% de los hogares que desinfectaban el agua al 50%. La misma organización ha expandido el proyecto y millones de personas en África oriental se benefician de él. Lamentablemente, no se dispone de un financiamiento necesario para desarrollarlo en otras regiones. Necesitarían más contribuciones o que los gobiernos empezaran a apoyar este tipo de programas.

El proyecto de los dispensadores de agua es un buen ejemplo de las nuevas formas que se ha desarrollado para estudiar soluciones potenciales que alivien la pobreza, de estos proyectos se derivan otros tantos que basados en experimentos económicos que puedan implementar soluciones para los grandes problemas del mundo.

Se trata de una nueva herramienta dentro de la caja de herramientas de la economía. Resulta muy útil puesto que, entre sus muchas aportaciones, permite obtener una estimación rigurosa de las causas y los efectos. Requiere trabajar estrechamente con diferentes grupos sociales en problemas muy prácticos, para intentar aprender de ellos y entender sus perspectivas y los problemas a los que deben hacer frente.

Esta manera de trabajar también demanda mayores equipos, de ahí que sea importante contar con una infraestructura de investigación frecuente en otros ámbitos de la ciencia. Aquí es donde la ciencia verdaderamente trabaja para resolver problemas de mayor impacto.

email: antonio.rios@tec.mx, miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua.