/ martes 16 de marzo de 2021

El modelo económico “dona”

En las últimas décadas los países han estado buscando y probando nuevos modelos económicos que signifiquen mejor desarrollo para sus ciudadanos. Considerando el ambiente de la pandemia que ha impactado fuertemente a las regiones, Ámsterdam tomó las decisiones de mover su modelo económico considerando un esquema de “dona” desarrollada en Oxford. Y con esto no solamente rescatar la economía de la ciudad, sino también alinear la estrategia en equilibrio con el planeta.

Probablemente los puntos más importantes de este nuevo esquema es quitar el apego global al crecimiento económico y las leyes de oferta y demanda, utilizando el modelo “dona” como una guía del significado de trabajar juntos países, ciudades y personas para prosperar en equilibrio con el planeta.

Pensando en el modelo “dona” el anillo interior establece el mínimo que necesitamos para llevar una buena vida, considerando los objetivos de desarrollo sustentable de la ONU. Esto es, desde los alimentos y agua, hasta un cierto nivel de vivienda, saneamiento, energía, educación, salud, igualdad, ingresos y participación política. Así, cualquier ciudadano que no logre los estándares mínimos estará viviendo en el hoyo de la dona.

El anillo exterior de la “dona” representa el techo ecológico elaborado por científicos del sistema terrestre. O sea, los límites a través de los cuales la humanidad no debe de ir para evitar dañar el clima, los suelos, los océanos, la capa de ozono, el agua dulce y la abundante biodiversidad.

En el modelo existe una premisa base; el objetivo de la actividad económica debe ser satisfacer las necesidades básicas de todos, pero dentro de los medios del planeta. La “dona” es un instrumento para mostrar lo que esto significa en la práctica.

Uno de los primeros pasos para las ciudades es contar con un “retrato de la ciudad” que muestre dónde no se satisfacen las necesidades básicas y se sobrepasan los límites planetarios. Ahí se puede observar cómo los problemas se entrelazan.

Por ejemplo, en términos del sector construcción, las ciudades deben regular para garantizar que los constructores usen materiales que con la mayor frecuencia sean reciclables y de base biológica, como la madera, pero considerando la responsabilidad del límite de explotación. Obviamente el enfoque de la “dona” no nos da soluciones sino una forma de ver la situación para que no sigamos con las mismas estructuras que solíamos usar.

Hoy en día nos estamos enfrentando y estamos experimentando una serie de eventos e impactos sorpresivos que nos hacen cuestionar y nos permiten alejarnos de la idea de sólo el crecimiento económico para “prosperar”. Necesitamos un cambio de mentalidad para entender que “prosperar” y mejor vida para todos, significa que nuestro bienestar está en equilibrio. Lo sabemos y lo entendemos de una manera practica si pensamos en nuestro cuerpo. Imaginemos el esquema de la “dona” para un sistema llamado cuerpo humano. Los límites los conocemos, desde el punto de vista social, intelectual, emocional y físico. Y sabemos cuándo alguna persona está en el hoyo de la “dona” , como también sabemos cuándo se ha pasado de los límites exteriores. Así, este es el momento en que conectamos la salud corporal con la salud del planeta.

email: antonio.rios@tec.mx, miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua.

En las últimas décadas los países han estado buscando y probando nuevos modelos económicos que signifiquen mejor desarrollo para sus ciudadanos. Considerando el ambiente de la pandemia que ha impactado fuertemente a las regiones, Ámsterdam tomó las decisiones de mover su modelo económico considerando un esquema de “dona” desarrollada en Oxford. Y con esto no solamente rescatar la economía de la ciudad, sino también alinear la estrategia en equilibrio con el planeta.

Probablemente los puntos más importantes de este nuevo esquema es quitar el apego global al crecimiento económico y las leyes de oferta y demanda, utilizando el modelo “dona” como una guía del significado de trabajar juntos países, ciudades y personas para prosperar en equilibrio con el planeta.

Pensando en el modelo “dona” el anillo interior establece el mínimo que necesitamos para llevar una buena vida, considerando los objetivos de desarrollo sustentable de la ONU. Esto es, desde los alimentos y agua, hasta un cierto nivel de vivienda, saneamiento, energía, educación, salud, igualdad, ingresos y participación política. Así, cualquier ciudadano que no logre los estándares mínimos estará viviendo en el hoyo de la dona.

El anillo exterior de la “dona” representa el techo ecológico elaborado por científicos del sistema terrestre. O sea, los límites a través de los cuales la humanidad no debe de ir para evitar dañar el clima, los suelos, los océanos, la capa de ozono, el agua dulce y la abundante biodiversidad.

En el modelo existe una premisa base; el objetivo de la actividad económica debe ser satisfacer las necesidades básicas de todos, pero dentro de los medios del planeta. La “dona” es un instrumento para mostrar lo que esto significa en la práctica.

Uno de los primeros pasos para las ciudades es contar con un “retrato de la ciudad” que muestre dónde no se satisfacen las necesidades básicas y se sobrepasan los límites planetarios. Ahí se puede observar cómo los problemas se entrelazan.

Por ejemplo, en términos del sector construcción, las ciudades deben regular para garantizar que los constructores usen materiales que con la mayor frecuencia sean reciclables y de base biológica, como la madera, pero considerando la responsabilidad del límite de explotación. Obviamente el enfoque de la “dona” no nos da soluciones sino una forma de ver la situación para que no sigamos con las mismas estructuras que solíamos usar.

Hoy en día nos estamos enfrentando y estamos experimentando una serie de eventos e impactos sorpresivos que nos hacen cuestionar y nos permiten alejarnos de la idea de sólo el crecimiento económico para “prosperar”. Necesitamos un cambio de mentalidad para entender que “prosperar” y mejor vida para todos, significa que nuestro bienestar está en equilibrio. Lo sabemos y lo entendemos de una manera practica si pensamos en nuestro cuerpo. Imaginemos el esquema de la “dona” para un sistema llamado cuerpo humano. Los límites los conocemos, desde el punto de vista social, intelectual, emocional y físico. Y sabemos cuándo alguna persona está en el hoyo de la “dona” , como también sabemos cuándo se ha pasado de los límites exteriores. Así, este es el momento en que conectamos la salud corporal con la salud del planeta.

email: antonio.rios@tec.mx, miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua.