/ martes 19 de enero de 2021

El beneficio de “no hacer nada”

Pasaron las fiestas y regresamos a la realidad. Entre los comentarios surgió repetidamente la frase “no hice nada” , la mayoría de las veces con un sentimiento de culpabilidad de haber perdido la oportunidad de ser productivo.

La mayoría de las veces nos da vergüenza decir que dedicamos tiempo a “no hacer nada”. El mundo de hoy nos ha orillado a la rapidez y el llamado utilitarismo considerando el tiempo como dinero. Decimos: “El tiempo es oro”.

Probablemente no entendemos la frase y consideramos que el oro es el dinero y desde jóvenes entramos en una carrera de productividad que pareciera una bola de nieve que poco a poco te va envolviendo y de la cual es difícil de salir. Necesito horas de cien minutos, y días de treinta horas. Nos hemos convertido en esclavos de la productividad.

Qué tal si por un momento, en estos instantes, nos ponemos a pensar fuera de “tiempo”. Recordemos que el tiempo es un concepto que inventamos los humanos para organizar nuestras vidas. Pero ¿verdaderamente estamos logrando “organizar nuestra vida”, en términos de aprovechar nuestra estancia en este mundo? Pensemos por un momento, este momento, ¿qué disfrutamos?, ¿que nos hace felices?, ¿qué hacemos con nuestras vidas? Qué tal si apagáramos el celular por unas horas o nos quedáramos quietos sin enviar ni revisar mensajes, sin leer ni enviar correos.

Diríamos, estamos perdiendo el tiempo. Qué tal si aprovechamos un atardecer observando el cielo de esta hermosa ciudad y después buscamos las estrellas que más nos llamen la atención o vemos pasar a los pájaros que se olvidaron del clima y siguen en nuestro cielo. Qué tal si simplemente nos recostamos y pensamos en “nada”, descansamos unos momentos.

O tal vez reunirnos por algunos minutos o horas con los amigos sólo para reír y convivir. Todo esto parece totalmente contrario a una forma de vida, a una economía basada en “aprovechamiento del tiempo”. Estas actividades mencionadas definitivamente no entran en una lógica de productividad. Y surgen las preguntas cuestionadas una y otra vez: ¿Para qué sirve leer una poesía, escuchar música o contemplar una obra de arte?, ¿para qué sirve un viaje a algún lugar del mundo?, eso no genera recursos, no es productivo, estamos perdiendo el tiempo.

Decimos son actividades no productivas que en condiciones normales no las realizamos porque las consideramos un gasto innecesario, improductivo, desaprovechando así, lo maravilloso que es convivir, contemplar, descansar, conversar, meditar, en fin, actividades valiosas, que en nuestros tiempos son vistas como “pérdida de tiempo” e improductivas. Desconectarse para renunciar a la rapidez y la urgencia es obligatorio para reconquistar la libertad perdida y relacionarse con los demás y con el mundo sin prisas, sin furia, sin ninguna necesidad de precipitarse.

El “no hacer nada” funciona de “recarga” para el cuerpo, el cerebro y el alma, te conectas con tu fuente creativa y con esta conexión vas a ser más productivo porque tendrás un propósito”.

No hacer nada es conectarse con la nada y “la nada es donde habitan todas las posibilidades. Cuando me conecto con la nada, me estoy conectando con mi todo. Ahí es donde está el potencial de las personas”.

Recordemos que el éxito o el disfrutar la vida no es la productividad, no es la velocidad con la que vivimos. Va más con la libertad de disfrutar el mundo en que vivimos.

email: antonio.rios@tec.mx, miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua.


Pasaron las fiestas y regresamos a la realidad. Entre los comentarios surgió repetidamente la frase “no hice nada” , la mayoría de las veces con un sentimiento de culpabilidad de haber perdido la oportunidad de ser productivo.

La mayoría de las veces nos da vergüenza decir que dedicamos tiempo a “no hacer nada”. El mundo de hoy nos ha orillado a la rapidez y el llamado utilitarismo considerando el tiempo como dinero. Decimos: “El tiempo es oro”.

Probablemente no entendemos la frase y consideramos que el oro es el dinero y desde jóvenes entramos en una carrera de productividad que pareciera una bola de nieve que poco a poco te va envolviendo y de la cual es difícil de salir. Necesito horas de cien minutos, y días de treinta horas. Nos hemos convertido en esclavos de la productividad.

Qué tal si por un momento, en estos instantes, nos ponemos a pensar fuera de “tiempo”. Recordemos que el tiempo es un concepto que inventamos los humanos para organizar nuestras vidas. Pero ¿verdaderamente estamos logrando “organizar nuestra vida”, en términos de aprovechar nuestra estancia en este mundo? Pensemos por un momento, este momento, ¿qué disfrutamos?, ¿que nos hace felices?, ¿qué hacemos con nuestras vidas? Qué tal si apagáramos el celular por unas horas o nos quedáramos quietos sin enviar ni revisar mensajes, sin leer ni enviar correos.

Diríamos, estamos perdiendo el tiempo. Qué tal si aprovechamos un atardecer observando el cielo de esta hermosa ciudad y después buscamos las estrellas que más nos llamen la atención o vemos pasar a los pájaros que se olvidaron del clima y siguen en nuestro cielo. Qué tal si simplemente nos recostamos y pensamos en “nada”, descansamos unos momentos.

O tal vez reunirnos por algunos minutos o horas con los amigos sólo para reír y convivir. Todo esto parece totalmente contrario a una forma de vida, a una economía basada en “aprovechamiento del tiempo”. Estas actividades mencionadas definitivamente no entran en una lógica de productividad. Y surgen las preguntas cuestionadas una y otra vez: ¿Para qué sirve leer una poesía, escuchar música o contemplar una obra de arte?, ¿para qué sirve un viaje a algún lugar del mundo?, eso no genera recursos, no es productivo, estamos perdiendo el tiempo.

Decimos son actividades no productivas que en condiciones normales no las realizamos porque las consideramos un gasto innecesario, improductivo, desaprovechando así, lo maravilloso que es convivir, contemplar, descansar, conversar, meditar, en fin, actividades valiosas, que en nuestros tiempos son vistas como “pérdida de tiempo” e improductivas. Desconectarse para renunciar a la rapidez y la urgencia es obligatorio para reconquistar la libertad perdida y relacionarse con los demás y con el mundo sin prisas, sin furia, sin ninguna necesidad de precipitarse.

El “no hacer nada” funciona de “recarga” para el cuerpo, el cerebro y el alma, te conectas con tu fuente creativa y con esta conexión vas a ser más productivo porque tendrás un propósito”.

No hacer nada es conectarse con la nada y “la nada es donde habitan todas las posibilidades. Cuando me conecto con la nada, me estoy conectando con mi todo. Ahí es donde está el potencial de las personas”.

Recordemos que el éxito o el disfrutar la vida no es la productividad, no es la velocidad con la que vivimos. Va más con la libertad de disfrutar el mundo en que vivimos.

email: antonio.rios@tec.mx, miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua.