/ martes 29 de septiembre de 2020

Generación de cristal 

Hemos estado escuchando el término “generación de cristal” como la generación de jóvenes que sólo se queja y no actúa, que todo le incomoda, que es demasiado práctica, acepta patrones diferentes, no normales y le falta visión.

Lo cierto es que nos resistimos a entender que son diferentes, que no son conservadores, ni tradicionalistas, y vemos a miles de jóvenes promoviendo cambios en sus regiones, en lo individual o a través de grupos. Otro tema que surge es que hay situaciones y charlas que evidencian el cambio de generación y existe lo que conocemos ¿es, o no es normal?

El comportamiento y las pláticas entre generaciones dan entrada a inconformidades de lo que está pasando en el mundo y diferencias en puntos de vista. Hay críticas fuertes no sólo en la forma, sino en el fondo. Uno de ellos es el cuestionamiento de la “normalidad”, del actuar según la norma en la comunidad. Debemos entender que, aunque sigamos pensando en que la gran mayoría debe de definir las normas de comportamiento, estamos frente a una generación que rompe con las normas como medida de actuación en la sociedad. A la generación tampoco es que todo le incomode, sino que con la cultura de la normalización de situaciones, charlas y formas de pensar por muchos años, limita y obstaculiza el entendimiento, la aceptación, el cuestionamiento y confrontación en temas como el abuso, la violencia, el aborto, el machismo, el clasismo y algunos otros.

Otro de los puntos comentados de esta generación es que son más débiles emocionalmente porque expresa fácilmente lo que no le satisface, o lo que no le apasiona, cuando en realidad el crecimiento por años ha estado limitado a no llorar, a soportar, a callar, a no sentir, a vivir sin expresar el lado emocional. Definitivamente esto desencadenó el control forzado y la insatisfacción que, hasta hoy, no se reconoce los grandes problemas de salud mental porque “hay que aguantar” y el que no aguanta es débil.

Otra característica es que esta generación vive estresada y con una ansiedad enorme, porque simultáneamente le estamos heredando cambios sociales, económicos, políticos y ambientales, sin explicar y sin el entendimiento de un pensamiento del pasado, intentando limitar su potencial y tratándolos de meter en la misma caja, como si la sociedad fuera la misma del pasado.

El apoyo a esta nueva generación no es opcional, requiere y necesita el entendimiento de que es diferente y que el ambiente es diferente. Esta generación debe trabajar en la educación, en los ámbitos laborales, pero sobre todo en los aspectos emocionales.

Así pues, no es justo hablar de una generación de cristal sin primero reconocer los errores sociales que estamos heredando, principalmente el estigma de confrontadores, de negativos, o de no normales, aspecto de comportamiento diario.

Y no es aceptar la forma de pensar de la generación, es entender su origen, su evolución y apoyar su desarrollo con experiencia y apertura de una nueva era, cuyo ambiente, forma de pensar y comportamientos son diferentes, como lo es también la realidad en la que estamos viviendo. Yo diría que es una “generación diamante”, con un potencial inimaginable que debemos de pulir, para que brille y cuyo valor sea el más grande de la historia de la humanidad, hacia una evolución del ser humano.


email: antonio.rios@tec.mx, miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua.


Hemos estado escuchando el término “generación de cristal” como la generación de jóvenes que sólo se queja y no actúa, que todo le incomoda, que es demasiado práctica, acepta patrones diferentes, no normales y le falta visión.

Lo cierto es que nos resistimos a entender que son diferentes, que no son conservadores, ni tradicionalistas, y vemos a miles de jóvenes promoviendo cambios en sus regiones, en lo individual o a través de grupos. Otro tema que surge es que hay situaciones y charlas que evidencian el cambio de generación y existe lo que conocemos ¿es, o no es normal?

El comportamiento y las pláticas entre generaciones dan entrada a inconformidades de lo que está pasando en el mundo y diferencias en puntos de vista. Hay críticas fuertes no sólo en la forma, sino en el fondo. Uno de ellos es el cuestionamiento de la “normalidad”, del actuar según la norma en la comunidad. Debemos entender que, aunque sigamos pensando en que la gran mayoría debe de definir las normas de comportamiento, estamos frente a una generación que rompe con las normas como medida de actuación en la sociedad. A la generación tampoco es que todo le incomode, sino que con la cultura de la normalización de situaciones, charlas y formas de pensar por muchos años, limita y obstaculiza el entendimiento, la aceptación, el cuestionamiento y confrontación en temas como el abuso, la violencia, el aborto, el machismo, el clasismo y algunos otros.

Otro de los puntos comentados de esta generación es que son más débiles emocionalmente porque expresa fácilmente lo que no le satisface, o lo que no le apasiona, cuando en realidad el crecimiento por años ha estado limitado a no llorar, a soportar, a callar, a no sentir, a vivir sin expresar el lado emocional. Definitivamente esto desencadenó el control forzado y la insatisfacción que, hasta hoy, no se reconoce los grandes problemas de salud mental porque “hay que aguantar” y el que no aguanta es débil.

Otra característica es que esta generación vive estresada y con una ansiedad enorme, porque simultáneamente le estamos heredando cambios sociales, económicos, políticos y ambientales, sin explicar y sin el entendimiento de un pensamiento del pasado, intentando limitar su potencial y tratándolos de meter en la misma caja, como si la sociedad fuera la misma del pasado.

El apoyo a esta nueva generación no es opcional, requiere y necesita el entendimiento de que es diferente y que el ambiente es diferente. Esta generación debe trabajar en la educación, en los ámbitos laborales, pero sobre todo en los aspectos emocionales.

Así pues, no es justo hablar de una generación de cristal sin primero reconocer los errores sociales que estamos heredando, principalmente el estigma de confrontadores, de negativos, o de no normales, aspecto de comportamiento diario.

Y no es aceptar la forma de pensar de la generación, es entender su origen, su evolución y apoyar su desarrollo con experiencia y apertura de una nueva era, cuyo ambiente, forma de pensar y comportamientos son diferentes, como lo es también la realidad en la que estamos viviendo. Yo diría que es una “generación diamante”, con un potencial inimaginable que debemos de pulir, para que brille y cuyo valor sea el más grande de la historia de la humanidad, hacia una evolución del ser humano.


email: antonio.rios@tec.mx, miembro de la Asociación de Editorialistas de Chihuahua.