/ jueves 10 de septiembre de 2020

La 4T, sin rumbo

A principios de agosto el exsecretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Víctor Toledo Manzur, expresaba que el gobierno de la Cuarta Transformación (4T) tenía muchas contradicciones. Como suele suceder, toda organización tiene sus desacuerdos. Pero lo que hace que el tema sea especialmente relevante es la dificultad de aplicar una ideología setentera, digna de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos de América, que ha probado no funcionar, especialmente en sus postulados socialistas o comunistas más radicales, y que hoy se buscan revivir.

Porque entre el deber ser y el ser, la política económica y social divaga entre la utopía solitaria y la multitud de hechos contundentes, y para que haya resultados, sólo las políticas neoliberales parecen ofrecer logros sustentados en cifras, tiempos y recursos que aspiren a sobrevivir en el horizonte de la vida pública. No tarda mucho que quede en “nada” una política sólo con buenas intenciones, porque sin excepción a la regla, nada es gratis, y todo programa oficial, dádiva, préstamo, regalo en dinero o en especie, siempre tendrán un costo para aquél que genera riqueza.

En la mente de una persona, miembro de la 4T, preparada en la ciencia, en la realidad del mundo económico cuya ley afirma que el que “no trabaja, no come”, debe ser motivo de contrariedad comprobar que los planes sexenales son un fracaso, del mismo modo, que para el que ha vivido de un sueldo relativamente seguro en el ambiente académico o gubernamental, ha de sentir cierta extrañeza de que los demás sufran, tanto, el triste letargo de la improductividad por no formar parte del presupuesto. Pero sin distinción y sin resultados, no hay mañanera ni ideología que valga.

Los 100 Puntos del Plan de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) deben cumplirse, aunque sean más una intención que un plan de gobierno. Pero, ¿cómo aplicar planes bajo el supuesto de que hay un barril sin fondo de recursos? ¿Cómo quitarles el dinero a otros secretarios? Es en este punto donde el funcionario busca resultados prácticos y no la intención nebulosa de una política social. Y es cuando se prueba que la transformación que AMLO desea no es para seres imperfectos y que no hay quien la ejecute con la perfección que sólo él es capaz de lograr.

No hay reglas. Todos tienen su propio plan, y no hay razonamiento, educación o ciencia que trascienda las opiniones personales cuando una ideología fallida se resiste a morir. Cumplir la voluntad del jefe como una ley para darle gusto o lograr para él cualquier resultado, aunque sea poco objetivo y de una duración cuestionable, hará que la 4T siga siendo un hermoso ramillete de contradicciones sin rumbo, que con seguridad habrá de terminar en un callejón sin salida, como la extinta Unión Soviética, la agónica Cuba o la triste Venezuela. agusperezr@hotmail.com


A principios de agosto el exsecretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Víctor Toledo Manzur, expresaba que el gobierno de la Cuarta Transformación (4T) tenía muchas contradicciones. Como suele suceder, toda organización tiene sus desacuerdos. Pero lo que hace que el tema sea especialmente relevante es la dificultad de aplicar una ideología setentera, digna de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y los Estados Unidos de América, que ha probado no funcionar, especialmente en sus postulados socialistas o comunistas más radicales, y que hoy se buscan revivir.

Porque entre el deber ser y el ser, la política económica y social divaga entre la utopía solitaria y la multitud de hechos contundentes, y para que haya resultados, sólo las políticas neoliberales parecen ofrecer logros sustentados en cifras, tiempos y recursos que aspiren a sobrevivir en el horizonte de la vida pública. No tarda mucho que quede en “nada” una política sólo con buenas intenciones, porque sin excepción a la regla, nada es gratis, y todo programa oficial, dádiva, préstamo, regalo en dinero o en especie, siempre tendrán un costo para aquél que genera riqueza.

En la mente de una persona, miembro de la 4T, preparada en la ciencia, en la realidad del mundo económico cuya ley afirma que el que “no trabaja, no come”, debe ser motivo de contrariedad comprobar que los planes sexenales son un fracaso, del mismo modo, que para el que ha vivido de un sueldo relativamente seguro en el ambiente académico o gubernamental, ha de sentir cierta extrañeza de que los demás sufran, tanto, el triste letargo de la improductividad por no formar parte del presupuesto. Pero sin distinción y sin resultados, no hay mañanera ni ideología que valga.

Los 100 Puntos del Plan de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) deben cumplirse, aunque sean más una intención que un plan de gobierno. Pero, ¿cómo aplicar planes bajo el supuesto de que hay un barril sin fondo de recursos? ¿Cómo quitarles el dinero a otros secretarios? Es en este punto donde el funcionario busca resultados prácticos y no la intención nebulosa de una política social. Y es cuando se prueba que la transformación que AMLO desea no es para seres imperfectos y que no hay quien la ejecute con la perfección que sólo él es capaz de lograr.

No hay reglas. Todos tienen su propio plan, y no hay razonamiento, educación o ciencia que trascienda las opiniones personales cuando una ideología fallida se resiste a morir. Cumplir la voluntad del jefe como una ley para darle gusto o lograr para él cualquier resultado, aunque sea poco objetivo y de una duración cuestionable, hará que la 4T siga siendo un hermoso ramillete de contradicciones sin rumbo, que con seguridad habrá de terminar en un callejón sin salida, como la extinta Unión Soviética, la agónica Cuba o la triste Venezuela. agusperezr@hotmail.com


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