/ miércoles 12 de agosto de 2020

Me contagié

Una fatiga desoladora me abrazó al grado de paralizarme e impedirme hacer lo que amo: estar activa. Tuve mucho trabajo y le adjudicaba el cansancio a eso. Al principio pensé que con unas noches de sueño profundo me recuperaría, pero no, al contrario, mi cansancio se fue acentuando. Decidí consultar al doctor y me hice análisis de todo, los resultados salieron bien, lo único fue el perfil hormonal, que bajo en sustancias me dijo lo que ya sé.

Me habían recomendado el dióxido de cloro y lo empecé a tomar.

También consulté a mi terapeuta de imanes a ver qué encontraba y ella me dio el diagnóstico positivo del Covid. Me mantuve con calma, pero me preocupó haber estado cerca de mis seres queridos, era un foco de infección y por días no lo supe. Con más ganas me enfoqué en saber en mi caso la dosis del dióxido que necesitaba.

Primer día con dióxido de cloro: malestar, fatiga, un piquete en la cabeza y una tosecita seca muy esporádica. En la madrugada náusea, devolví el estómago una vez.

Segundo día: amanecí mejor y me dispuse a seguir con el dióxido, evitando todo antioxidante, y la mejora fue escalando de una manera admirable, me fui sintiendo tan bien que no lo creía, di gracias a Dios y a aislarme.

Después recurrí a otro diagnóstico por imanes, el cual me confirmó una vez más que el virus se había instalado en mi cuerpo. Pero mis cercanos insistían ¡ve al laboratorio no seas hippie! ¡No puede ser que estés infectada si te sientes tan bien! Y al principio les dije: Yo creo totalmente en este diagnóstico ¿Para que voy? Sólo lo van a confirmar y así fue, después de la insistencia lo hice para que vieran en un papel lo que yo ya sabía.

Luego me empezaron a llegar los deberías o no deberías hacer, pero respiré hondo y me dije: La mejora inmediata me tiene en paz y aunque personas dicen que el dióxido de cloro es peligroso, yo no lo creo, y sé que lo han satanizado por razones conocidas y desconocidas de los intereses de las grandes farmacéuticas, demás negocios y gobiernos.

Hoy domingo cumplo una semana y me siento muy bien, realmente sólo tuve un día malo, no sé dónde me contagié, pero sé que todos estamos en riesgo y que en cualquier momento este virus se cuela.

Es una realidad que la mayor atención para evitar contagio está puesta en el exterior, pero qué me dicen de ese universo interior donde este virus encuentra su medio de multiplicación: Nuestro organismo, esa maquinaria maravillosa que con todos sus componentes está diseñado para combatir estos microorganismos. ¿Cómo nos encontramos cuando el virus llega?

A través de las generaciones el cuerpo ha sido tratado de manera destructiva, la alimentación ha bajado de calidad y aunque todavía encontramos infinidad de alimentos naturales, muchas veces se escoge lo fácil: empaquetados y embotellados. Sin duda nos hace falta volver a la naturaleza y restarle a la industrialización.

Además ahora sabemos mucho más sobre el impacto mental y emocional en el cuerpo, lo que nos pasa no es solo físico, es la suma de la energía que manejamos desde todo lo que nos conforma. Pensamientos, ésos que creemos indefensos y, sin embargo, tienen un poder enorme ¿Qué nos decimos a diario? Sentimientos, los cuales no son ni negativos ni positivos, simplemente son una realidad ¿Pero qué hacemos con ellos cuando se presentan?

Sé que me infecté por el debilitamiento de tres vías: cuerpo, mente y espíritu, estas tres esencias sufrieron de alguna manera, y se dieron los medios para que el virus se desarrollara.

Comparto mi experiencia para que estén atentos a las señales y puedan tomar medidas desde el inicio.

Este encierro y alejamiento de las personas me confirma que hay mucho que hacer y compartir y ya muero de ganas de poner manos a la obra con más ímpetu.



ROBERTA CORTAZAR B.




Una fatiga desoladora me abrazó al grado de paralizarme e impedirme hacer lo que amo: estar activa. Tuve mucho trabajo y le adjudicaba el cansancio a eso. Al principio pensé que con unas noches de sueño profundo me recuperaría, pero no, al contrario, mi cansancio se fue acentuando. Decidí consultar al doctor y me hice análisis de todo, los resultados salieron bien, lo único fue el perfil hormonal, que bajo en sustancias me dijo lo que ya sé.

Me habían recomendado el dióxido de cloro y lo empecé a tomar.

También consulté a mi terapeuta de imanes a ver qué encontraba y ella me dio el diagnóstico positivo del Covid. Me mantuve con calma, pero me preocupó haber estado cerca de mis seres queridos, era un foco de infección y por días no lo supe. Con más ganas me enfoqué en saber en mi caso la dosis del dióxido que necesitaba.

Primer día con dióxido de cloro: malestar, fatiga, un piquete en la cabeza y una tosecita seca muy esporádica. En la madrugada náusea, devolví el estómago una vez.

Segundo día: amanecí mejor y me dispuse a seguir con el dióxido, evitando todo antioxidante, y la mejora fue escalando de una manera admirable, me fui sintiendo tan bien que no lo creía, di gracias a Dios y a aislarme.

Después recurrí a otro diagnóstico por imanes, el cual me confirmó una vez más que el virus se había instalado en mi cuerpo. Pero mis cercanos insistían ¡ve al laboratorio no seas hippie! ¡No puede ser que estés infectada si te sientes tan bien! Y al principio les dije: Yo creo totalmente en este diagnóstico ¿Para que voy? Sólo lo van a confirmar y así fue, después de la insistencia lo hice para que vieran en un papel lo que yo ya sabía.

Luego me empezaron a llegar los deberías o no deberías hacer, pero respiré hondo y me dije: La mejora inmediata me tiene en paz y aunque personas dicen que el dióxido de cloro es peligroso, yo no lo creo, y sé que lo han satanizado por razones conocidas y desconocidas de los intereses de las grandes farmacéuticas, demás negocios y gobiernos.

Hoy domingo cumplo una semana y me siento muy bien, realmente sólo tuve un día malo, no sé dónde me contagié, pero sé que todos estamos en riesgo y que en cualquier momento este virus se cuela.

Es una realidad que la mayor atención para evitar contagio está puesta en el exterior, pero qué me dicen de ese universo interior donde este virus encuentra su medio de multiplicación: Nuestro organismo, esa maquinaria maravillosa que con todos sus componentes está diseñado para combatir estos microorganismos. ¿Cómo nos encontramos cuando el virus llega?

A través de las generaciones el cuerpo ha sido tratado de manera destructiva, la alimentación ha bajado de calidad y aunque todavía encontramos infinidad de alimentos naturales, muchas veces se escoge lo fácil: empaquetados y embotellados. Sin duda nos hace falta volver a la naturaleza y restarle a la industrialización.

Además ahora sabemos mucho más sobre el impacto mental y emocional en el cuerpo, lo que nos pasa no es solo físico, es la suma de la energía que manejamos desde todo lo que nos conforma. Pensamientos, ésos que creemos indefensos y, sin embargo, tienen un poder enorme ¿Qué nos decimos a diario? Sentimientos, los cuales no son ni negativos ni positivos, simplemente son una realidad ¿Pero qué hacemos con ellos cuando se presentan?

Sé que me infecté por el debilitamiento de tres vías: cuerpo, mente y espíritu, estas tres esencias sufrieron de alguna manera, y se dieron los medios para que el virus se desarrollara.

Comparto mi experiencia para que estén atentos a las señales y puedan tomar medidas desde el inicio.

Este encierro y alejamiento de las personas me confirma que hay mucho que hacer y compartir y ya muero de ganas de poner manos a la obra con más ímpetu.



ROBERTA CORTAZAR B.




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