/ miércoles 19 de agosto de 2020

Una anciana y una niña

El otro día fui con mi nieta, de 11 años, a recoger algo a casa de una amiga, cuando llegamos a la caseta de vigilancia me acordé que no traía identificación y le dije a Julieta: ¡Híjole, no traigo mi licencia! Y ella me contestó: No te preocupes abuela, ésta es la peor vigilancia, en esta colonia dejan entrar sin pedir nada. Llegué a la ventanilla y le dije al guardia que venía a casa de la familia tal. Él se me quedó viendo unos segundos y me dijo: Pásele señora. Cuando nos arrancamos me dice mi nieta: ¡Ya vez abuela! ¡Te dije! Y además el vigilante ha de haber pensado: Una anciana y una niña, qué mal van a hacer. Y yo inmediatamente reaccioné: ¡Cómo que anciana! ¡Qué gacha Julieta, a poco me ves como una anciana! ¡Soy una señora grande, pero no una anciana!

Julieta no hallaba cómo componerle. ¡Abuela es que vi una serie y así le decían a la abuela! ¡Pero claro que tú no estás tan vieja!

El término de anciana me pegó duro, y a la vez entendí una vez más que los niños nos ven viejos, con esa mirada joven alcanzan a ver hasta el más mínimo detalle de deterioro, así como yo en muchas ocasiones me azoré en mi niñez de ver la decadencia de las personas mayores.

¿Pero qué efecto me produjo esta descripción tan drástica? Pues consciente de que el tiempo vuela, y que más vale que haga todo lo que me falta por hacer y disfrutar la vida.

Un año ya no es ese lapso largo de tiempo, se me va como agua, y me pongo a pensar en lo que dije que haría y todavía no hago. ¡Muchas cosas!

Estoy en proponerme ir cosa por cosa, porque cuando junto todo lo que quiero hacer es tanto que me abrumo.

¿No les ha pasado que de repente se ven en un espejo inesperado y casi ni se reconocen? A mí sí me ha sucedido, como que por dentro todavía me late esa chispa de juventud y me siento tan bien que lo que se ve por fuera no me checa. ¡Ja ja ja!

¡Hoy doy las gracias porque a mis 61 años puedo hacer mucho! ¡Y me propongo aprovechar el tiempo!

Cada mañana veo esa luz hermosa que se empieza a colar por la ventana y ahí siento el vigor de otro día, otra oportunidad de hacer, de ver, oír, oler, de saborear, de sentir el clima que se presenta y admirar cada escenario.

Ya tengo mi identificación de adulto mayor y no me da vergüenza, al contrario me siento bendecida, tengo salud, tengo ánimo y muchas ganas de vivir.

El término anciana todavía no me checa, y me valen las sugerencias de ponerme bótox, hacerme cirugía, de recurrir a tratamientos que me quiten manchas, a tatuarme cejas y boca, a hacer ejercicios más extremos para delinearme, a ponerme frenos, etc., estoy en aceptarme en esta etapa como estoy, darme mis zarpazos de tigre para ocasiones especiales y cuidar mi salud ante todo.

Me he propuesto hacer algo cada día que vaya restándole a mi lista de pendientes, y sentir por la noche esa satisfacción de tarea cumplida.

Me ha tocado estar en reuniones de señoras que de lo único que hablan es de que ya están viejas, que ya no pueden, que son suelo fértil para todas las dolencias y enfermedades, y les digo: Oigan, qué buenos mensajes se mandan y sepan que todo eso que están afirmando el universo se los está preparando con mucho esmero.

Hay que decir lo que sí queremos: Quiero salud, quiero energía, quiero amor, quiero felicidad, me siento bien, estoy muy bien, etc., y todo eso se nos dará en la medida que lo creamos y lo apreciemos.

Vigilante: Soy, estoy y vivo enfocándome en lo positivo, en las bendiciones. Gracias, gracias y de nuevo gracias, amo la vida, y si llego a ser anciana que Dios me permita seguir haciendo y disfrutando hasta el inevitable fin en este mundo.


ROBERTA CORTAZAR B.


El otro día fui con mi nieta, de 11 años, a recoger algo a casa de una amiga, cuando llegamos a la caseta de vigilancia me acordé que no traía identificación y le dije a Julieta: ¡Híjole, no traigo mi licencia! Y ella me contestó: No te preocupes abuela, ésta es la peor vigilancia, en esta colonia dejan entrar sin pedir nada. Llegué a la ventanilla y le dije al guardia que venía a casa de la familia tal. Él se me quedó viendo unos segundos y me dijo: Pásele señora. Cuando nos arrancamos me dice mi nieta: ¡Ya vez abuela! ¡Te dije! Y además el vigilante ha de haber pensado: Una anciana y una niña, qué mal van a hacer. Y yo inmediatamente reaccioné: ¡Cómo que anciana! ¡Qué gacha Julieta, a poco me ves como una anciana! ¡Soy una señora grande, pero no una anciana!

Julieta no hallaba cómo componerle. ¡Abuela es que vi una serie y así le decían a la abuela! ¡Pero claro que tú no estás tan vieja!

El término de anciana me pegó duro, y a la vez entendí una vez más que los niños nos ven viejos, con esa mirada joven alcanzan a ver hasta el más mínimo detalle de deterioro, así como yo en muchas ocasiones me azoré en mi niñez de ver la decadencia de las personas mayores.

¿Pero qué efecto me produjo esta descripción tan drástica? Pues consciente de que el tiempo vuela, y que más vale que haga todo lo que me falta por hacer y disfrutar la vida.

Un año ya no es ese lapso largo de tiempo, se me va como agua, y me pongo a pensar en lo que dije que haría y todavía no hago. ¡Muchas cosas!

Estoy en proponerme ir cosa por cosa, porque cuando junto todo lo que quiero hacer es tanto que me abrumo.

¿No les ha pasado que de repente se ven en un espejo inesperado y casi ni se reconocen? A mí sí me ha sucedido, como que por dentro todavía me late esa chispa de juventud y me siento tan bien que lo que se ve por fuera no me checa. ¡Ja ja ja!

¡Hoy doy las gracias porque a mis 61 años puedo hacer mucho! ¡Y me propongo aprovechar el tiempo!

Cada mañana veo esa luz hermosa que se empieza a colar por la ventana y ahí siento el vigor de otro día, otra oportunidad de hacer, de ver, oír, oler, de saborear, de sentir el clima que se presenta y admirar cada escenario.

Ya tengo mi identificación de adulto mayor y no me da vergüenza, al contrario me siento bendecida, tengo salud, tengo ánimo y muchas ganas de vivir.

El término anciana todavía no me checa, y me valen las sugerencias de ponerme bótox, hacerme cirugía, de recurrir a tratamientos que me quiten manchas, a tatuarme cejas y boca, a hacer ejercicios más extremos para delinearme, a ponerme frenos, etc., estoy en aceptarme en esta etapa como estoy, darme mis zarpazos de tigre para ocasiones especiales y cuidar mi salud ante todo.

Me he propuesto hacer algo cada día que vaya restándole a mi lista de pendientes, y sentir por la noche esa satisfacción de tarea cumplida.

Me ha tocado estar en reuniones de señoras que de lo único que hablan es de que ya están viejas, que ya no pueden, que son suelo fértil para todas las dolencias y enfermedades, y les digo: Oigan, qué buenos mensajes se mandan y sepan que todo eso que están afirmando el universo se los está preparando con mucho esmero.

Hay que decir lo que sí queremos: Quiero salud, quiero energía, quiero amor, quiero felicidad, me siento bien, estoy muy bien, etc., y todo eso se nos dará en la medida que lo creamos y lo apreciemos.

Vigilante: Soy, estoy y vivo enfocándome en lo positivo, en las bendiciones. Gracias, gracias y de nuevo gracias, amo la vida, y si llego a ser anciana que Dios me permita seguir haciendo y disfrutando hasta el inevitable fin en este mundo.


ROBERTA CORTAZAR B.


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